domingo, 20 de agosto de 2006

Los niños virtuosos del Cáucaso: Corta edad, grandes prodigios



20 de agosto, 2006 / 4 537 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: OCESA S.A. de C.V. 

Gustavo Emilio Rosales 

En la mitología griega, el Cáucaso era uno de los pilares que sostenían el mundo. Prometeo fue encadenado ahí por Zeus en castigo por haber robado el fuego para entregárselo como beneficio y conocimiento a los humanos. Pero esta noche, ante un numerosos espectadores, esa región ubicada entre Europa del Este y Asia Occidental significa vigor, baile y portento gracias a un grupo de niños bailarines, con edades entre los siete y doce años, que ostenta con orgullo el dominio de su tradición coreográfica. 
Desde el comienzo, el escenario se convierte en zona de tormenta. Ágiles y vertiginosas evoluciones corporales brotan de un tropel de casi cuarenta jovencitos —más niños que niñas—, portando llamativo vestuario de corte tradicional euroasiático. Ellas, hermosísimas, lucen tocados y largas capas, que en algunos cuadros, están cubiertas de pedrería; la indumentaria de los chicos evoca los ámbitos de la milicia, la caza y las fiestas rurales. 
Se hacen llamar Niños Virtuosos del Cáucaso, pero en realidad representan a un estado específico de esta geografía montañosa, enclavada entre dos continentes y dos mares, el Negro y el Caspio. La República de Georgia, que logró su independencia poco antes del colapso general de la URSS, es cuna de las tradiciones encarnadas por estos osados bailarines, quienes ofrecen una danza de prodigios, basada en el despliegue incesante de saltos, giros, acrobacias y lucimiento de la belleza femenina. 
La parte central de las coreografías, relacionada con el vigor y la proeza física, corresponde a los varones. Los montajes no duran más de siete o seis minutos, y sus temas son la demostración de la virilidad castrense, la alegría de un conjunto de cazadores ante el fuego, la petición de mano o el cortejo en la aldea. En ellos, los georgianos desatan un ciclón de piruetas que despierta admiraciones por la exactitud de la ejecución y por el alto grado de dificultad de las secuencias de movimiento. 
Khorumi, por ejemplo, es el nombre de una danza que se remonta a tiempos ancestrales y es absolutamente narrativa: en ella los muchachos interpretan una batalla heroica con su preparación estratégica, hitos de combate y desenlace victorioso. El desarrollo de la composición está fincado en el entendimiento grupal, que no se da en el pausado conteo de acordes musicales y su equivalente manifestación en acciones determinadas, sino en un fluir rápido y variado de intensidades energéticas. 
Desde las primeras embestidas se hace evidente que todos y cada uno de los bailarines domina lo que tiene que hacer. Se sabe que aunque la exigencia dramática sea fuerte y demande espontaneidad, el ejecutante la cumplirá con precisión. Eso es competencia, excelencia en la realización del oficio. Por otra parte, aunque el conjunto a primera vista parece homogéneo, el observador atento advertirá que no se han suprimido las características de la individualidad, de modo que los jóvenes —a diferencia de muchos danzantes adultos, que suelen amoldarse a las rutinas de la escena— pugnan con afán por no quedarse atrás en el concierto del virtuosismo. 
El resultado de ambos factores: competencia como aptitud y competir como acicate del espíritu artístico, es un tejido de diálogos que genera luz propia, y esto no es ninguna figura retórica, sino el testimonio de que realmente estos colectivos esplenden de vitalidad y alegría al hacer gala de las habilidades que, desde hace siglos, han definido el orgullo varonil en su comunidad. 
En contraste, las doncellas salen a escena a ser honradas. Portan una gracia especial, un toque de exotismo que habla de las visiones mitológicas del Cáucaso, provocando la intuición de que todo cuerpo, amén de ser él mismo y por más joven que sea, declara constantemente la fuente y caudal de su cultura. 

Una cuna de danza 
En la región del Cáucaso habitan hablantes de diversas familias lingüísticas, algunas de las cuales no tienen miembros fuera de su área natal, como es el caso de los idiomas suano, cherqueso, mingrelio o cabardiano. Asediados constantemente por guerras intestinas y confrontados con esta diversidad de lenguas desde tiempos ancestrales, los pobladores del Cáucaso depositan sus valores simbólicos —tradiciones, mitos y otros elementos de cohesión cultural— en estructuras coreográficas. 
Aunque el ballet se originó en las cortes italianas y francesas del siglo XVII, pronto cobró auge en el extenso territorio ruso, habituado a vivir de cerca la experiencia de la danza. El contacto con las metodologías técnicas y de composición del ballet, permitió que algunas comunidades rusas sistematizaran, en puestas en escena, numerosas manifestaciones dancísticas de corte popular. Así, el ritual y la costumbre tomaron cuerpo de espectáculo. 
Desde principios del siglo antepasado, los intérpretes rusos destacaron por su destreza corporal y sentido rítmico. Algunos se convirtieron en máximas figuras del ballet, otros se consagraron a la tarea de fundar y desarrollar compañías regionales de danza. Iliko Sukhishvili y Nina Ramishvili, miembros del Ballet de Tbilisi, fundaron en 1945 el Ballet Nacional de Georgia, de cuyo seno surgieron prontamente maestros que incorporaron la enseñanza del baile, en su perfil folclórico, dentro de la educación escolar básica. 
Del afán didáctico georgiano surgen los cuadros de bailarines que conforman los Niños Virtuosos del Cáucaso, que ahora ya es considerado como una compañía especial del Ballet Nacional de Georgia. Con el objetivo de formar parte de los Niños Virtuosos del Cáucaso, audicionan al año decenas de chicos. Se eligen, por supuesto, los más aptos, pero también los que son capaces de soportar una agenda diaria de ensayos de dos o tres horas, la cual involucra también un importante trabajo de análisis acerca de los componentes etnológicos de cada pieza de su extenso repertorio. 
Los niños permanecen en la compañía hasta la edad de doce años. Posteriormente tienen la opción de continuar su aprendizaje, ya en los senderos de la carrera profesional del bailarín, dentro del Ballet de Georgia. Años de estudio, un inflexible rigor académico y un panorama de excelencia que rebasa ampliamente cualquier otro parámetro internacional, son los fundamentos del canon ruso de la danza escénica. No es de extrañar, pues, que sea el mejor del mundo. (G.E.R.

Bailes interpretados 
Partsa 
Kartuli 
Khorumi 
Acharuli 
Samaya 
Khanjluri 
Salamuri 
Simd 
Dolebi 
Shejibri 

Intermedio 

Svanuri 
Khonga 
Parikaoba 
Djeirani 
Kinaturi 
Dobeli 
Kazbeguri 
Kasbesk 
Karachokheli 
Mtiuluri
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