miércoles, 1 de noviembre de 2006

Ricardo Arjona: Esto no es una estación


Gira Adentro / 1 al 5, 8 y 9 de noviembre, 2006 / 75 579 asistentes / 
8 funciones / 2 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano
A esta hora, la estación del metro “Arjona” está colmada. En los muros hay graffiti que reza Cholos, Cóndor y Chaparros, y en el andén algunos maltrechos botes de basura certifican la autenticidad de esta escenografía. Las puertas se cierran. El viaje comienza. El último en subir es Ricardo Arjona, que aparece en una banda eléctrica donde camina sin avanzar. ¿Significa que el tiempo se detiene en la estación? Al sobrevenir la oscuridad en la sala, cada quien vive su propia historia. Una pasajera de piernas largas y ropa de diseñador entona con fuerza: ¿Qué es lo que hace un taxista seduciendo a la vida? Lo hace con tal ímpetu que seguramente en la puerta del foro le espera un taxi listo para llevarla a un bar donde deshogará sus penas y despilfarrará el cariño que su pareja ha despreciado. 
Ella no es la única que vive en las canciones de Arjona; es decir, los protagonistas de las letras no sólo existen en el espíritu del compositor, sino que son reales, casi todos ellos abordaron esta noche y es fácil descubrirlos en las butacas. Aquí está el hombre que corea Con la dosis justa de cinismo / preguntas: ¿Qué harías sin mí / si ya no vuelves a verme? / Para ser sincero haría lo mismo. / Sólo que si estoy sin ti, / lo haría sin esconderme. Lo delata el vuelo de su brazo hacia delante; así intenta deshacerse de esa mujer que lo obliga a replegar su auténtico ser. 
Se encuentra también la chica que arrobada clama: Maldita sea la hora / que encontré lo que soñé, / tarde. Entre las sombras se adivina a un individuo solitario, presa de las lágrimas, que se consuela con cada verso: Realmente no estoy tan solo. / Quién te dijo que te fuiste, / si cargaste con el cuerpo, / pero no con el recuerdo / y el recuerdo está conmigo. 
Pero de entre todos los pasajeros, el cantautor tiene una consentida a la que él mismo busca con una cámara de video. Las más jóvenes se emocionan, brincan de sus asientos y piden ser elegidas. En esta ocasión, sin embargo, la juventud no garantiza la atención. El cantautor pasa de largo hasta que encuentra a la señora de las cuatro décadas (que en realidad son cinco, haga números el lector). Cosecha aplausos y un pasajero se desinhibe hasta gritar con voz ronca: “Te amo”. En el paroxismo de feromonas, la mayoría desatiende un tema que no habla de romances ni de utopías políticas, sino de una realidad: el secuestro. Se llama “La nena” y Arjona la interpreta mirando el piso mientras una celda desciende sobre él. 
El recorrido hasta la terminal dura poco más de dos horas. Por supuesto, no en todas las paradas se habla de amor. Hay dos estaciones cuyo logotipo de identidad es el perfil caricaturizado de George W. Bush. Como buen trovador del Metro, Ricardo Arjona se dirige a sus pasajeros con una historia de vida: “Todo empezó una mañana cualquiera en la que mi padre llegó a casa con el primer automóvil de la familia. Era un Opel que arrancó diez o doce veces en toda la vida. Para comprarlo, mi padre se sometió a los designios de la usurera del barrio, quien lo hizo sufrir hasta que otro día cualquiera, mi madre viajó a Nueva York. Trabajó en una factoría el tiempo necesario para pagar aquella deuda del Opel. Así conocí a la primera inmigrante en mi vida: mi madre”. Este vagón tiene pantallas gigantes donde se proyecta el video del presidente estadounidense declarando que el suyo “es un gran país” y enseguida, Arjona ironiza esa actitud con sus versos. 
El viaje termina con “Minutos”. Las puertas de la estación “Arjona” se abren y los pasajeros salen a la realidad, donde se encuentran con una estación del Metro en cuyos muros también se leen graffitis y en los andenes hay botes maltrechos. Ahí van los hombres a su cama, el hombre solitario que carga a su ex novia en la memoria, la mujer dubitativa que no sabe cómo explicarle a su marido que ya encontró el amor, y por supuesto, la señora de las cuatro décadas. En este juego de espejos donde realidad y escenografía se copian, Ricardo Arjona también tiene su reflejo: un trovador anónimo que solicita monedas. 
Y aunque es imposible detener el tiempo, las canciones del guatemalteco se repiten en las vidas de quienes lo escuchan: comienzan de nuevo cada vez que una mujer encuentra al amor de su vida o que un hombre es abandonado. Quizá por eso, él apareció sobre una banda eléctrica donde caminaba sin avanzar. 

La vida es una canción de Arjona 
Si él ha confesado que es un “ladrón de historias”, naturalmente muchos ven en sus canciones un reflejo propio. Aquí tres ejemplos de fanáticos que asistieron al primer concierto. 

Hace una semana me llamo mi ex. Me dijo: “Claudia, todavía te amo”. Me juró que si volvíamos a ser novios, entonces las cosas cambiarían. Dice que no me olvida y para ser honesta, a veces yo también me acuerdo. Lo quise mucho, vivimos una bonita etapa porque además fue mi primer amor. Pero era muy celoso; un día me reclamó por usar una falda. Cuando nos separamos dijimos cosas muy feas, perdimos el respeto de pareja. Por eso me extraña que me hable y me diga: “Te prometo que ya no seré celoso, podrás salir con tus amigas sin que me enoje”. Así me dijo. El problema es que le creo… como dice Arjona: el problema no es que me mienta, el problema es que le creo. 
Claudia Sánchez, 29 años. 

Es probable —¡probable!— que tengan razón quienes critican a Arjona por filosofar con la ligereza de la vida diaria, pero “La nena” es su mejor canción. La instrumentación provoca una sensación de angustia acorde con la letra y la temática del secuestro. “Tarde” también me parece una proeza: hay que escuchar la letra con detenimiento para entender su profundidad. Curiosamente, son las dos canciones que menos aplausos provocaron, pero a los artistas siempre les pasa que sus mejores obras no son las más populares. 
Ángel Oswaldo, 28 años. 

Es un profeta. Te voy a platicar: un día me firmó un disco, creo que fue el segundo, aquel donde venía “Si el norte fuera el sur”. Mientras lo autografiaba, me preguntó cuál era mi canción favorita y yo le dije “Realmente no estoy tan solo”, porque me recordaba a un novio. Él me preguntó: ¿Y qué fue de ese amor? “Se fue, ya no está conmigo”, respondí. El caso es que en el autógrafo, Arjona agregó la frase: “Y que los amores regresen y las canciones continúen”. Pues bien, aquel amor regresó y hoy es mi esposo, mientras que las canciones de Arjona continúan musicalizando mi vida. Es un profeta. 
Alejandra Álvarez, 34 años. 

Programa 
Iluso / Para bien o para mal / Acompáñame a estar solo / Taxista / Realmente no estoy tan solo / Desnuda / ¿Por qué es tan cruel el amor? / La nena / Mojado / Si el norte fuera el sur / Lo poco que queda de mí / Receta / Quesos, cosas, casas / Dime que no / Te conozco / Señora de las cuatro décadas / Cuándo / Tu reputación / Tarde / De vez en mes / Pingüinos en la cama / El problema / Minutos.
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