jueves, 14 de septiembre de 2006

Phoenix


14 de septiembre, 2006 / 1 310 asistentes / Función única / 
1:15 hrs. de duración / Promotor: Carlos McPhail 

Luis Flores 
De Phoenix se sabe que es una banda francesa que canta en inglés y que se codea con grandes celebridades del cine (para empezar, Sofia Coppola y su hermano Roman, de la dinastía por todos conocida); escueta información que forja un vaticinio de miedo. Sin embargo, todos los prejuicios desaparecen al escuchar las primeras notas. 
Las expresiones comunes para describir a una banda desenfadada y con un sonido contundente empiezan a revolotear entre el público: “¡Qué guitarras!... ¡Qué voz!... ¡Qué presencia!... ¡Qué buenas canciones!...”. Y nadie se atreve a refutarlas. Phoenix muestra lo que es hacer un gran concierto sin poses ni otras distracciones tan comunes en este tipo de espectáculos. La música por delante, sin artificios: dos guitarras, bajo, batería, teclados y voz; una dotación simple y terrenal que nos remite al rock puro, sin colorantes artificiales ni trucos innecesarios, sólo el vértigo de la distorsión guitarrera y la solidez de una sección rítmica incansable, coronadas por la voz de Thomas Mars. Con sus canciones, Phoenix derriba el mito de que las grandes agrupaciones de rock sólo surgen de los países angloparlantes. 
El sexteto se atreve a comenzar su show con los temas más conocidos, Long distance call” y “Run run run”, entre otros; actitud que demuestra la disposición a saltar sin la red protectora que muchos grupos tejen con su repertorio más popular y que regularmente dejan para la mitad o el final del concierto. Más aún: rescatan algunas canciones no tan conocidas de sus tres álbumes, con énfasis en el más reciente, It’s never been like that, y a ejecutarlas convincentemente, sin bajar la guardia. 
La voz de Mars es el eje sobre el que giran las nubes generadas por los guitarristas Christian Mazzalai y Laurent Brancowitz, con ecos de My Bloody Valentine y The Boo Radleys, apuntalados por la precisión del bajista Deck d’Arcy y por la descarga del baterista. 
Phoenix podría vivir de su imagen, pero por fortuna ha optado por el camino más arriesgado: el de crear buenas canciones. “Too young”, interpretada en el encore, le abrió las puertas de Hollywood al aparecer en el soundtrack de Lost in translation, de Sofia Coppola, y aunque es de 1999 no ha perdido su vitalidad. A ésta se unen otras de igual calidad: “Everything is everything” y la muy conocida “If I ever feel better”. Vale mencionar que el público las canta a todo pulmón ante la sorpresa de la propia banda, que tal vez no esperaba una respuesta tan delirante de los fans que atiborraron el Lunario. 
Pop luminoso y sin pretensiones en un concierto sin aristas; como una joya para atesorar en la memoria y sacarla cada vez que la depresión se avecine. 
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