sábado, 4 de noviembre de 2006

Alejandro Filio


4 de noviembre, 2006 / 548 asistentes / Función única / 


2:45 hrs. de duración / Promotor: Maru Bayardo

Georgina Hidalgo
Expresa su sorpresa con una mueca: levanta la ceja y frunce la boca en un puchero besucón. Deja el vaso de refresco y se acomoda en esa silla-trono de metal y cuero negro. No hace falta más utilería para el espectáculo de un buen trovador, dice la tradición de la canción latinoamericana, y él sigue siendo fiel a esa premisa de donde está excluido cualquier recurso que no contribuya a la sencillez. Alejandro Filio no porta mordazas y refiere —en broma y en serio— lo curioso que es el hecho de que “allá arriba” (es decir, en el Auditorio Nacional) se celebre “la noche de otro cantautor”, que hace una poesía de fácil rima, y le dedica “El reino de los cielos” a Ricardo Arjona.
El Lunario, en cambio, se ha convertido en peña ideal para la intimidad y es también espacio para aniversarios: los treinta años de trayectoria del trovador tapatío, los dos de matrimonio con el que comparto mesa, los cinco de aquellos novios de la mesa de enfrente que no dejan de estrujarse emocionados, y los cuarenta de aquél en la parte de atrás.
Filio, cual padre orgulloso, presenta a su “hijo de hijos”: una caja de colección con sus quince álbumes y tres décadas de reflexiones y pasiones en su interior: los duetos con la crema y nata del canto nuevo aparecidos en Secreto a voces, sus participaciones en conciertos de Silvio Rodríguez, León Gieco, Pedro Guerra y Nito Mestre, sus viajes como embajador musical de la trova mexicana, y las palabras y notas que lo han convertido en una figura emblemática de ese género que se mantiene vivo y sano a pesar de no contar con espacios en los medios electrónicos.
Los admiradores —veteranos y recién llegados— aprueban eufóricos semejante regalo, sellan con besos la compra del 1-XV y se entregan al cantante de cabellera crespa, a quien muy pocos conocen como Alejandro Gómez Herrera y que un día de 1984 tomó, como algunos de sus hermanos, el apellido artístico Filio en honor a su madre, Filia Herrera Álvarez.
A su alrededor, el amor lo inunda todo: como en una nube rosa mi vecino de mesa canta al oído de su esposa embarazada, enfrente una pareja se mira fijamente a los ojos, más allá otros se funden en abrazos tiernos y se prodigan besos entre canción y canción.
En el repertorio, sin embargo, hay tiempo para un canto de guerrilla y algún grito neo-zapatista surge de atrás. Los amorosos no se inmutan porque el trovador ya estaba invocando a una mujer hermosa y no dará cuerda a quienes creen que la revolución es un canto que no muere. La política viene al caso cuando el autor de “Con tus ojos” y “Si me dices” solicita que en el mundo haya, más que buenos políticos, buenos hombres, y rinde homenaje a “un hombre de figura”, Ernesto Che Guevara. Los versos, expropiados por todos, resuenan con emoción y hasta brota alguna lágrima.
Casi tres horas han fluido y Alejandro Filio mantiene radiante su sonrisa. Al final, frente a un público dócil como su guitarra, canta a una mujer que le roba la calma. Sus versos se vuelven besos y en los oídos de todos se escuchan frases del hoy, que nos mandan a un ayer en que éramos más inocentes.

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