sábado, 16 de diciembre de 2006

Ely Guerra


16 de diciembre, 2006 / 1 000 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Héctor Speare Molina 

Fernando Figueroa
Admiradora confesa de Janis Joplin, Tina Turner, Joni Mitchell y P.J. Harvey, la hija del ex futbolista Alberto Guerra muestra en vivo un estilo propio con reminiscencias de esas cuatro vocalistas. Transita por temas de sus producciones Ely Guerra, Pa’ morirse de amor, Lotofire y del álbum doble Sweet & sour, hot y spicy. Oscila del abierto cachondeo en la balada “Tengo frío”, del memorable video donde musita frases de desamor en un río, al heavy metal de “Ángel de amor”, pasando por la denuncia social de “Yo no”, en homenaje a los cientos de mujeres asesinadas en ciudad Juárez. 
Aunque la propuesta de Guerra incluye un alto porcentaje de sensualidad, atizada con provocadores movimientos de cadera, también posee una voz potente, un grupo musical que luce cuando de rockear se trata y, sobre todo, una energía desatada que cimbra al más escéptico. A ratos se cuelga una guitarra y la toca fugazmente, pero en escena lo suyo son el canto y la expresión corporal. 
Desde el fondo del recinto se aprecian decenas de celulares que reproducen y capturan la imagen de la regiomontana, quien deambula entre sus músicos como pantera enjaulada. No viste de manera atrevida, ni mucho menos, pero basta que doble las mangas de la playera y muestre los antebrazos al desnudo para que la gente lo celebre con estruendo. De manera intermitente se escuchan toda clase de piropos, incluyendo el mexicanísimo y sugerente chiflido que remite al elogio de la figura. Ya no es la pelona que apareció en la portada de la revista Time, ni la rubia de cabello estilizado, ni la Rarotonga de espectacular peinado afro; a los treinta y cuatro años luce cabello negro a la príncipe valiente, y a ratos, una boina cual personaje del filme Oliver
La ausencia de sillas y mesas estimula la euforia de los fans, quienes se arremolinan frente al escenario y abarrotan el sitio; perciben a su diva al alcance de la mano, y a muchos de ellos les cumple su sueño dorado cuando se lanza “de avioncito” sobre la multitud. En días posteriores, en la página oficial de la vocalista aparecieron entusiastas mensajes de admiradores que lograron tocarla: “Eres lo máximo, te rocé una manita”, “Eres bien neta”, firmados por hombres y mujeres. 
Entre una canción y otra se define ante los suyos: “Soy una mujer intensa, y no me gustan las noches frías, también soy muy agradecida y por eso valoro que ustedes nos brinden un pedazo de sus vidas”. Se despide con “Ojos claros, labios rosas”. Abandona el escenario, pero ningún espectador sale del recinto. Dos o tres personas comienzan a gritar un tímido “E-ly-E-ly-E-ly” que se transforma en emotivo coro unánime. Regresa sola a cantar “El mar” a cappella y cuatro temas más acompañada de sus cómplices musicales, quienes se hacen llamar Los Elys Guerras. Durante un par de horas aquí todos asumieron el mismo apelativo, incluyendo Emmanuel del Real, de Café Tacvba, quien participó en la producción de Sweet & sour, hot y spicy.
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