viernes, 29 de septiembre de 2006

La Barranca


Fluir acústico y eléctrico / 29 de septiembre, 2006 / Función única / 


3:30 hrs. de duración / Promotor: Carlos McPhail 

David Cortés 
Siconauta, con sus canciones de desamor de lento desarrollo y contrastes entre la suavidad y el vigor, abre la tanda. El cuarteto chilango presenta Duele, su primer trabajo, rock con predominio de atmósferas y matices de pop. Es recibido con atención y respeto, pero su oficio y el calor que despiden sus interpretaciones no alcanza a cubrir impacientes murmullos que, sin elevarse, demandan el acto principal. 
El tiempo se detiene un instante cuando La Barranca toma el Lunario por segunda ocasión en menos de un año y el público recibe la sacudida eléctrica de una masa sonora cruda, áspera y violenta que inaugura El fluir total. Los músicos, imantados por la descarga, se agitan y tensan músculos. Sus rostros, perlados por el sudor, permanecen hieráticos, casi inexpresivos, concentrados en su quehacer y sólo al final de cada tema esbozan una sonrisa. Las palabras están ausentes —apenas unos agradecimientos, una breve introducción, un saludo— y la comunicación fluye mediante nuestra sagrada señora: la música. 
La andanada prosigue su devastación. Los sonidos fijan a los asistentes en el espacio ganado a sus congéneres, los someten a sus caprichos y vaivenes. Pero no hay furia que no mengüe y la tensión cede ante el embeleso del set acústico. La transmutación opera en el cuarteto que, instalado al frente del escenario, desnuda sus canciones y las entrega “desenchufadas”. Relajados, crean un aura en donde abundan las miradas de complicidad entre ellos y hacia el público, especialmente porque esta parte del set dista de ser perfecta. José Manuel Aguilera, el guitarrista líder, ataca precipitadamente un verso, Alonso Arreola deja su bajo y pide silencio, sin mucho éxito, para que el marimbol —instrumento africano de percusión con lenguas de acero empleado en la música sonera de Cuba y Veracruz— se escuche, Otaola, el otro guitarrista, olvida momentáneamente acercarse al micrófono para hacer sonar la melódica, José María Arreola en la batería pierde ocasionalmente el tiempo. No hay recriminaciones ni abucheos, las equivocaciones dan pie a la diversión, al desenfado, a la connivencia entre grupo y feligreses. 
La comunión se reafirma con espontáneos gritos de los asistentes: las féminas piropean a músicos, otros demandan su rola preferida, una minoría cuchichea entre sí, la mayoría corea “Karma Police”, de Radiohead, la sorpresa de la noche. La alternancia entre lo acústico y lo eléctrico no tiene fisuras y el paso por la infinidad de estilos —reggae, son, bolero, hard, pop, progresivo— es tejida con un hilo invisible sancionado desde el fondo del escenario por San Miguel Arcángel, grabado por Joel Rendón, quien ha ilustrado un par de portadas de los discos de la banda. 
El encore llega como plegaria con “La fuga de Rubén”, vestida en una melodía de tono dolorido donde las devociones de la agrupación, la fusión entre danzón, rock y son, sirven para homenajear a las sombras y sus habitantes: Oscuridad repetitiva / toda una vida sin descansar… / debajo del puente la quietud, la quietud / en esta orilla delirios danzando. / Al menos, el diablo seguirá, seguirá/ toda la vida, tentando a la suerte. 

Programa 
Pánico: Kepaso / Transp / Anfeta / Iguana / Icecream / Lupita / Jesus / Wakachiki / Bate / Hyper / Nuclear 
La Barranca: Pare de Sufrir / Llueve /Animal En extencion / Orión / Reptil / Dormir Sin Miedo / Hendrix / Alacrán / Tempestad / La Playa / Prisma / Estallido Interno / Los Muertos / Por Donde Pasas / El Fluir / Zafiro / Elixir / Ser Un Destello / La Barranca / La Caída / La Rosa / Día Negro. 
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