jueves, 17 de agosto de 2006

Pablo Milanés: Promesas de amistad


17 de agosto, 2006 /5 969 asistentes / Función única / 1:37 hrs. de duración / 
Promotor: Fundación Mexicana de Reintegración Social, A.C. 

Myriam Ríos 
“Un diálogo entre amigos” fue la promesa de Pablo Milanés al público. Y aquí están, miles de personas listas en el Auditorio Nacional para conectar con el trovador. 
Se ha dicho que los mejores escritores inventan y cuentan sus historias para encontrarse y descubrirse a sí mismos; en ese terreno, la comprensión de sus problemas y obsesiones llega a ser tan honda que también cala con profundidad en aquel que las lee. Este precepto puede aplicarse al compositor cubano, quien no requiere de grandes escenografías ni juegos de luces; le bastan una silla, una guitarra y palabras sencillas para que sus temas toquen los puntos sensibles de su auditorio. Sí, allá atrás están los músicos, pero en realidad se trata de un recital en el que Milanés establece un diálogo con quienes se han alejado por un momento de sus actividades para escucharlo. Ese público le es leal desde que se volvió “santo y seña” en los años setenta, cuando la música de protesta y las letras que hablaban con inteligencia de lo cotidiano representaban lo nuevo, lo contestatario. 
En un ambiente íntimo, a media luz, se suceden las reflexiones sobre el amor y el desamor, las mujeres, el terruño, el recuerdo y el olvido, las glorias pasadas, la nostalgia… Y cómo no va a referirse Milanés a estos asuntos. Nacido en 1943 en una familia humilde de Bayamo, a los nueve años estudió piano y luego pasó por las aulas del Conservatorio Municipal de La Habana, pero eso no era lo suyo. Aprendió entonces a tocar sones, ese género de alegría y nostalgia. Con esa música encontró un alma gemela para su espíritu. Luego su temperamento romántico lo involucró con el filin, movimiento cubano surgido en los años cuarenta que conjuntaba trova y jazz, y versaba particularmente sobre la tristeza, el dolor y la muerte. En los primeros años de los sesenta, Milanés se presentaba en centros nocturnos de La Habana y en 1965 compuso “Mis 22 años”, con el que trascendió su relación con el filin para abordar también a otras facetas de la vida. Hoy, a sus sesenta y tres años, Milanés canta las ausencias, pérdidas y el desamor, pero sin amargura. No olvida ni quiere hacerlo. Para él, recordar permite recuperar el amor. El recuerdo le da la oportunidad de soñar y transformarse. Tal vez por esto se ha divorciado cuatro veces y casado por quinta vez. 
Le gusta tratar cualquier tópico de amor con una forma realista. Prefiere la claridad y no el cliché. En 1990 le dijo a la periodista cubana Élsida González que “las relaciones humanas dentro de la canción y las relaciones amorosas, son la cosa más desvirtuada dentro de la música popular”. Por eso, él las mira de frente y las expresa como son para asimilarlas y disfrutarlas de manera plena. Esta cualidad hace que sus seguidores empiecen a murmurar los versos desde los primeros acordes, adelantándose a su autor. 
El concierto se compone principalmente de temas de Días de gloria (2000) y de su más reciente álbum, Como un campo de maíz (2005); aunque este disco es de hace dos años, sus admiradores mexicanos no lo habían escuchado de viva voz, pues hacía cuatro que no se le veía por aquí. Sonidos emparentados con el jazz, solos de saxofón, flauta y violín flotan en los aires más nuevos y las letras muestran las obsesiones de su autor. En “Como un campo de maíz”, “Yo no sé” y “Mi esperanza”, se percibe a un hombre maduro, capaz de mirar atrás y quien tras percibir que es feliz, reconoce su suerte y tiene el entusiasmo de seguir adelante. Le canta al amor que se fue y al que vendrá. 
Milanés todavía tiene mucho que contar. A la pregunta de un reportero acerca de dónde saca tanto amor, respondió: “Yo vivo de sembrar amor y cosecharlo. Si eres capaz de dar mucho amor, es sobre todo porque necesitas mucho amor, y uno lo da para que lo devuelvan”. Así, comparte temas escritos para sus grandes amores, que al ser adoptados por los escuchas se han convertido en himnos. “Canción de cuna para una niña grande”, dedicada a su hija Liam, y particularmente “Yolanda”, escrita para su segunda mujer, Yolanda Bennet, desatan la respuesta colectiva. Mientras Pablo Milanés musita con inconfundible voz: Te amo, te amo, / eternamente te amo, en la oscuridad del Auditorio resuena un conmovido eco de miles. La promesa de un diálogo entre amigos se convirtió entonces, en un juramento de amor. 

