sábado, 16 de septiembre de 2006

Cristian Castro: Baladista, roquero y bailador


16 de septiembre, 2006 / 7 981 asistentes / Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Zarabanda Producciones S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano
Cristian Castro no es un galán irresistible y lo sabe: “Mi abuela nunca asiste a mis presentaciones porque es fan de Luis Miguel… pero me vale”. Sin embargo, dos mujeres en la primera fila se mantuvieron de pie durante todo el concierto y llenaron sus iPhones con fotografías del cantante en poses que calificaron de “¡Guau!”. Poco antes del final, mientras sonaba “Azul”, ambas brincaron con todas sus fuerzas para alcanzarlo: una de ellas consiguió tocar su pantalón y sucumbió histérica por la emoción. 
Si bien es un baladista obsesionado por “matizar su voz para sacar esa lágrima que conmueve a la gente”, lo primero que hizo en el Auditorio Nacional fue rasgar una guitarra eléctrica con tintes de rock progresivo en alusión obvia al estilo de Adam Jones, su guitarrista favorito e integrante de Tool. Aunque no es un roquero de vida disipada, combinó esta interpretación con un head banging que ruborizaría a más de un devoto del grunge, sobre todo porque tiene cabello corto y lo peina con gel. 
Castro está felizmente casado y es un padre pleno, pero también se define como melancólico irremediable: “Siempre estoy viviendo momentos difíciles. Soy un adicto a la nostalgia”. Esto explica porque después de su arrebato roquero se escuchó en off el poema “No por amor” de Antonio Gala: Al corazón no le importa quién se fue, sino quien vendrá. / Cuando llegaste estaba escrito entre tus ojos el final. Los versos resonaban mientras él avanzaba hacia el proscenio con una gran sonrisa. Parecía que pensaba: “Así ha sido toda mi vida y me gusta”. 
No se puede decir que su cuerpo tenga la noción rítmica de —por citar a un clásico— Adalberto Martínez Resortes, pero mostró suficiente habilidad para, en cuclillas, mover la cadera. La antigua canción infantil “El gallito feliz”, con la que se dio a conocer a los siete años, se convirtió en un reggaeton que habría hecho sudar al propio Resortes. 
El cantante dice que le gusta cambiar de personalidad. Disfruta que la gente especule si es un tipo muy malo o muy bueno: “Esa dualidad la utilizo para hacer mis canciones y para mis pasiones”. Y también para sus conciertos, habría que agregar. 
Por ejemplo, no se ha caracterizado por ser un artista con abiertas manifestaciones ideológicas, pero a mitad de concierto tomó la palabra: “Finalmente qué bueno que ya tenemos nuestras calles limpias”, dijo en clara referencia a que su presentación coincidió con el levantamiento del plantón de simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador sobre Paseo de la Reforma. En su repertorio no hay espacio para la protesta política; por el contrario, está enfocado a “hacer soñar a la gente”. Pero curiosamente, antes de “No podrás” compartió esta declaración: “Ojalá que vuelva el México seguro, vamos a luchar por nuestra seguridad”. El público respondió con el entusiasmo de quien ha encontrado a su líder; si en vez de un concierto, lo hubiera dicho en una asamblea, todos los votos hubieran sido para él y nadie habría impugnado su elección. Enseguida, todos corearon: No podrás olvidar que te amé, / como yo nunca imaginé. 
Cristian Castro procura mantener su vida privada a salvo de la persecución de los medios amarillistas, de modo que fue una sorpresa que en la pantalla gigante apareciera una imagen de su esposa Valeria Liberman y su hija Simone durante la estrofa final de “Cuando me miras así”. Más de una revista del corazón hubiera comprado esa foto en exclusiva, pero él decidió mostrarla gratis a nueve mil personas. En el balcón destinado a la prensa se escucharon maldiciones por haber desperdiciado esa exclusiva; en cambio, el público aprobó la exhibición gratuita: “Es un gran padre y esposo”. Malvado para unos, bondadoso según otros. 
Pero no sólo es negro y blanco, su personalidad tiene matices que van del azul al rojo, de la depresión a la alegría guapachosa. “Lloran las rosas” le provocó un par de lágrimas en la estrofa final: Lágrimas / que ahogan mi corazón. / Lágrimas, / palabras del alma. / Lágrimas, / mi mudo lenguaje de amor. En cambio “Dinamita” lo elevó al éxtasis de bailar en la pista bañada con luz. Además, para reafirmar el carácter de cada canción, el escenario se iluminó con el color correspondiente: las piezas tristes fueron azules; las pasionales, rojas; las esperanzadoras, amarillas. Algunos lo consideraron un romántico irremediable y otros, un alma roquera que pena en el mundo del pop. 
En opinión de aquellas dos mujeres que vivieron de pie el encuentro no hay duda: las fotografías que acumularon demuestran que Cristian Castro provoca enamoramientos sin ser galán, que es un melancólico que baila reggaeton y un baladista que en la espalda tiene un tatuaje de Tool. Gracias a la tecnología de su iPhones, ellas ahora presumen que conocen al verdadero Cristian Castro. 

