sábado, 22 de abril de 2006

Ricardo Montaner: El nacimiento del amor


22 de abril y 26 de mayo, 2006 / 17 496 asistentes / 2 funciones / 2:30 hrs. de duración /
 Promotor: OCESA, S.A. de C.V. / SHOWTIME, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
Las luces se apagan. Natalia se arrima ansiosa hasta la orilla de la butaca; Óscar estira el brazo para, disimuladamente, tocarle la espalda. Ricardo Montaner baila con ritmo caribeño “República de la alegría”, acompañado por una orquesta de virtuosos provenientes de diferentes países latinoamericanos. El romance comienza. 
La primera fila está ocupada por actores de la telenovela Heridas de amor, cuyo tema principal es de Montaner; en la segunda se ubican algunos participantes del programa de concurso Cantando por un sueño, donde el autor de “Amarte es mi pecado” participa como juez. En la tercera, dos mujeres sobresalen por su entusiasmo: la primera viste una playera con los colores de Venezuela y baila como si ella misma fuera la república de la alegría; la segunda trae una carta e intenciones de entregarla a su ídolo aunque en su primer intento choca con el robusto pecho de un guardia de seguridad. Más arriba, en el balcón, Natalia se levanta para corear “Bésame”. Su pretendiente permanece sentado con una sonrisa: cuando ella tome asiento, encontrará el brazo de él esperándola en el respaldo. Para mala suerte del pretendiente, el cantautor quiere “a todo mundo arriba” para que lo acompañen en “Yo puedo hacer”. Los actores televisivos Jacqueline Bracamontes y Guy Ecker bailan con un entusiasmo que compensa su poca habilidad para mover las caderas. 
Entre tanto alboroto, la mujer de la carta hace su segundo intento: llega hasta la orilla del proscenio, grita, brinca con la misiva alzada y Montaner avanza hacia ella; pero a punto de encontrarse, los guardias la devuelven a su realidad: la fila tres. El público regresa a sus asientos incluyendo a Natalia, quien no protesta por el brazo cariñoso que la recibe. El público, todavía excitado por el ritmo de “Yo puedo hacer”, responde con la ola. Óscar le dice algo a su prospecto de novia. Ella no lo escucha y él se acerca para hablarle al oído. En ese instante, la ola pasa por el balcón y la pretendida se levanta para entrar al jolgorio colectivo. Otra vez, mala suerte para el enamorado. 
Montaner está fascinado por el entusiasmo de sus seguidores. Invita a una fan para hacer el coro final de “Ojos negros”: “Imagínate que estás en Cantando por un sueño y el premio es un millón de dólares”. Le ofrece dos breves lecciones de canto y sale del escenario con los trece músicos y las tres coristas. La aficionada se queda sola ante el Auditorio Nacional y demuestra que cualquiera puede cantar por un sueño. Minutos después los músicos regresan y califican su actuación con unas paletas similares a las que usan los jueces del programa de televisión: todos ponen diez. El compositor selecciona más gente para que suba al escenario; veinte mujeres y cero hombres. Entre las elegidas está la portadora de la carta quien avanza sin escalas hacia el cantautor. A punto, por fin, de cumplir su encomienda, la luz se va y con ella hasta el sonido, un imprevisto que impide a la carta llegar con su destinatario. 
Es imposible saber qué ocurre entre Natalia y Óscar durante el apagón. En ese lapso de nueve minutos, Ricardo Montaner interpreta a cappela “Tan enamorados” y “Me va a extrañar”, acompañado por sus diez mil seguidores que prenden la luz de sus teléfonos celulares. Cuando regresa la energía eléctrica, las manos de la pareja en el balcón están entrelazadas. Sus piernas también. El cantautor intuye que es momento de improvisar una emotiva versión de “Tan enamorados” para que las parejas se prometan amor sin fin. Quizá escucha los suspiros o percibe las sombras acurrucadas entre el público: él sabe que el romance se ha consumado. 
Por si alguien duda quién fue el responsable de que la energía eléctrica regresara, Montaner dice: “Entre Jesucristo y yo, la luz que ilumina mi vida son ustedes”. Y agrega: “El Señor me trajo aquí por una razón y a ustedes también”. La mujer de la carta hace otro intento: persigue a su ídolo, lo alcanza, él parece no notarla, un elemento de seguridad intenta capturar a la fanática, ella insiste, extiende la misiva y finalmente la entrega. Feliz, se deja conducir de vuelta a su asiento. 
Aparecen los invitados: Angélica Vale con una minifalda que provoca un entusiasmo desmedido en los hombres, Francisco Céspedes con unas gafas oscuras “por si se va la luz otra vez”, y Sheyla, ganadora de la primera etapa de Cantando por un sueño, con un sentimiento que se desborda por sus ojos. Vale interpreta “Al final del arco iris”, sentada junto al anfitrión. Luego, Montaner carga el atril que usa Céspedes para cantar “Vida loca”. Los nuevos novios en el balcón hacen honor a la letra con besos y caricias sin cordura. 
Al final, el compositor venezolano canta con Sheyla “Tan enamorados”. Es la tercera vez que se escucha, pero a los novios les sigue pareciendo insuficiente. El amor, aseguran los científicos, es una mezcla química de efectos limitados: sólo dura tres años. En ese caso, a la pareja que nació durante el concierto le quedan un millón quinientos setenta y seis mil seiscientos sesenta minutos. Ricardo Montaner no inventó el romance, pero lo provoca. 

