martes, 12 de septiembre de 2006

John Scofield Trio


12 y 13 de septiembre, 2006 / 758 asistentes / 2 funciones /
 2:30 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado 

Jesús Quintero 
Ante su versatilidad estilística y la variedad de voces que descubren sus dedos sobre la guitarra, la revista JazzTimes preguntó en la portada de marzo de 2001: “¿Puede el verdadero John Scofield ponerse de pie?” Semejante cuestión es la misma que gravita entre quienes han llenado el Lunario. ¿Cuál guitarrista arribará? ¿El que con distintos aliados toca con acento funk? ¿El más tradicional, mas no laxo, de Works for me? ¿O el que grabó “Acidhead” en 2002 con la pertinente aclaración de que desde julio de 1998 no toma drogas ni alcohol? 
Para enriquecer aún más la jornada, a Scofield lo acompañan el baterista Bill Stewart —con quien ha compartido grabaciones y escenarios durante casi dieciséis años— y el bajista Steve Swallow —veterano con innumerables colaboraciones aquí, allá y en todas partes, y estimulante compañero creativo de Scofield desde que éste era menor de edad. Es decir, existen garantías suficientes para prever que no habrá pirotecnia para asombrar a villamelones, ni paseos por lo predecible. 
A estas alturas, con casi una treintena de álbumes como titular y treinta y seis años bajo los reflectores, Scofield en concierto es semejante a un pintor que reúne en un solo espacio varias obras. En cada tema son diversas las texturas y técnicas —la guitarra suena como harpsicordio, como saxofón tenor—, mas en todos hay un denominador común: la cordialidad; no se confunda tal palabra con la intención de apelar al lado más cursi del público ni de darle a éste frases de fácil digestión; es, más bien, dejar que una especie de felicidad ensimismada —no explosiva y sí constructiva— le otorgue color y peso a cada tema. Sutil, diáfana, ligera mas no light, la música de Scofield es un velo de color que se une a los de Stewart y Swallow para construir imágenes que titilan nerviosas (con cadencias de funk), sosegadas (con ese tono western que lleva saludos a Bill Frisell) o son tan suaves y fluidas que permiten apreciar a un músico que podría, si quisiera, autoproclamarse como el sucesor de Les Paul. 
Si bien se define como “un guitarrista que ama al rock y al jazz”, Scofield sigue sin rendirse a los clichés del primer género, así que no dibuja gestos de gestos de éxtasis al acometer las notas más agudas en su Ibanez AS-200, ni permite que su cuerpo oscile con los trazos del trío. Su atención se centra en todo lo que ocurre en el mástil y a veces levanta la mirada para hallar a la de Swallow, quien con facha de marinero curtido y su sempiterno bajo casi oculto tras el atril, contribuye a repasar y renovar un repertorio que pasea del hard-bop y el rock-soul a la canción de cuna y al be-bop más fragoroso. 
La del trío es una obra que emociona a quien presta oídos y corazón porque está hecha con un ingrediente escaso: originalidad. Durante un examen sobre los músicos a los que admiraba, el guitarrista declaró a la revista Cuadernos de jazz en mayo de 2000: “Es curioso: me obligué a mí mismo a no tocar como ellos [Joe Zawinul, Wayne Shorter, Jaco Pastorius] porque en aquella época todo el mundo quería tocar así. Yo también quería hacerlo, pero no tenía sentido: eran únicos”. Merecida recompensa: Scofield pertenece a ese grupo selecto, y dados sus inagotables estilos, parece no darse cuenta.
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