miércoles, 23 de agosto de 2006

La épica Hula: Voces de volcán, bailes de lava


Ópera nativa hawaiana / 23 de agosto, 2006 / 5 431 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: TAC Producciones, S.A. de C.V. 

Gustavo Emilio Rosales
Cantantes de talla colosal, cuya figura ingresa en el rango de dimensiones corporales de quienes practican la lucha sumo, en complicidad con bailarines diestros en el desarrollo de evoluciones de corta extensión pero de potente carga rítmica y energética, constituyen la base del Hula o conjunto de tradiciones musicales y coreográficas de Hawai, en su faceta sagrada, que es también la más importante de un conjunto de manifestaciones folclóricas que abarcan variados registros de diversión y sensualidad. 
“Hoy vamos a hablar del principio del tiempo, del origen de todas las cosas, de la formación de las tierras surgidas de las entrañas mismas de nuestro planeta. Vamos a contar la historia de los pueblos de fuego. La historia de Pele, la diosa originaria de Tahití; de Bora-Bora, la diosa del fuego del volcán…”, explica en su primera intervención, con voz clara, matizada por el aterciopelado acento de quienes acostumbran meditar, la actriz mexicana Angélica Aragón, quien narra en español un mito que los intérpretes cantan y recitan en hawaiano. 
La voz de ellos resulta tan extraordinaria como su presencia. Es profunda, pero al contrario de otros estilos tradicionales que también manejan un amplio nivel de resonancia, como el de los monjes lamas del Tibet, no siempre resulta de proyección grave, sino que tiene bruscos cambios de registro que desembocan en aristas agudas. Son tres vocalistas enormes; dos de ellos, un hombre y una mujer, ya entrados en años, y sin embargo, vigorosos; y una dama notoriamente más joven, ante los cuales parece imposible permanecer indiferente. Tal es su fuerza y don de liderazgo escénico. Están vestidos tan sólo con unas telas amplias, anudadas sin discreción en torno a la cintura desmedida, descalzos, engalanados con collares y coronas de hierba, y su voz brilla con una extraña majestuosidad, con una vibración hipnótica que nos coloca en el ritmo de una ceremonia que intuimos auténtica. 
Los bailarines forman coros mixtos que se desplazan con la calidad móvil del magma, uno de los atributos combativos de Pele. Sus movimientos son firmes, definidos por dos principales dinámicas: la oscilación constante de las caderas y el percutir alternado de ambos pies sobre el piso, apoyando en éste toda la planta. Se trasladan al compás de una música de pulsos poderosos, en trayectorias cortas que principalmente involucran el giro completo y también medio sobre el propio eje corporal, y el avance hacia el frente y los costados, asumiendo, la mayor parte del tiempo, posturas donde las rodillas permanecen ligeramente dobladas. Suscitan así un baile animoso, marcado por los acentos de una cultura, que en este ánimo danzario, se revela guerrera. 
Desde el podio ubicado a un lado del escenario, Angélica Aragón, quien también luce un llamativo tocado de hierba, sintetiza la saga que da razón de ser a la Épica Hula y que tiene como protagonista a la hermana menor de Pele, Hi’iaka, una niña con forma de huevo, a quien su madre, Haumea, entrega a la diosa del volcán para que cuide de ella. La heroína, “dotada de una vida de enorme potencia espiritual, embarcará en un viaje iniciático que la llevará a través del amor y de la pérdida, entre batallas y triunfos, para poner a prueba su capacidad con el fin de cumplir con su destino de diosa y así ocupar el lugar que le corresponde en el reino de las divinidades”. 
Los dioses de esta historia son entidades temperamentales, impulsadas por el deseo. Pele no sólo es la hermana protectora, sino también la amada anhelante que encomienda a su protegida la empresa de recobrar a su antiguo amado, Lohiau, quien vive en una tierra lejana. Por su parte, Hi’iaka es la energía que a medida que afronta retos, aumenta su vigor hasta ser capaz de realizar el milagro de resucitar al amante buscado y de enfrentarse con la diosa del volcán por el amor de éste. También es la deidad benévola con quien los hombres pueden tener trato: de hecho, es una mujer, Ho’poe, quien le enseña los cantos y las danzas que conformarán el Hula sagrado: el regalo de los humanos a sus divinidades para que éstas puedan conservar los relatos de su pasión inagotable. 