Promesas de amor 
“Primero se fue mi papá y después mi madre”. En los últimos dos años la vida de Ricardo Montaner ha cambiado drásticamente. Antes de la muerte de su padre, era un crítico severo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez: “Intenta ser un ‘hijito’ de Fidel Castro. El país mejorará cuando abandone el poder; mientras tanto, debe amarrarse a la fe”, declaró a Listín Diario en junio de 2003, cuando apareció Prohibido olvidar, álbum que su autor definió como “un llamado de atención al gobierno”. 
Pero desde agosto de 2004 no ha pronunciado palabras contra el presidente Chávez. La razón: le prometió a su padre, en el lecho de muerte, que no hablaría sobre este asunto. Cuando le preguntan, limita su opinión. Un ejemplo es lo comentado a Twincities.com en febrero de 2004: “No voy a plantear un punto de vista político. Te puedo decir que Venezuela, con proponérselo, podría volver a los años en que la abundancia petrolera le dio el cartel de país con mayor desarrollo de América”. 
Antes de la muerte de su madre, Montaner dedicaba horas diarias a la composición: “Soy amigo del método. Me siento durante muchas horas en mi estudio, guitarra en mano frente a un enorme ventanal y escribo”. El 11 de mayo de 2006 falleció ella y el compositor perdió la brújula del método: “Estoy tratando de reconfortar mi cuerpo que viene tan golpeado porque cuando tienes tantas emociones te contraes, te bloqueas; es muy difícil escribir”. Sin embargo, Ricardo Montaner le prometió que seguiría componiendo con gozo y cumplirá: “Yo no creo en eso de escribir con dolor. Cuando escribo trato de estar muy feliz, pero no dudes que algún día se verá plasmado lo que he sentido en estos momentos”. (J.A.Q.

Programa 
Tengo verano / Muchacho / República de la alegría / Nada / Todo / Bésame / A dónde va el amor / Heridas de amor / Yo puedo hacer / Sólo con un beso / Mal de amor / Ojos negros / Cachita / Conga / Cuando a mi lado estás / Con Angélica Vale: Al final del arco iris / Déjame llorar / El poder de tu amor / Con Francisco Céspedes: La vida loca / Tan enamorados / Me va a extrañar / La cima del cielo / Cuando nacen amores / Con Sheyla: Tan enamorados (bis).
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.