miércoles, 2 de agosto de 2006

Big Band Jazz de México



2, 9, 16 y 23 de agosto, 2006 / 1 315 asistentes / 4 funciones / 


2 hrs. de duración / Promotor: FUAAN y Martín Campos 

Luis Flores

No es común la oportunidad de escuchar a una gran banda de jazz en vivo y menos todavía con la potencia sonora de la Big Band Jazz de México, colectivo que con más de veinte destacados integrantes revive esa tradición que remite a los combos más populares antes del fin de la segunda guerra mundial, comandados por Glenn Miller y Tommy Dorsey, entre otros. Esta vez, su temporada en el Lunario es para presentar Big band jazz revival, su álbum debut, grabado en este mismo recinto en 2005. 
Durante siete años, la Big Band ha superado obstáculos y ha hecho bailar a todo tipo de públicos, como sucedió en el tercer concierto de esta temporada en el Lunario, que superó en asistencia la capacidad del lugar y rebasó las expectativas tanto de los conocedores como de quienes por primera vez escuchaban en vivo a semejante ensamble. 
Resulta difícil describir la sensación —entre euforia y asombro— provocada por su sonido, tanto en temas nuevos como en melodías conocidas, cuyos arreglos nos hacen pensar en la evolución de un estilo que si bien es visto como caduco por algunos, ahora se muestra renovado por el trenzado de juegos melódicos y armónicos que exploran las posibilidades ilimitadas de una dotación tan poderosa. Saxofones, trombones, trompetas, contrabajo, guitarra eléctrica, piano, teclados y batería demuestran que la complejidad no es un impedimento para que la gente se divierta, baile y olvide por un par de horas sus problemas —terapia que debería ser prescrita por los médicos. 
La Big Band no sólo tiene grandes instrumentistas, sino también notables voces como las de las gemelas Jennifer e Ingrid Begujean; intérpretes excepcionales que a sus diecinueve años sorprenden por su frescura, dominio escénico y capacidad para abordar con soltura lo mismo arreglos nada sencillos como el de Francisco Téllez a “Falling”, de Alicia Keys, hasta temas tradicionales como “Piel canela” y “Frenesí”. Por su parte, Ed Lorenz toma el repertorio de grandes crooners y recrea de modo magistral a Sinatra, Cole Porter y Nat King Cole; en tanto que Miguel Óscar García se encarga de temas cercanos al blues y al rock, como es el caso de “Crazy little thing called love”, de Queen. 
El trombonista Mario Ramos aparece en el programa como director artístico, pero prefiere permanecer detrás del atril y ceder la dirección musical al joven saxofonista Ernesto Ramos, sobrino suyo y conocedor del género, quien sin dejar de moverse por el escenario, consigue la comunión perfecta entre la audiencia y los músicos, que contagiados por la euforia lucen sus mejores solos. 
Una noche nostálgica y nueva, resplandeciente como los alientos y luminosa por obra y gracia de la que es, sin duda, la mejor big band del país.
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