Pablo Milanés opina sobre… 
…su infancia: Las canciones de mi infancia son las de Teresita Vera, Miguelito Cuni y Barbarita Díaz. 
…su abuela: Ella me llevó siempre de la mano a la iglesia donde profesaba. Allí aprendí himnos. Los cantaba y recuerdo aquellos momentos de éxtasis de interpretar cosas, de creer en ellas, en la fe de mi abuela, en lo que me enseñaba. 
…los inicios como solista: Cuando dejé el Cuarteto del Rey, en 1964, tuve una etapa de mucha inseguridad e inestabilidad. Dejé el cuarteto porque el filin’ me llamaba, la composición me llamaba… Dejé de ganar dinero. Me quedé en la calle, pero me complacía hacer mis canciones. 
…la música de moda: No me gustan mucho las cosas de moda, pero sí la música brasileña, norteamericana, folclórica. También el jazz y el barroco sinfónico. La moda y el star system para mí no tienen importancia. Lo importante es que este arte me transmita calidad y espiritualidad. 
…su formación: En la misma medida que me voy formando, me voy nutriendo de muchos géneros y formas de hacer y no discrimino ninguno. No selecciono nada más que calidades, ni géneros ni formas de abordarlas; siento que en definitiva esto es lo que me ha enriquecido. 
…sus influencias: Debo confesar que los autores que más me influyeron en cuanto a gusto y estética fueron los brasileños Chico Buarque, Gilberto Gil, Caetano Veloso, Gal Costa, Maria Betania. 
…“El breve espacio en que no estás”: No creo que se pueda introducir dentro de la canción tradicional amorosa ni tampoco es un tema de contradicciones. Simplemente pienso que es un homenaje distinto a la mujer, quien debe tener cuantos amores sean necesarios para ser feliz. 
…el ánimo para componer: Los momentos más felices para hacer una canción son cuando uno está jodido. Nunca sale la inspiración cuando estoy contento: ahí me da por irme a tomar dos tragos, a comer, a disfrutar. Si estoy triste, me da por agarrar una guitarra y hacer una obra. Nada alegre puede salir de ahí. 
…el divorcio: Cada divorcio es un desgarro; cada vez que me he divorciado, no lo habría querido hacer. Es más: nunca me he divorciado de una persona porque haya dejado de amarla, sino por contradicciones de la convivencia. La crisis de la pareja no viene por el desamor, sino por el contrato. 
…Cuba: Vivimos un momento crítico desde hace muchos años y se cometen muchos errores. Pero también veo lo rescatable, lo que es hermoso y me sostiene aquí. Por eso, sigo pensando que hay que morirse con la Revolución. (M.R.

Programa 
Obertura / Vengo naciendo / Despertar / Cuanto gané, cuanto perdí / Días de gloria / En saco roto / Nostalgias / Si ella me faltara alguna vez / Éxodo / Canción / Mi esperanza / Yo no sé / Como un campo de maíz / La soledad / Comienzo y final de una verde mañana / Mírame bien / Canción de cuna para una niña grande / El amor de mi vida / Años / Yolanda / El breve espacio en que no estás / Para vivir / Gracias a la vida / Yo pisaré las calles nuevamente / Identidad / Yo no te pido.
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