Historias tejidas sobre el mar 
Oficialmente, Hawai forma parte de Estados Unidos desde 1959, pero su patrimonio simbólico está afiliado culturalmente a la región conocida como Polinesia (del griego, múltiples islas), un temrritorio de treinta millones de kilómetros cuadrados situado en el centro y en el sur del Océano Pacífico. 
Las cerca de mil islas que conforman Polinesia —entre las cuales se encuentran Nueva Zelanda, Bora-Bora, las Salomón y de Pascua— tienen mitos en común, de ahí que no sea extraño ubicar a los personajes de la Épica Hula en lugares geográficamente distantes entre sí, pero ligados por un mismo acervo mítico que se transmite principalmente con los cantos y las danzas resguardados, en gran parte, por el pueblo hawaiano. 
A pesar de que los aspectos más sensuales y lúdicos del Hula han sido explotados en el sector turístico de Hawai, aún existen centros de enseñanza como el fundado por Edith Kanaka’ole —reconocida guardiana de esta tradición—, donde el aprendizaje de las disciplinas se apega a complejos códigos vocales y coreográficos que requieren muchos años de estudio bajo un riguroso cuidado académico. 
Las escuelas de Hula son conocidas como halau (“tronco donde crecen muchos retoños”), y los maestros son nombrados kumu, que significa “fuente de sabiduría”. 
Son miembros de tres generaciones de la familia Kanaka’ole, guiados por las hermanas Pualani y Nalani, quienes representan la Épica Hula, apegándose a configuraciones ceremoniales agrupadas bajo el nombre de kahiko (“lo ancestral”). 
Para esta escenificación, más ritual que espectacular, el clan Kanaka’ole usa una indumentaria tradicional en la que destacan los collares y coronas hechos de maile, una hierba de grandes hojas ovales, asociada con las divinidades tutelares de la danza hawaiana. 
En la parte musical destacan los tambores Ipu Heke, hechos con dos calabazas huecas, puestas una sobre otra; los pequeños palos Kala’au, de madera roja de gran resonancia, y las varas de bambú llamadas Pu’ili, cuyo extremo abierto en numerosas capas produce un sonido semejante a la vegetación mecida por el viento de lluvia. (G.E.R.

Programa 
Hula y Oli (Baile y canto) 
1. Mai Kahiki Ka Wahine ‘o Pele (Grupo Oli) 
2. Ku Makou (Solo Oli) 
3. Holo Mai Pele (Grupo Hula) 
4. Ke haa la Puna i ka makani (Grupo Hula) 
5. Kulia ka pule kalana mai ola (Solo Oli) 
6. Kuololoa (Grupo Hula) 
7. Hulihia Ka Mauna (Grupo Hula, kuolo) 
8. ‘O Pele la kou akua (Ceremonia Awa) 
9. Ku Pololei (Grupo Hula, pahu) 
10. Lele Ana (Grupo Hula, pahu) 
11. Kuu Akua i ka hale hau (Grupo Hula, pahu) 

Intermedio 

1. O Kaua a Pele (Solo Oli) 
2. A Molokai nui a Hula (Grupo Hula, noho) 
3. A Nana’i (Grupo Kala’au and Solo Hula) 
4. A Kaua’i i ka Olewa i Luna (Oli) 
5. He ehu Kai ko Kohala loa (Oli) 
6. Ku i Wailua (tambores pahu) 
7. Ua lili ka lani me ka ua (tambores pahu) 
8. O Ana ku (tambores pahu) 
9. E Kau ana kiko (tambores pahu) 
10. Kukulu ka pahu (grupo de tambores) 
11. Kulia i ka lana mai ola (Oli, ceremonia de resucitación) 
12. Ka Wai Mukiki (Hula, dos personas) 
13. Lilia (Grupo Hula) 
14. Ia Loa’a (Grupo Oli) 
15. He Kau no Hi’iaka (Grupo Hula) 
16. Hulihia Kilauea (Grupo Hula) 
17. E Kauilanui Makeha i ka Lani (Grupo Hula)
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