viernes, 7 de julio de 2006

Victor Wooten Band


7 y 8 de julio, 2006 / 1 060 asistentes / 2 funciones / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Live Jazz MX, S.A. de C.V. 

David Cortés
Victor Wooten ha visitado México como integrante de Bela Fleck & the Flecktones, pero ésta es su primera aparición como solista y ha levantado gran expectativa. Precedido de un impresionante palmarés —nombrado por la revista Bass Player tres veces consecutivas como el mejor bajista del año; dos Nashville Music Awards en la misma categoría; colaboraciones con Branford Marsalis, Mike Stern, Chick Corea, Vital Tech Tones y Dave Matthews, entre otros—, cinco álbumes propios —A show of hands (1996), What did he say? (1997), el nominado al Grammy Yin-yang (1999), Live in America (2001) y Soul circus (2005)— y con el prestigio de ser el bajista más influyente desde Jaco Pastorius, inicia su actuación con un solo colmado de virtuosismo y maestría sin exceso alguno. La recepción del público donde convergen varias generaciones es entusiasta. 
Acompañado de un sexteto (guitarra, bajo, teclados, batería, voz y coros), Wooten desgrana frescura en composiciones rebosantes de funk, aderezadas con soul y rap; pero pronto se hace presente la disyuntiva profesional que ha marcado su trayectoria: ¿pirotecnia o musicalidad? Wooten opta por la calidez de una balada y rinde tributo a héroes como Stanley Clarke, Marcus Miller, Larry Graham, Bootsy Collins y otros intérpretes anónimos del instrumento que en éste cumple cincuenta y cinco años de existencia, pero finalmente decide apretar el acelerador. 
Aunque sus composiciones bastarían para cubrir la velada, a mitad de un jam las actitudes circenses toman la pista. El líder intercala un fragmento de “Kashmir” de Led Zepellin con “Fire” de Jimi Hendrix, momento aprovechado por Regi, su hermano, para tocar la guitarra con los dientes, en la espalda, casi dislocándose los hombros, y con una velocidad propia del death metal. A partir de ese instante el concierto se centra en lo espectacular y la música pasa a segundo plano; primero un solo plagado de manierismos que de lo pastoral y progresivo pasa a lo complaciente (con un fragmento de “La bamba”), para finalizar con “Before the rain”, de Lee Oskar (War). Después, cada uno hace un solos para mostrar su virtuosismo y dominio en la acumulación de notas. 
La culminación es majestuosa o decepcionante, según la experiencia de los asistentes. Wooten aprovecha la penumbra del lugar y toma un bajo con leds azules que funcionan como un anuncio de luz neón, lo gambetea con pies y rodillas; lo gira, ayudado por una cuerda, como si fuera un trompo; lo arroja al suelo y lo pasa alrededor de su cuerpo, sin por ello dejar de tocarlo, mientras sus músicos sirven de comparsas. 
El bajista y su banda transitaron de un ejercicio de musicalidad a un despliegue de técnica ausente de contenido; las composiciones, como puede apreciarse en sus álbumes, son sólidas y no necesitan de barroquismos para brillar más. Cuando sazonan con exceso, la apariencia deslumbra por un momento, pero luego, concluida la degustación, la sobreabundancia de ingredientes se evidencia y la congestión sepulta el sabor de una obra, que sin tanto ornamento, es magnífica.
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