viernes, 1 de diciembre de 2006

Chambao


1 de diciembre, 2006 / 840 asistentes / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: Libertad Estrada 

Thelma Gómez Durán 
María del Mar Rodríguez, La Mari, es el corazón y el alma de Chambao, grupo malagueño que esta noche tiene a centenares de oídos rendidos ante uno de los rostros más novedosos del flamenco. 
Si en los años sesenta y setenta, Pata Negra, Kiko Veneno, Camarón de la Isla y otros hermanaron los sonidos del rock con la complicada rítmica de la música gitana andaluza, a principios del siglo XXI los hijos espirituales de esos pioneros han puesto en el caldero varias pizcas de todos los géneros. El resultado es un flamenco con rescoldos o descarados acentos de blues, jazz, heavy metal, rock progresivo, funk, bossa nova, hip-hop y electrónica. De esa evolución han emergido interesantes especimenes: Chambao es uno de ellos. 
En el Lunario, esta mujer derrama energía y sensualidad con un canto lleno del sentimiento presente en el quejío flamenco. Hace un minuto que tomó el micrófono y ya prendió la fiesta en donde ella es la guía. Y cómo no, si se trata de una sobreviviente por partida doble; la primera: Porque de los cuatro miembros fundadores del grupo, La Mari es la única que continúa desde 2001, cuando cuatro amigos decidieron unir sus gustos musicales —flamenco y electrónica— en un proyecto bautizado como Chambao, palabra andaluza con la que se nombra a cualquier vivienda o techo para refugiarse del sol, la lluvia o el viento. La segunda: Hace año y medio comenzó una guerra contra el cáncer de mama; sus aliados fueron la música y la escritura. Durante este periodo, en el que se despojó de su larga cabellera y también del mal, surgieron varias canciones y el libro Enamorá de la vida, aunque a veces duela, cuya autoría comparte con su hermana. Mas si no se conoce el episodio del cáncer, a la malagueña se le ve enamorada de la vida y llena de un ánimo contagioso. No es alta, pero en el escenario su figura reina ante casi una decena de músicos. 
Para quienes supieron de la banda con Flamenco chill (2002), que fue un acoplado de música electrónica, será fácil advertir la evolución del sonido Chambao. Hoy las programaciones no son las protagonistas, sino la voz aflamencada de La Mari, responsable de entrelazar soleá, alegría y tanguillo con jazz, bossa nova y funk, destacando sus versiones a dos joyas: “Volando voy”, de Kiko Veneno y “Rosa María”, donde está la esencia de Camarón de la Isla, a quien la vocalista rinde tributo. 
La música del grupo es contagiosa. ¿Una muestra? Los centenares de cuerpos refugiados en este Chambao y que le entregan a la vocalista de cabeza rapada y delgada figura todo tipo de halagos. Todo cabe en este encuentro: un duelo de cajones peruanos, una muestra de rítmica con palmas, además de una interpretación, más chusca que admirable, de “Allá en el rancho grande”. 
Al final, La Mari imprime su huella en todos y con el coro de una de sus canciones más populares, también lanza una declaración de vida: Pokito a poko, entendiendo / que no vale la pena andar por andar, / que es mejor caminá pa ir creciendo. / Volveré a encontrarme con vosotros / volveré a sonreír en la mañana / volveré con lágrimas en los ojos / mirar al cielo y dar las gracias…
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