domingo, 26 de noviembre de 2006

Kiko Veneno y Los Delinqüentes


26 de noviembre, 2006 / 218 asistentes / Función única / 
3 hrs. de duración / Promotor: Eclectic, S. de R.L. de C.V. 

Mariana Norandi 
Dos conciertos en uno. Eso fue. A pesar de que a estas bandas los separan veinte años, Los Delinqüentes no fueron presentados como teloneros de Kiko Veneno. Ningún grupo asumió protagonismo y ambos dividieron de manera equitativa el tiempo. 
Los Delinqüentes es un dúo fundado en 1998, célebre en tierras ibéricas, aunque en México solamente es conocido en el Tianguis del Chopo. El grupo, acompañado por La Banda del Ratón, irrumpió con la firmeza y seguridad con la que se presenta en su natal Jerez de la Frontera. Desde el principio mostró que no sólo su nombre, tomado de una canción de Kiko Veneno, lo une con él, sino también la continuidad musical. Si Veneno fue pionero en fusionar flamenco con rock, blues, jazz, bosanova y pop, Los Delinqüentes nacieron en el esplendor del flamenco mestizo, tomando lecciones de Amparanoia, Chambao, Ojo de Brujo, Melendi, Las Niñas y Antonio Carmona. Su repertorio no ahonda en el sentimiento dramático andaluz, sino en una juventud que no discrimina lo gitano o flamenco, pero se rebela contra la estigmatización de las drogas, la globalización y el racismo. Interpretaron temas de su corta pero fructífera trayectoria, en particular de su más célebre álbum, El verde rebelde vuelve (2005). Con Veneno cantaron “Chiclana” y conectaron con los espectadores con sus simpáticas letras y ritmo fiestero. 
El ambiente cambió al llegar El Viejo Lobo, por la atención que requiere su poesía y el respeto que impone su trayectoria. Kiko Veneno ya no es aquel extraño personaje de los noventa que conquistaba con canciones sencillas, historias cotidianas y tintes flamencos; hoy es un compositor que sigue atraído por la naturaleza humana, pero en su discreto papel actual le pesa demasiado el mito. 
Ofreció sus clásicos y presentó un nuevo disco, El hombre invisible, que como pocas producciones define el estatus de un artista: no se ve, pero está. Y está en todos los grupos de nuevo flamenco, en diversas generaciones que crecieron con sus canciones en la memoria colectiva y en las referencias de los historiadores de música popular española. Con Julieta Venegas cantó “Lento” y “Lobo López”. Un año atrás compartió escenario con ella en Valencia y una noche antes en el Auditorio Nacional. En varios temas lo acompañó el cantaor José Caraoscura, cuya bravura flamenca aportó fuerza, alegría y profundidad al espectáculo. 
Veneno se comunicó pocas veces con el público. Se le vio centrado en la interpretación y en abrirse un espacio en México, país muy añorado por él. Finalizó con Los Delinqüentes recreando “Volando voy”, de su autoría y que ha pasado a la historia por ser la primera rumba que labró con su voz el más grande de los cantaores: Camarón de la Isla. 
El concierto unió generaciones del nuevo flamenco, constatando que éste, todavía tiene mucho que dar. Los viejos no olvidan, se funden con los nuevos y juntos aportan creatividad a un género que si hace unas décadas parecía destinado al olvido, hoy es fuente de inspiración del rock español.
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