jueves, 27 de abril de 2006

Spyro Gyra

Foto: Colección Auditorio Nacional

27 y 28 de abril, 2006 / 833 asistentes / 2 funciones / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado 

Javier Delgado Solís 

Spyro Gyra es una banda que durante treinta y dos años se ha mantenido vigente al combinar de manera adecuada diversos estilos en el contexto del smooth jazz. El quinteto llega al Lunario para presentar Wrapped in a dream, su más reciente álbum, y repasar una trayectoria fincada en pasajes con sabor a vacaciones veraniegas. 

El tecladista Tom Schuman inicia el viaje acompañado por el saxofonista y líder Jay Beckenstein, con una obertura cercana al jazz-rock, donde la guitarra de Julio Fernández aporta un ritmo insistente. El primer solo de saxofón agarra fría a la concurrencia que sólo observa y parece esperar a que la música y las bebidas espirituosas despeguen. Viene un homenaje al trompetista Dizzy Gillespie cuando Schuman se yergue con tintes de salsa y otros géneros afrocaribeños, pero deja espacios abiertos para que Fernández inocule la atmósfera con funk en “Dizzy”. Beckenstein, por su parte, se une a sus compañeros al final. 
El grupo muestra que la suavidad no está reñida con la versatilidad. De manera inesperada, emerge un lamento de guitarra, casi de blues, y a las palmas de Schuman y Beckenstein se une la voz de Fernández con un tono flamenco. El jazz, como mucha gente lo entiende —improvisaciones elaboradas; los músicos tocando aparentemente en libertad total, entrando y saliendo para integrarse en una melodía común después de desplegar sus capacidades individuales— permite a Spyro Gyra mostrar sus facultades que van más allá de la suavidad y la corrección melódica. 
En “Liberty road”, tema con tintes dramáticos inspirado en las luchas raciales en Sudáfrica, el bajo, con reminiscencias tribales, es el guía del sintetizador y del saxofón soprano, que se alternan con timbres graves. La alusión de ese territorio incluye, por supuesto, un solo de batería poco espectacular pero cumplidor, a cargo de Ludwig Alonso. 
Poco dados a los desplazamientos en la escena y a la comunicación con el público los miembros del grupo se dedican sólo a la música. Tom Schuman acomete los teclados con acordes de blues que recuerdan al George Gershwin de “Porgy & Bess”, y éstos van transformándose en un movido rhythm and blues para finalmente pisar el terreno de su pariente el ragtime. Aquí, Scott Ambush muestra sus dotes: rasga, golpea, jala las cuerdas del bajo y vuelve locos a todos. De regreso al ambiente grupal, Beckenstein sopla simultáneamente los saxofones tenor y alto, creando un inolvidable clímax.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Los primero acordes de su tema más conocido en nuestro país, “Morning dance” —alegre oda al nuevo día, representada principalmente por los pequeños saltos de teclado y la suavidad del saxofón— levantan el ánimo general. El encore es un funk con aires sesenteros que deja una atmósfera relajada en todos. Spyro Gyra ha desplegado sobre el escenario las características que definen su estilo: composiciones pegajosas, sonidos sincopados que abren espacios para la improvisación y la mezcla de elementos sonoros procedentes de otros géneros que construyen un híbrido instrumental que los coloca entre el jazz suave y el de fusión. Ni más, ni menos. 

Programa 
Heart of the night / Dizzy / The crossing / Free time / Liberty road / Schooz bluez / Morning dance / Feeling fine.


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