sábado, 25 de noviembre de 2006

Panda: No soy un rebelde…


25 y 26 de noviembre, 2006 / 18 429 asistentes / 2 funciones / 1:45 hrs. de duración / 
Promotor: Erre Ele Asociados, S.A. de C.V. 

David Cortés
Hace mucho tiempo que el rock dejó de ser el Club de Toby: hombres y mujeres lo siguen por igual. Pero, ¿cuándo abandonó su condición adolescente para ser abrazado por los niños? Una peregrinación en donde abundan los últimos se apresta a tomar el Coloso de Reforma. Abundan los brackets, el acné, el pelo engominado con abundante gel. Hay excitación, gritos, apresuramiento, fumadas furtivas al cigarrillo. 
Llegan acompañados de sus hermanos mayores, otros de la mano de sus padres, quienes —cual si fuera guardería— los encargan con los responsables de recoger los boletos. Escuchan con fastidio las recomendaciones: revisar la batería del celular, no olvidar el punto de encuentro a la salida, traer dinero suficiente. Fogueados en los shows de Tatiana, los menores entran confiados a lo que será su primera experiencia rockera. A falta de una cita para su iniciación sexual, el fin de la inocencia sonora será un concierto de emo-punk y como oficiantes estarán los regiomontanos de Panda. 
Si bien el Auditorio Nacional es propicio a las exclamaciones desaforadas, esta vez los muros parecen debilitarse cuando el cuarteto llega al foro. La gritería supera cualquier expectativa, incluso la del grupo, que esta noche invitó a la Sinfónica Soledad para acompañarlo, aunque no le será sencillo escucharla. La combinación de rock y sección de cuerdas no es nueva, pero sí irreconciliable cuando guitarras, bajo y batería desconocen los matices y tiran hacia arriba. El desconcierto, la ausencia de esas “alfombras” lujosas de cellos y violines asentada en Amantes sunt amentes, la cuarta producción de la banda, preocupa sólo a los mayores de edad que, estupefactos, se preguntan cuál es el secreto que posee este plantígrado rocanrolero para llevar al delirio a sus hijos. Pero con tranquilidad comprueban que más allá de los decibeles, aquí no hay nada sospechoso, indecente, lascivo o irreverente. La rebeldía de sus vástagos debe tener otra causa y no la música de unos muchachos que hasta eso, son recatados en su vestimenta. 
“Esto se llama… ‘Sexo’”, anuncia Pepe, el guitarrista. A falta de claridad en los libros de texto de primaria, Panda se ha dedicado a evangelizar a sus fieles. En sus canciones abundan las menciones al desamor, desprecio, enajenación, posesión. En suma, un catálogo del discurso amoroso del siglo actual en donde nomás no se ve a Satanás, quien —a falta de un público ideal para ser tentado— seguramente anda de paseo en otra parte. Ni siquiera se ha quedado para comprobar el subidón de adrenalina cuando el cantante, colocado en el extremo izquierdo del escenario, anuncia el arribo de la “parte fuerte del show”, y émulo de El Piporro, zapatea con sus tenis Converse. Los temas suben de velocidad, escasean los solos, el todo es aséptico. 
Panda es uno de los estandartes de la generación del happy punk, tendencia cuya singularidad radica en letras emotivas, más que en el entramado sonoro, y desconoce el significado de la aspereza y lo crudo. En una noche en donde una botella de agua se vuelve trofeo para el público, el cuarteto repasa la discografía que les ha hecho acreedores a discos de oro y los llevó de un sello independiente a una trasnacional sin —aseguran— ceder un ápice en su actitud. 
Sin palabra de por medio, el grupo abandona el escenario para hacerse desear varios minutos. Regresa con aliento redoblado, precedido por nubes de humo y descargas de papeles multicolores para anunciar la perennidad de la noche en un DVD que está siendo grabado y solicitar entonces más gritos. Guardan sus éxitos para un largo encore que los pequeños disfrutan hasta el paroxismo. Basta mirar el brillo de sus ojos, escuchar suspiros entrecortados y una que otra declaración amorosa para reconocer que varios asistentes, sin distinción de sexo, están viviendo sus sueños más húmedos. 
El final es impostergable y no importan las tibias demandas del público que, inexperto, desconoce la importancia de proferir un “uleeeeeero” para exigir más a quienes tras bambalinas observan, con satisfacción, su éxito. El humo se dispersa con la misma celeridad de quienes entraron niños y ahora se sienten adultos al abandonar el lugar. Ver a Panda fue un sueño y esta noche, arrullados por “Muñeca” o “Cita en el quirófano” dormirán plácidamente. Hoy el rock bien puede servir para eso. 

