sábado, 30 de septiembre de 2006

Pánico


Música electrónica / 30 de septiembre, 2006 / 654 asistentes /
 Función única / 4 hrs. de duración / Promotor: Kimika Management, S.C. 

Georgina Hidalgo
En los amplios escalones del Lunario, esta vez sin mesas ni sillas, los asistentes esperan sentados, mueven los pies ansiosos, hipnotizados por los geométricos diseños que se despliegan en las pantallas. La expectación despide un aroma particular: es adrenalina que no halla cauce y quiere salir en forma de baile, de exclamación eufórica. 
No todos los días se tiene la oportunidad de presenciar “al grupo preferido de Franz Ferdinand”, como han anunciado los patrocinadores, y éste es Pánico, un quinteto chileno-francés con muchos años de vuelo en la escena underground de ambos continentes y que sería suficiente para darle historia propia al grupo, pero la publicidad es biógrafa infame. 
Se pronostica un concierto mix, no sólo porque la larguirucha travestí Semua ronda a los asistentes. Ataviada con un mini vestido rosa mexicano, cinturón dorado y chanclas rojas con lentejuelas plateadas, este ejemplar noctívago arranca más sonrisas que comentarios mordaces a su contoneado paso; prueba viviente de la tolerancia a los “híbridos” que colmarán esta noche el escenario. 
Cuando faltan treinta minutos para que Cenicienta se retire apresurada a casa, Disco Ruido asalta con su “amalgamation style”, mezcla de canciones retro —favoritas de hoy y siempre— y un torrente electrónico que suena como rechinido de uñas en pizarrón. Para despertar a los presentes, comienzan deconstruyendo a AC/DC con una cantante que por su timbre remite a Siouxsie capaz, al mismo tiempo, de gritar y rapear, bien apoyada por un enérgico baterista y un guitarrista ilustrado en la distorsión. “¡¡Yeah yeah, mami!!”, le espetan algunos ardientes a la vocalista, cuyos ojos azules miran desde la sombra de su gorra negra. La jauría pronto posa sus ojos en los vecinos y apaga su sed con algunos brincos, pero no demasiados. Su vigor está reservado. 
Con armonía lo bastante oscuras para evocar a Bauhaus, comienza al fin la noche de los chili-francos. “¡Qué pasa, wey!”, clama Edi Pistolas, vocalista y clon de Robert Smith, mientras una promiscua mezcla de rock-psicodelia-disco-punk-funk pone a saltar a los dos centenares que se han acercado al escenario, atentos a los movimientos del quinteto, que con doce años de tocadas en Europa y hasta en Israel hoy es considerado en Chile como grupo “de culto”. 
Con la misma facilidad que recurre a los vocablos en spanglish, Pánico pone en la licuadora sabores de distintos orígenes para incitar al baile. “Lupita”, de Pérez Prado, con su célebre pregunta-respuesta ¿Qué le pasa a la niña? ¡No sé!, se transforma en un himno funk, perfectamente ligado a los scratches que DJ Squat dedica a los que por todo el Lunario sudan y parecen contagiar a la bajista Carolina Tres Estrellas, chavala francesa cuyos cromosomas contribuyeron a la gestación de la banda en 1992. 
Última paradoja de la madrugada: con “Ice cream” se calientan los últimos escuchas reacios, ésos que llegaron por un mensaje en el celular, sin saber muy bien de qué iba el asunto. Luego sólo hay espacio para el punk punch y para decir “¡Adiós, gracias!”. La publicidad es una mala biógrafa, pero los escoceses saben de whisky y de buen rock. 

Programa 
Kepasó / Transp / Anfeta / Iguana / Ice cream / Lupita / Jesús / Wakachiki / Bate / Hyper / Nuclear. 
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