miércoles, 17 de mayo de 2006

Ballet Virsky: Majestuosidad sin fronteras


El espíritu de Ucrania / 17 al 21 de mayo, 2006 / 23 690 asistentes / 
6 funciones / 2:10 hrs. de duración / Promotor: Ars Tempo, S.A. de C.V. 

Gustavo Emilio Rosales
¿Son muchos bailarines que a la vez son uno solo o es un gigantesco bailarín multicolor que se desplaza, incontenible, en el lucimiento de las diversidades que conforman su organicidad y su apostura? Unidad de lo plural, pluralidad de la cohesión; el sello de este fenómeno danzario, Virsky, rebasa los datos de su raíz folclórica para conmovernos con la potencia de su majestuosidad estructural. 
La compañía nacional de danza folclórica de Ucrania lleva por nombre Ballet Virsky en honor a Pavlo Pavlovych Virsky, el bailarín, coreógrafo y maestro innovador que la fundó hacia la mitad del siglo XX; pero ante lo visto esta noche, también podríamos llamarle orquesta corporal o maquinaria de precisiones coreográficas, pues la perfección de sus evoluciones deja huella. 
La primera impresión de Virsky cifra lo que disfrutaremos durante las próximas dos horas, en uno de los mejores programas de danza que el Auditorio Nacional haya hospedado: profusión de colorido en el vestuario y adecuada disposición teatral de la iluminación, un despliegue de armonía coral que resulta asombroso, ejecuciones que brillan sin protagonismos y un diálogo rico en expresión entre el ensamble orquestal y el conjunto mixto —niños, mujeres, hombres— de bailarines. 
Vamos de sorpresa en sorpresa. Las proezas físicas que alguna vez miramos en las caricaturas como emblema del cosaco extravagante aparecen ahora en la realidad majestuosa de cuerpos transformados por una disciplina que se antoja marcial. Saltos descomunales, giros de gran riesgo sobre una pequeña base, desplazamientos acrobáticos en los que la gravedad parece haber sido vencida. Hay muchos niños entre el público, más de los que inicialmente llegaron con la edad oficial para considerarse como tales, pues a medida que avanza la función varios adultos hemos dejado de lado las corazas de la edad y la rutina para esperar con ansia el despliegue virtuoso que ya vimos, pero que no importa ver de nuevo cuatro o seis veces más con tal de disfrutar de los suspiros que continuamente nos arranca esta comunidad de artistas ucranianos. 
En México, una función de danza no suele convocar multitudes, pero el número de asistentes a esta sesión inicial de seis que durará la actual temporada de Virsky, después de que han pasado treinta años de la primera presentación de esta compañía en nuestra urbe, es tan considerable como la atención que los mismos prestarán a los catorce cuadros coreográficos que conforman el espectáculo previsiblemente bautizado como El espíritu de Ucrania. 
El escenario será utilizado en numerosas ocasiones de manera horizontal, pues durante la mayor parte del espectáculo participan decenas de bailarines; se dice que son cien en total, incluyendo al colectivo de escolares que representa las fuerzas básicas de la agrupación. Esta tendencia espacial condiciona la plantilla de estructuras coreográficas, que en efecto, se encuentran ceñidas a configuraciones básicas del ballet en la concepción de Marius Petipa, quien renovó la tradición heredada del romanticismo mediante el enriquecimiento de los elementos que componen la progresión dramática en estrecha alianza con un discurso musical complejo, y en sí mismo, narrativo. 
Así, la sencillez estructural resulta un sostén eficaz para la proyección del virtuosismo sin precipitarlo hacia un tono circense; permite —y esto es muy importante para el logro del circuito comunicativo— que los componentes atávicos del folclor fluyan y aparezcan con una claridad simbólica contundente, lo que los distingue de pasajes anecdóticos que cumplen la función de transiciones: esto es un ritual de casamiento, aquello es una broma entre soldados; lo que aparece es una invocación a los cuatro elementos, lo que cerró fue un cuento que seguramente ha sido relatado muchas veces en una cabaña entre los bosques. Virsky: la condición histórica de un pueblo en un libro de danzas. 
¡Se podrían narrar tantas cosas de una función tan nutritiva como ésta! Decir, por ejemplo, que es muy grato despegar los ojos del escenario en los lapsos en que se pierde la atención para encontrar de inmediato entre butacas a dos o más bailarinas que no pierden el hábito de colocar su cuerpo en posturas de cisne; decir, por otra parte, que la concepción de la dramaturgia musical de este espectáculo está planeada con certeza para explotar al máximo la capacidad de sincronía de la comunidad que lo interpreta, lo que transforma el tiempo específico de las partituras —la corporal y la sonora— en un manantial de tiempos inventados que desprenden el aroma de algo antiguo, de materias que son comunes a todos desde una era que se encontraba distante, quizá oculta, hasta antes del llamado de la danza. 

Una nación que viaja con la danza 
Como estado independiente, Ucrania figuró por vez primera en los mapas hacia 1991, pero su historia data del siglo noveno de nuestra era, cuando se configuró como un poderoso estado de Europa medieval bajo el nombre de Kyivska Rus. Actualmente ocupa un área de 603 mil 700 kilómetros. Colinda hacia el Norte con Bielorusia, Polonia y la República Eslovaca, al Sureste con Hungría, Rumania y Moldova. Hacia el Sur es bañada por las aguas del Mar Negro y el Mar Azov. Se localiza en el llamado “Centro Geográfico de Europa” (equidistante desde el punto más lejano del Oeste de Europa y la línea imaginaria del Este que separa al viejo continente de Asia). Su capital es Kyiv (Kiev). 
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El actual director de este ballet, Myroslav Vantukh, amén de ser un coreógrafo de gran astucia en el manejo de los aspectos técnicos, es un experto etnólogo que se especializa en el folclor de su país. Fue el discípulo más cercano a Pavlo Virsky, quien le aconsejó respaldar cada diseño coreográfico con una exhaustiva investigación académica acerca del desarrollo y significado histórico y simbólico del lenguaje corporal acuñado en tradiciones. 
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Las temporadas de esta compañía a escala internacional resultan muy costosas debido a los gastos de transportación de artistas y cuadro técnico, a los viáticos correspondientes y al traslado especial que requiere la producción (en la que hay miles de piezas de vestuario y utilería). Aun así, la agrupación viaja constantemente durante todo el año y ya se ha presentado en decenas de países alrededor del mundo. “No somos el tipo de conjunto que cuenta con varios elencos para atender su apretada agenda —sostiene Vantukh—, pues nos gusta ofrecer el máximo de calidad en cada representación y esto se logra sólo cuando se brinda la propuesta original. Usualmente nos presentamos más de una vez en cada país, siempre volvemos a donde nos han querido. México seguía siendo la excepción, pero ya estamos de nueva cuenta aquí”, concluye el director con una pícara sonrisa. (G.E.R.)
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