El uso exitoso de la independencia 
En la segunda mitad de los noventa se gestó una generación de recambio en el rock hecho en México, pues bandas veteranas como Caifanes, Fobia o La Lupita ya no tenían nada que decir a quienes estaban entrando a la pubertad. 
En 1997, cuatro amigos —Pepe, Riki, Ongi y Cross— estaban aburridos. Se juntaban para tocar sus canciones favoritas y al mismo tiempo empezaron a componer temas propios. Bajo ese impulso nació Panda. 
Los integrantes apenas alcanzaban la mayoría de edad cuando un sello independiente de su natal Monterrey, Movic Records, les ofreció un contrato. Tres años después, el debut del cuarteto apareció con el título de Arroz con leche, pero ante su escasa distribución y la poca atención de la radio y la televisión, pasó desapercibido. 
Lejos de desilusionarse, persistieron y en 2002 La revancha del príncipe charro tuvo mejor acogida. Decidieron reeditar su primera producción, con un DVD como plus. En ese momento su fama fue en ascenso. 
Luego de tocar en distintas ciudades del país, Panda comenzó a trabajar el material de su siguiente álbum, pero poco antes de entrar al estudio de grabación, Ongi desertó y entró Artur, ex compañero de Kross en Super Azfalto. Con esa alineación editaron Para ti con desprecio. En 2005 obtuvieron el premio de Mejor Grupo de Rock en los MTV Video Music Awards Latinoamérica, y se hicieron acreedores a un Disco de Oro por sus elevadas ventas. 
En octubre de 2006, Panda lanzó Amantes Sunt Amentes (Los amantes son desquiciados), donde, afirmó Pepe, “cada track es una situación, es como describir las fallas en el amor”. Escaló rápidamente las listas de popularidad y llevó al cuarteto a ganar los premios a Mejor Grupo de Rock, Mejor Grupo o Dúo, y Artista Revelación en los Premios MTV Latinoamérica. 
Panda ha sorteado no pocos obstáculos para llegar a la cima. Esto llevó a Pepe a hablar en contra de quienes no pagan derecho de piso: “Encuentro incorrecto que bandas nuevas tengan éxito tan rápido. Nosotros, desde siempre, hemos sido músicos que le echamos muchas ganas y logramos algo que no se había visto en mucho tiempo: una apertura del rock en la radio para rockeros independientes.” (D.C.

Programa 
Cuando no es como debiera ser / Atractivo encontramos en lo más repugnante / Estoy más sohloh que ayer pero menos que mañana / Ya no es suficiente lamentar / 3 + 1 / La estrategia perdida / Procedimientos para llegar a un común acuerdo / Claro que no / Narcisista por excelencia / Cita en el quirófano / Los mal aventurados no lloran / Tripulación, armar toboganes / Muñeca / No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación / Quisiera no pensar / Ya no jalaba / Promesas / decepciones / Tus palabras punzocortantes / No te deseo el mal… pero tampoco el bien / ¡Ah, pero cómo vendo cassettes! / Mala suerte / Pathetica / So violento, so macabro / Buen día / Disculpa los malos pensamientos.
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