La vida en el Auditorio Nacional 
Cristian Castro ha madurado. Su primera aparición en el Auditorio Nacional fue en 1998 cuando declaró: “Ya me puedo morir tranquilo, este disco es un testimonio de lo mejor de mí”. Entonces tenía 24 años y su álbum, Lo mejor de mí, había alcanzado Disco de Platino, además de varias nominaciones a los premios Billboard. 
Se presentó por segunda vez en 2003, ya con 29 años y una década de carrera durante la cual había vendido más de seis millones de CDs y obtenido la Antorcha de Plata en el Festival de Viña del Mar. Entonces declaró: “Mi momento actual es de ganas de llegar a la perfección, pero es inútil tratar de serlo. Simplemente quisiera ser mejor cantante”. 
Este 2006 regresó al foro de Reforma. Los números de sus ventas ya subieron a 7.5 millones de álbumes, 29 discos de Platino y 60 de Oro. Días antes del concierto, la prensa de Sudamérica reprodujo una confesión hecha durante su reciente gira: “Es difícil tratar de sorprender a la audiencia. La gente está perdiendo lo armónico, la melodía. Es difícil encontrar una canción sorprendente”. La declaración quizá se entienda mejor a través de “El gallito feliz”. En su primer concierto en el Auditorio Nacional, la adaptó como “una sabrosa cumbia que lo mostró ligero y simpático”, pero para su presentación en 2006 la convirtió en un reggaeton que invitaba al “perreo” desinhibido. 
Lo que no ha cambiado en su vida es la constante persecución de los medios por conocer su vida privada. Primero fue su boda con Gabriela Bo, luego su divorcio y segundas nupcias con Valeria Liberman, y ahora, en 2006, los problemas con su madre, Verónica Castro. En legítima defensa declaró: “Los ataques personales hacia mi vida no quisiera discutirlos porque no se me hacen interesantes. Lo importante es lo que se deja y lo que se hace artísticamente. Me gustaría que me vieran como un cantante y no como una persona que tiene muchas novias o se pinta el pelo”. Otro aspecto que no ha cambiado es el optimismo con que se mira al espejo. Ahora ya no habla de morir joven, pero asegura: “Si yo quisiera, sería más exitoso, pero tal vez no quiero. Es una decisión mía”. 
Es difícil adivinar el ritmo al que adaptará “El gallito feliz” en una cuarta presentación en el recinto de Reforma, mas Cristian Castro da luces sobre el carácter que desea forjar: “Yo me quiero dejar ir ya a la felicidad. Creo que se trata de una decisión y yo decido ser feliz de verdad”. Con buena suerte, quizá para entonces la prensa del corazón lo haya dejado en paz y él se siga mirado firme frente a su espejo. (J.A.Q.

Programa
Introducción / Amor eterno / Sin tu amor / Amarte a ti / Popurrí: Lo mejor de mí - Necesitas amor - Sé mi aire - Si tú me amaras - Amaneciendo en ti - Lo mejor de mí / Lloviendo estrellas / No hace falta / Cuando me miras así / Lloran las rosas / Yo quería / Te buscaría / Amor / Popurrí: Mi vida sin tu amor - Si me ves llorar por ti - Alguna vez - Ángel - Mi vida sin tu amor - Volver a amar - Por amarte / Es mejor así / Te llamé / Popurrí con piano: Mañana - Vuélveme a querer - Nunca vas a olvidarte / Gallito feliz / Dinamita / Popurrí con Guitarra: Agua nueva - Después de ti - No puedo arrancarte de mi / No podrás / Azul / Una canción para ti.
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