viernes, 16 de junio de 2006

Iraida Noriega & Zinco Big Band


Así era entonces, ahora… / 16 de junio, 2006 / 654 asistentes /
 Función única / 1:30 hrs. de duración / Promotor: Libertad Estrada 

Fernando Figueroa 

Acompañada de diecisiete instrumentistas, Iraida Noriega presenta su más reciente álbum, Así era entonces, ahora... (Fonca-Conaculta, 2006), sucesión de célebres boleros con arreglos de jazz. La noche se percibe intensa pero navegable, sin turbulencias infranqueables. De pronto, un grito anónimo se levanta desde la oscuridad: “¡Farolero!”. Esa palabra se incrusta en el corazón de la cantante y le hace recordar a alguien ya fuera de este mundo. Durante dos o tres segundos —eternidad fugitiva— se le dibuja un gesto que contiene dolor, amor e idolatría; tiene tiempo de ver a su padre apapachándola cuando niña, tocando el piano en casa o en algún centro nocturno. Asimila el golpe como una campeona mundial de boxeo en plenitud, se crece al castigo y canta a cappella con los ojos cerrados, buscando una imagen interna: Yo sería farolero, / si tú te hicieras farola, / que me espera por las noches, / encendida pero sola... 
Posiblemente muchos de los asistentes no saben quién compuso esa canción, pero es un hecho que Freddy Noriega (1936-2001) está presente desde el inicio del concierto. Iraida heredó de él su amor por el jazz, que en este país sólo se cosecha en tierras de temporal. Freddy hubiera sonreído al escuchar “Bésame mucho”, a la manera de Rosino Serrano, quien consigue el milagro de refrescar uno de los temas con más versiones en la historia, recordándonos que en este caso el mensaje de Consuelo Velázquez está más cerca de la tragedia que del erotismo. 
En Así era entonces, ahora..., varios arreglistas mexicanos revistieron temas clásicos de Greever, Armengol, Pardavé, Curiel y Lara. Los trece metales de la Zinco Big Band, dirigidos por Eugenio Elías, más una sección rítmica con piano, bajo, batería y guitarra, imprimen otra cadencia a temas escritos hace más de medio siglo. Con semejante división panzer, Noriega aprovecha el momento para interpretar tres temas ajenos al disco: “Perdido” (Tizol), “Far from You” (D’Etienne) y “Big Dipper” (Thad Jones), que al mismísimo Count Basie le pareció “demasiado vanguardista”, según señaló la cantante. 
Aunque la voz ronquita de Iraida alcanza una amplia gama de registros, no seduce con fuegos de artificio sino con un estilo sobrio que busca, antes que nada, veracidad; el romanticismo y la sensualidad surgen por añadidura. Con tales armas de su lado y un evidente dominio del género nos introduce en una burbuja donde los relojes con manecillas adquieren consistencia de hot cakes, a la manera de un cuadro de Dalí; el tiempo transcurre a otra velocidad gracias a un irrepetible acto artístico. 
“Rocks in my bed”, de Duke Ellington, sirve como despedida. Iraida, demostrando que asimiló muy bien sus primeras clases con la cantante Sheila Jordan en Nueva York, presenta a cada uno de los músicos improvisando palabras elogiosas y llenas de afecto: interminable jugueteo sincopado que parece salir por la puerta del local y entrar subrepticiamente hasta las almohadas de cada uno de los asistentes. 

Programa 
Perdido / Far from you / Big dipper / La puerta / Vereda tropical / Los pequeños detalles / Varita de nardo / Día nublado / Quizás, quizás, quizás / Bésame mucho / La mentira / ¿Quién eres tú? / Mariposa / Pobre de mí / Rocks in my bed.
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