lunes, 14 de agosto de 2006

Orquesta Sinfónica Infantil de México: Espléndidos cimientos



¡Con la música a todas partes! / 14 de agosto, 2006 / 9 134 asistentes / 


Función única / 2:15 hrs. de duración / Promotor: CONACULTA 

Gustavo Emilio Rosales
La presencia inesperada de la danza, la gracia infantil y la complicidad sentimental entre músicos y escuchas son los componentes principales del concierto con el que la Orquesta Sinfónica Infantil de México, dirigida por el maestro Sergio Ramírez Cárdenas, culmina su gira nacional 2006, la novena en su haber. 
El planteamiento del programa elegido para esta ocasión especial, con el que la orquesta celebra su quinto aniversario, despierta interés. Si bien en él se encuentran piezas de gran fama —Huapango, de José Pablo Moncayo (1912-1958), o la Obertura 1812, de Pyotr Ilyich Tchaikovsky (1840-1893), por ejemplo—, capaces de brindar consistencia, también se ha contemplado la inclusión de otras poco conocidas, como Cubanerías, de Luis Pastor; y Agua... pasa por mi casa, de Jorge Córdoba, con letra de Nuria Gómez Benett, compuesta para el festejo. 
Es importante destacar que el tono dominante es de una excitación creciente que no proviene de facilismos musicales, sino que es consecuencia directa del asombro que despierta constatar el talento de los muchachos participantes, de la admiración que merece la voluntad del conjunto por cohesionar su atención en todos los detalles de este compromiso significativo y del reconocimiento general a la estupenda labor de dirección, con la que el maestro Ramírez Cárdenas demuestra haber logrado la consistencia de un trabajo de grupo fincado en la investigación y el desarrollo de las capacidades individuales de sus integrantes. 
Con rapidez, la Orquesta Sinfónica Infantil se convierte en un todo. Tan sólo basta el paso por dos cortes bailables de la suite Estancia, del argentino Alberto Ginastera, para que la agrupación acople sus coordenadas y procedimientos musicales. Su tercera intervención, en la que ofrece la cálida Chacona en Mi menor, de Buxtehude, en el arreglo de Carlos Chávez, perfila por completo la claridad y el temple de su sonido. 
El itinerario acústico articulado por el maestro Ramírez Cárdenas posee una cualidad tersa y una dirección ascendente. Antes de alcanzar la cresta, el colectivo cumple con satisfacción su paso por tres oberturas: Caballería ligera, de Franz von Suppé (1819-1895); Don Giovanni, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), y Rienzi, de Richard Wagner (1813-1883). Con esta tríada, la imagen seductora de la agrupación ha instalado en su numeroso auditorio un nexo de simpatía que en adelante no hará más que crecer. 
Es en Agua...¡pasa por mi casa!, donde las particularidades de la orquesta lucen a plenitud; sorprende bailando al unísono, sin descuidar sus compromisos orquestales, los alegres pasajes de la obra de Córdoba, creada con un sentido didáctico que parte del aprovechamiento racional de los recursos acuíferos, y dentro de un clima contemporáneo, en el que diversas fusiones tímbricas y rítmicas enriquecen las texturas sonoras. Proyecciones en video donde el vital líquido es protagonista, y la intervención del Coro Infantil de la República, cuya suma provoca que en escena se encuentren cerca de 500 niños, hacen que este pasaje despierte un marcado beneplácito colectivo. 
Lejos de disminuir, el ambiente general del concierto mantiene su nivel extático; para ello es clave la presencia de Cubanerías, de Pastor, que porta el sello jocoso del trópico. Después van Huapango, de Moncayo; la Obertura 1812 de Tchaikovsky y un mosaico de temas veracruzanos orquestado por el chiapaneco, líder de la tradición regional de marimbistas, Zeferino Nandayapa. Es en este collage mexicano donde el público, que antes había aplaudido de pie varias interpretaciones, se levanta y baila con toda la orquesta. Dos danzas multitudinarias orientadas por una afortunada mixtura entre sonoridades de academia y selva; momento cumbre que termina por hacer de este concierto un pasaje artístico difícil de olvidar. 

Acordes con gran trabajo detrás 
La Orquesta Sinfónica Infantil de México fue fundada en 2001, con el objetivo de fortalecer el aprendizaje musical y la práctica orquestal de niños entre nueve y dieciséis años, con un talento musical sobresaliente, a favor de un desarrollo integral de su persona. Para su director, Sergio Ramírez Cárdenas, la existencia de esta agrupación permite “cosechar lo que han sembrado numerosos maestros de música en diversas partes del país”. 
La estabilidad de la orquesta requiere del trabajo incesante de padres de familia, profesores de música, tutores artísticos en diferentes localidades, voluntarios y personal de apoyo que dirigen sus esfuerzos a consolidar tan singular proyecto. Durante un lustro de existencia, la Orquesta Sinfónica Infantil de México ha realizado nueve giras a escala nacional y dos internacionales —una a Estados Unidos y otra a España—, presentando casi noventa conciertos y reuniendo a más de cien mil espectadores. 
Cada año se lanza una convocatoria nacional para seleccionar a sus integrantes. Los niños elegidos se reúnen en un campamento intensivo de estudio, en el cual tienen acceso a profesores especializados en cada uno de los instrumentos. De esta manera perfeccionan su técnica e interpretación, además de que trabajan en el repertorio destinado a los conciertos. 
La revisión de las obras, estudio de las mismas y ensayos regionales y generales están encaminados a cohesionar los esfuerzos particulares, así como a promover un sentido del trabajo en equipo y desarrollo de sana convivencia entre los participantes. 
Dos momentos de la sección de encores en el magno concierto del Auditorio Nacional permitieron apreciar aspectos importantes de la agrupación. Uno de ellos es su ductilidad, pues no estaba previsto interpretar el Danzón No. 2 de Arturo Márquez, pero aprovechando que el compositor se encontraba en el recinto y que el ánimo del festejo lo permitía, se consideró oportuno hacerlo. El resultado fue brillante. Otro de ellos es la existencia de “sabios veteranos” ligados a la historia del conjunto, pues aunque éste es joven, ya existen músicos que por cumplir la mayoría de edad han tenido que salir de sus filas. Así, la presencia de invitados de excelente nivel interpretativo, como el trompetista Antonio Villanueva, miembro de la generación 2002, solista en el encore con Carnaval de Venecia, de Clarke, puso énfasis en el amplio panorama de desarrollo artístico que tienen los chicos al egresar, bien capacitados, de esta orquesta. (G.E.R.


Obras interpretadas 
Dos danzas de la suite Estancia: 
Los trabajadores agrícolas 
Malambo 


Alberto Ginastera (1916-1983) 
Chacona 
Dietrich Buxtehude (1899-1978) - Carlos Chávez (1899-1978) 
Obertura de Caballería ligera 
Franz Von Suppé (1819-1895) 
Obertura de Don Giovanni 
Wolfang A. Mozart (1756-1791) 
Obertura Rienzi 
Richard Wagner (1813-1883) 

Intermedio 

Agua…¡pasa por mi casa! 
I.- Soy el agua 
II.- Las nubes 
III.- Merolicos 
Obra sinfónica coral 
Música: Jorge Córdoba (1953) 
Letra: Nuria Gómez Benett 
Cubanerías 
Luís Pastor (1966) 
Huapango 
José Pablo Moncayo (1912-1958) 
Obertura 1812 
Piotr. I Chaikovsky (1840-1893) 

Director artístico 

Sergio Ramírez Cárdenas
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