sábado, 2 de diciembre de 2006

John Patitucci, Antonio Sánchez, Ed Simon Trio


2 de diciembre, 2006 / 550 asistentes / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Live Jazz Mx, S.A. de C.V. 

Luis Flores 
Hay nombres con una resonancia particular y el de John Patitucci es de ésos. Al escucharlo no podemos evitar pensar en la sonoridad del contrabajo o el bajo eléctrico. Las frecuencias graves son inseparables de su italiano apellido. Si bien su evocación hoy significa hablar de un bajista virtuoso, con el paso de los años el también compositor ha cimentado reputación como uno de los grandes de la historia del jazz contemporáneo. A casi veinte años de su debut discográfico, se ha olvidado de la pirotecnia que lo llevó a la fama para concentrarse en aspectos más profundos de la música y volver a encontrar la belleza que se oculta en lo más sencillo. 
Patitucci ha tocado en diversas ocasiones en nuestro país con distintos proyectos. Esta vez regresó arropado por el piano del venezolano Ed Simon y la batería del mexicano Antonio Sánchez para presentar su grabación más reciente, Line by line, y algo de su repertorio más conocido. 
Un público numeroso y conocedor llenó el Lunario y se entregó con fervor desde la primer nota de un tema improvisado que sirvió como calentamiento para el trío, que de manera gradual fue cimentando estructuras sonoras que iban de lo complejo a lo más simple; contraste que invitaba a la apreciación de las aristas y suaves mutaciones en cada tema. A diferencia de otros músicos que cuando tienen el papel estelar, dejan a sus colegas apenas hacer el papel de comparsas, el oriundo de Brooklyn, Nueva York, asume su papel como un componente más de esta unidad sonora, sin protagonismos inútiles y dando espacio al lucimiento de Simon y Sánchez, quien mostró la extraordinaria técnica y fuerza que le ha permitido destacar al lado de Pat Metheny y Chick Corea, entre otros. Más allá de cualquier arrebato nacionalista, Sánchez, por su toque, rotundez, delicadeza, imaginación rítmica y flexibilidad sonora, es uno de los mejores bateristas contemporáneos, capaz incluso de hacer que la gente desvíe la mirada del mismo Patitucci. Un monstruo, dirían algunos. 
Si bien estos músicos podrían instalarse en la zona de confort del virtuosismo y apantallar a un auditorio distinto dos o tres veces por semana en distintos puntos del planeta, prefirieron —aunque esto suene como un contrasentido— complicarse la vida con un repertorio que tiene distintas exigencias: están las que aparentan sencillez, como las de Carlos Antonio Jobim; otras con influencias abiertamente africanas, propicias para el lucimiento polirrítmico de Antonio Sánchez; estándars como “You’re my everything”; los escritos por integrantes de la banda, como la melodiosa “Abiding unicity” de Ed Simon; una pequeña obra del brasileño Hermeto Pascoal o la sencillo y apabullante gospel “Jesus is on main line”, interpretada por Patittuci en un solo que cortó la respiración. 
Hablar de madurez musical podría parecer arriesgado tratándose de semejantes artistas, pero el término es válido. Patitucci, Sánchez y Simon, a semejanza de los buenos vinos, han reforzado sus virtudes, dejando a un lado lo superfluo para que al final los sentidos aprecien sólo lo más importante: la esencia… la música.
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