jueves, 25 de mayo de 2006

Elena Durán


De Broadway a Hollywood / 25 al 27 de mayo, 2006 / 358 asistentes / 
3 funciones / 2 hrs. de duración / Promotor: FUAAN 

Alejandro González 
Luis Zepeda se acomoda frente al piano y afloja ligeramente su corbata, mientras Arturo Luna afina su contrabajo y Humberto A. de la Cuesta toma asiento tras la batería para ordenar su particella. Juntos son el Trío de Jazz de Luis Zepeda y al aviso de los dedos del pianista inauguran puntuales la sesión. La característica métrica del jazz escapa de los instrumentos en una obertura que funciona para aflojar las muñecas de los intérpretes y para que el público escoja los tragos con los que acompañará esta noche en la que Elena Durán homenajeará al compositor Claude Bolling (Cannes, Francia, 1930), quien en 1975, con la aparición de Suite for flute and jazz piano trio, marcó la pauta para un híbrido que él mismo denominó clázzico, por darle a las obras clásicas un barniz jazzístico amable y asequible. 
Apenas terminado el preludio, la flautista cruza el escenario entre aplausos para ocupar su lugar. Toma el instrumento, entrecierra los ojos y deja escapar su aliento sobre ese tubo de metal y luego balancea su cuerpo sutilmente, guiada por el ritmo. Las cascadas sonoras que conforman “Love theme” anuncian que la fascinación será invocada con frecuencia. “Últimamente he estado tocando en las fronteras. He ido a casas de cartón en medio del desierto donde hasta los perros me han escuchado”, dice Durán al terminar la segunda pieza. Y cuando habla de fronteras no está jugando; ha tocado como solista con la Royal Philharmonic Orchestra y la Orquesta de Cámara Inglesa, entre otras, es fundadora de la Sociedad Mexicana de Flautistas, ha sido catedrática de flauta en la Universidad de Standford y es autora de más de una decena de libros de enseñanza musical. Y qué decir de Bolling, el homenajeado, quien ha compuesto música para más de cien filmes y es, además, un autor muy apreciado en Europa. 
“Bolling es tan conocido en México como The Beatles”, afirma de manera temeraria la flautista méxico-americana, mientras anuncia que cambiará de flauta por “una un poco más grande, de sonido más bajo”. “Affectuoso” es un aglomerado de notas que provocan una sensación de tensión que se diluye en el soplo dulce y hondo de Durán, quien luce feliz y relata detalles sobre su primer acercamiento a la espesa cerveza irlandesa; con la mirada dedica “Sentimentale” a una pareja que se abraza frente a ella, para después revelar su encuentro con el jazz cuando niña. “Fugace”, “Irelandaise” y “Veloce” arriban entonces con un sonido pleno, con cambios rítmicos e intrincadas figuras melódicas que no hacen más que poner en relieve el nivel de ejecución de unos músicos que —¿vale el término en la jerga jazzística?— “palomean” sobre “Summertime” a modo de despedida tras una aclamación general. Estupenda cita con Elena Durán y su flauta, porque la sola idea de inyectar aliento a un instrumento para crear música suena sorprendente, pero si añadimos la palabra jazz al asunto ya estamos hablando de magia, y el lugar donde ocurre la fascinación se llama el Lunario.
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