sábado, 29 de abril de 2006

Liquits


29 de abril, 2006 / 750 asistentes / Función única / 
2:45 hrs. de duración / Promotor: Babel Producciones 

Georgina Hidalgo 
La lluvia arrecia pero no tanto como para desanimar a los treinta adolescentes, que en fila, esperan entrar. El Lunario luce inmenso. Los cabellos con mechones disparejos en ellos, las pulseras y los brillos de colores en ellas, y los estoperoles en los cinturones de todos son el sello de los asistentes, exceptuando a los padres de familia que —se nota— vienen a apoyar a los debutantes de Luna Escarlata. 
La primera sorpresa de la noche: se había anunciado a Bengala, pero por cuestiones de logística no ha llegado, así que hay oportunidad para apreciar a los teloneros, entre los cuales destaca Luna Escarlata. El ánimo que suscitan los grupos novatos trae a la memoria el ambiente en las fiestas infantiles, donde todos juegan con los regalos del festejado, pero al final siempre se sabe a quién pertenecen. El público se deja llevar —sobre todo a la barra—, brincotea con algunas canciones pero no más…como reservando sus energías para despedir al segundo hijo de Liquits, Jardín, muy traído y llevado desde que vio la luz en 2004. Se augura diversión. 
El escenario se llena con enredaderas: rodean instrumentos y bocinas. Hay carteles de patos volando en un cielo azul con nubes blancas. Ro (guitarra y acrobacias), Teo (batería) y Edi (bajista y performance) salen decididos a la pachanga, como desde hace trece años, cuando eran quinceañeros y sorprendieron a productores como Mastretta con su precocidad, graciosos juegos de palabras y otros delirios lúdicos. Primero una semblanza en video: diez años de viajes, conciertos y divertimentos en Estados Unidos y Europa. Y luego, ataviados con estrambóticas pelucas comienzan a dar vuelo a sus personajes. Con acrobacias, el guitarrista insiste en trepar por la batería, mientras el bajista se transforma en un monje que busca chícharos mágicos. “Kurasaibo”, el emblema musical de la banda construido con palabras dizque japonesas —ahuiki nikato kurasaibo / nishi koko kurasuraibo / okira yokisankara teshiro kato— provoca un baile relajiento que provoca que Edi se arroje hacia las manos de quienes se apretujan cerca del escenario. Es sostenido y regresado no sin ser manoseado a conciencia por sus fans. 
Para los heridos de amor hay un adelanto del nuevo disco que confirma la prolongación de la filosofía valemadrista que distingue a Liquits: Ya sé que no te gusto / pero me da igual. Luego aparece un travestido llamado C’est Moi (anunciado con el más puro acento nacional como “la insuperable Semuá”), quien —con una delgadez temeraria— se contonea por el escenario. Y cómo no, también hay tiempo para el romance: Rubén, un seguidor del grupo, sube para pedir matrimonio a su novia y quiere sellar su compromiso con “Desde que”, tema que el grupo le dedicó con gusto. Aplausos y beso. Los asistentes, medio conmovidos, corean felices. Este arroz ya se coció. 
Pero la fiesta se niega a morir. Acometen con su versión de “Electricistas” de Fangoria y hasta juegan con “Blitzkrieg bop” de Ramones. Suficiente blasfemia para probar que no son sólo unos chavitos con suerte. El cóctel de imaginación musical y simpleza lírica ha surtido efecto. Salimos preparados para enfrentar los charcos de una noche líquida.
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