viernes, 7 de abril de 2006

Electric Co., Los Suavecitos, Cohete, Eufemia, Chetes



Boogie Boogie Party / 7 de abril, 2006 / 339 asistentes / Función única /
 3:30 hrs. de duración / Promotor: Mega Medios 

David Cortés
La promesa de los organizadores era que el público enfrentaría “un concepto que te va a transportar y hará vibrar tu cuerpo como jamás antes lo hubieras imaginado”, pero la fragmentada audiencia y la desigual calidad de las bandas dejó todo en buenas intenciones. 
Uno de los problemas al hablar del rock hecho en México es la disparidad existente —de información, desarrollo, influencias e infraestructura— entre quienes conforman este mosaico y la Boggie Boggie Party fue botón de muestra. Sobre el escenario se dieron cita dos bandas de nuevo cuño (Electric Co. y Los Suavecitos), un par con mediana trayectoria (Cohete y Eufemia) y un exponente (Chetes) con suficientes tablas. (Las Ultrasónicas, llegado su turno, decidieron no subir a tocar por diferencias insalvables con el promotor.) 
Electric Co. solicita que “se apoyen las cosas nuevas”, pero su sonido pide prestado, las más de las veces es casi calca, del rock ácido y pesado de los primeros años de los setenta, sobre todo de The Doors, aunque ellos parecen no darse cuenta. Lo mismo pasa con Los Suavecitos, quinteto de Monterrey que reproduce con irregular solvencia el punk básico de Sex Pistols, Buzzcocks y Ramones, y lleva el tributo a esas bandas hasta los movimientos de su cantante. 
Cohete y Eufemia ya se han desprendido de sus influencias, pero aún no consolidan una identidad. El primero, un trío con tres discos a cuestas, ha pasado de una conjunción de electrónica y rock convencional a una propuesta más inofensiva en la cual se advierten ocasionalmente matices de rock pop a la Bon Jovi. El cuarteto Eufemia hinca el diente en el happy punk, pero su atractivo es la potencia más que la vacuidad melódica mostrada por otras bandas que transitan la misma avenida. El esfuerzo, entrega y buenas hechuras de ambos sacuden un poco a los presentes, pero no es suficiente para elevar la temperatura. 
Cuando la fiesta se dirige hacia lo poco memorable, la salva Gerardo Garza, mejor conocido como Chetes. Desde sus tiempos con la banda Zurdok —con la cual grabó tres álbumes— el regiomontano mostró inclinación por las canciones bien construidas y las gráciles melodías del pop inglés de los setenta. El compositor siguió la línea con su proyecto Vaquero y la profundizó en 2006 con Blanco fácil, su debut como solista. Su presentación, la más breve de la noche, es el colofón ideal. Sus temas se caracterizan por la sencillez y de inmediato resplandecen por sus arreglos, la claridad de sus letras, la sutileza de sus melodías y la elegante manufactura del todo. Un día a Chetes se le pronosticó futuro y aquí le han bastado veinte minutos para hacer bueno el augurio. Después de él, nadie protesta por la ausencia de Las Ultrasónicas.
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