sábado, 3 de junio de 2006

Puerta de las Américas


Música - Cabaret / 3 de junio, 2006 / 441 asistentes / Función única / 
5 hrs. de duración / Promotor: CONACULTA 

Arturo García Hernández 
Toda manifestación artística requiere de escaparates para darse a conocer; uno de los principales en México es Puerta de las Américas, que busca expandir los espacios de trabajo dentro y fuera del país para los artistas dedicados a la danza, la música y el teatro. 
Su tercera edición fue clausurada con un concierto en el Lunario, por primera vez incluido en los foros destinados a este encuentro, y donde se exhibieron los buenos oficios musicales de países hermanados por el idioma: España, Colombia y México. 
Desde el otro lado del Atlántico llegó el grupo malagueño Pangea, con un jazz en el que conviven influencias y sonidos de diversas procedencias: en la línea de Frank Zappa (circa The Grand Wazoo, 1973) con tintes psicodélicos, de folk y un jazz más tradicional. Fundado en 2001, Pangea ha grabado dos álbumes, Specias y Corporation. Tal vez los buscadores de novedades no se asombren con su repertorio, mas lo que no puede escatimarse es su pulcritud interpretativa. 
El segundo en el cartel fue Puerto Candelaria, cuya arriesgada propuesta se distingue por su frescura y originalidad. El sexteto fundado en 2000 en Medellín resultó una verdadera revelación. Su mayor acierto es tomar sin miedo ni prejuicios los géneros populares colombianos (guasca, porro, vallenato, chucu-chucu) y verterlos en el jazz, muy parecido —guardada toda proporción— a lo que en los sesenta hicieron los brasileños con sus géneros vernáculos hasta convertirlos en una de las expresiones jazzísticas más vitales y refinadas, por eso no es gratuito que a Puerto Candelaria se le considere el más importante ensamble de jazz de su país. Refinado en lo musical y con un espectáculo lúdico, el sexteto arma un carnaval que termina contagiando a la audiencia. En la obligada brevedad de su intervención ofreció temas de sus dos únicos discos, Kolombian Jazz y Llegó la banda
Yekina Pavón arribó descalza al escenario, ataviada con túnica y actitud serena. La tabasqueña refrendó la capacidad interpretativa que hace tres décadas la situaron como una de las mejores cantantes mexicanas de jazz y blues, aunque después incursionó en el bolero y la balada. Tras un largo proceso de búsqueda personal, ha abrazado un repertorio con referencias religiosas y asegura que hoy desea transmitir mensajes positivos a las nuevas generaciones. “Ya estuvo bueno de sexo, dinero, drogas y rock and roll”, afirma con determinación. 
Astrid Haddad cerró el concierto. ¿Qué añadir a los elogios que en más de veinte años de carrera ha recibido la actriz y cantante nacida en Chetumal? Si bien ya no sorprende, su propuesta artística se mantiene sólida y vigente gracias a su carácter paródico e irreverente. A medio camino entre el cabaret y el melodrama cinematográfico mexicano de rumberas de los cuarenta, mezclados con la carpa de arrabal, la comedia y el performance, sus barrocos espectáculos hacen escarnio de valores, conductas, expresiones artísticas y símbolos que presuntamente conforman la identidad nacional, con su fuerte componente machista y patriarcal. 
En el Lunario, Haddad presentó un resumen de sus espectáculos —Cartas a Dagoberta, Faxes a Rumberta, La mujer multimedia, La multimamada, Pecadora y Heavy Nopal— en los que también se encarga de guiones y vestuario. Con su experiencia, talento e ingenio se ganó el entusiasta aplauso que el público le obsequió, pasada la media noche. 
Así concluyeron en el Lunario las actividades de la tercera edición de Puerta de las Américas.
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