viernes, 10 de noviembre de 2006

Niacin


10 y 11 de noviembre, 2006 / 2 Funciones / 


2:00 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado 

David Cortés
Tres tipos de público convoca Niacin: neófitos, enterados y devotos. Los primeros, apenas unos cuantos, desconocen todo sobre el trío; los segundos —la mayoría— han escuchado por lo menos un par de los siete discos del grupo; saben que practica jazz fusión, condimentado con rock progresivo y música clásica. Los últimos se delatan por su gesto circunspecto y recitan santo y seña del trío: el paso de Billy Sheehan por Talas, Mr. Big y la banda de David Lee Roth, las cinco ocasiones que ha ganado el premio al mejor bajista de rock otorgado por Guitar Player, y las catorce veces consecutivas que la publicación japonesa Player Magazine lo ha distinguido como el más destacado en su instrumento. Conocen el trabajo del baterista Dennis Chambers con Chick Corea, Steely Dan y Parliament/Funkadelic, entre otros. De John Novello, artífice del órgano Hammond B-3, saben de sus colaboraciones con Donna Summer, Manhattan Transfer, Edgar Winter, Ramsey Lewis, y poseen su discografía en solitario. Son ellos quienes de entrada menos disfrutan del concierto. Mientras los tres músicos, colocados en una misma línea sobre el escenario para evitar predominio alguno, se divierten, los puristas se hacen preguntas. No comprenden el virtuosismo desenfadado de Niacin, les incomodan los escasos solos y cuando éstos aparecen reprochan su brevedad, y también les desconcierta la moderación del trío y las pausas que propicia entre un tema y otro. 
Neófitos y enterados se maravillan con un ejercicio de fusión que atenta contra las perversiones de las cuales ha sido blanco últimamente, al economizar notas y privilegiar diálogos instrumentales en vez de favorecer la pirotecnia y el artificio. Los niacinheads, por su parte, se desconciertan por los guiños a Emerson, Lake and Palmer (“Barbarian at the Gate”), Frank Zappa (“King Kong”), King Crimson (“Red”), la incorporación de ritmos flamencos y toques de Chopin o Debussy. “Eso —parecen decir— es propio de otros estilos y no de la fusión”. El tratamiento de Novello al órgano Hammond les resulta agresivo, épico, grandilocuente y alejado del tono amable instaurado por Jimmy Smith (1928-2005), por ejemplo. 
Sin embargo, los escuchas ortodoxos claudican con el paso de los minutos y el trío termina por unirse a la masa que celebra con cautela porque se encuentra apabullada por lo orgánica que es la obra de Sheehan, Chambers y Novello. Los rostros hieráticos ceden ante los ocasionales chistes del bajista, esbozan sonrisas porque el batería no pierde el ritmo ni al mascar chicle, tensan los músculos cuando el tecladista imprime tanta fuerza en su ejecución que parece capaz de romper el teclado. 
Niacin no sigue al pie de la letra el libro sagrado de la fusión y tras casi dos horas su desacato no es castigado por dedos flamígeros. La retribución a su desempeño se desdobla paulatinamente y el entusiasmo sin cortapisas llega con el encore. Abandonado todo pudor, el público se entrega, reconociendo en los intersticios el esqueleto de “White Room” y saluda de pie a una demostración mesurada, que no contenida, de jazz fusión.
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