miércoles, 15 de marzo de 2006

Orquesta Filarmónica de Viena: El buen gusto austriaco

15 de marzo, 2006 / 9 594 asistentes / Función única /

 2 hrs. de duración / Promotor: Conaculta 

Juan Arturo Brennan 
Siempre será un triunfo convocar a casi diez mil melómanos para escuchar un concierto sinfónico con repertorio clásico. Eso fue lo que ocurrió en la presentación de la Orquesta Filarmónica de Viena en el Auditorio Nacional: lleno total y una demanda extra que rebasó con creces el cupo del recinto. Para el concierto fue posible resolver, en buena medida, un problema que en ocasiones anteriores había significado un quebradero de cabeza para el equipo técnico del recinto: las peculiares condiciones acústicas del foro, que solían conspirar en contra de buenos resultados sonoros en lo que se refiere a conjuntos sinfónicos. Esta vez, el espléndido conjunto austriaco contó con una concha acústica, instalada por primera vez en este espacio, y los resultados sonoros fueron notablemente superiores a los obtenidos en ocasiones anteriores y en situaciones análogas. 
Suele ocurrir con frecuencia que las sinfónicas extranjeras que nos visitan llegan con programas de calidad dudosa, no por la falta de mérito de las obras, sino porque están concebidos con base en “caballitos de batalla”, para públicos poco exigentes y no muy conocedores. En esta ocasión, por ventura, la orquesta preeminente de Austria y su director, el maestro Riccardo Muti, propusieron un programa que si bien fue por completo clásico, no apeló a ninguna obra trillada, de ésas que se tocan por compromiso, y por ello se mantuvo muy por encima de los repertorios populacheros y chabacanos con que otras orquestas han pretendido halagar al público local. El resultado de esa buena selección del programa fue otro punto a favor de Muti y sus admirables músicos. 
Con la obertura a Rosamunda de Schubert, la Filarmónica de Viena mostró desde muy temprano su asombrosa capacidad para los matices dinámicos, logrando pianissimos sutiles y notables; como complemento lógico, cada crescendo fue construido sobre cimientos apolíneos y elegantes, sin recurrir a los exabruptos operísticos más típicos, por ejemplo, de Rossini o de Verdi. Después, la ejecución de la elegante Sinfonía No. 35 de Mozart; aquí, la sabiduría de Muti y la larga tradición mozartiana de los músicos vieneses se combinaron para ofrecer una versión plena de matices finísimos, y muy bien equilibrada en lo que se refiere a sus componentes lúdicas y expresivas. Articulaciones perfectas y un fraseo de claridad impecable permitieron que surgiera en todo su esplendor la luminosidad de esta partitura de Mozart, perteneciente al período más maduro de su creación sinfónica. Como parte de una actitud estilística congruente, la Orquesta Filarmónica de Viena utilizó para su interpretación de Mozart trompetas de válvulas rotativas, en lugar de las más modernas de pistones lineales, así como cornos de tubería más larga y compleja que los usuales. Para la Sinfonía Trágica de Schubert, Muti y los vieneses retomaron los perfiles de ejecución que establecieron en la Rosamunda inicial, sazonándolos además con la componente más oscura y dramática que está implícita en esta obra. 
El plato fuerte de la noche fue el soberbio y conmovedor poema sinfónico Muerte y transfiguración, de Richard Strauss, que recibió una ejecución detallista y depurada por parte de la orquesta, así como una lectura más intelectual que apasionada por parte de Muti. Notable resultó, sobre todo, el ensamble impecable de cada sección, de cada solo instrumental, de cada episodio de esta intensa narración de la agonía y trascendencia del hombre, resultado de una disciplina férrea que en ningún momento se contrapuso con la expresividad y emotividad necesarias para la buena ejecución de esta cima del romanticismo musical programático. 
Para los encores, Riccardo Muti volvió a mostrar su deseo de evadir el lugar común, y si bien se antoja lógico que una orquesta vienesa toque algo de Johann Strauss, el sobrio director no se fue por el camino del hit parade de sus valses más famosos, sino que ofreció la obertura de la opereta Índigo y los cuarenta ladrones. Y para concluir la jornada, el maestro, italiano al fin y gran director de ópera, condujo una versión intensa y dramática de la obertura de la ópera La fuerza del destino, de Giuseppe Verdi. En suma, un concierto notable por la calidad de la orquesta, por la experiencia del director, por el programa ofrecido y por la atención al estilo particular de cada obra y cada compositor, así como por las condiciones acústicas mejoradas. 

La tradición, excelencia y dilema 
La Filarmónica de Viena es una orquesta de tradición en el sentido más amplio del término. Una tradición de excelencia que se remonta a 160 años y que a su vez está formada de tradiciones subsidiarias. Una de esas tradiciones, por ejemplo, señala que antes de pasar a formar parte de la Filarmónica de Viena (OFV), un músico aspirante debe foguearse durante varios años en la Orquesta de la Ópera de Viena, lo cual es una idea bastante interesante. Otra de las tradiciones de la OFV, mantenida férreamente hasta la fecha, es la ausencia casi total de mujeres en sus filas y sus atriles. Muchas razones históricas y de tradición se han esgrimido para justificar este hecho, pero lo cierto es que en una época en que más y más mujeres están formando parte de las orquestas más importantes del mundo, esta es una tradición que bien podría revisarse y reconsiderarse. Para prueba, un botón. En su espléndida presentación en el Auditorio Nacional, la Filarmónica de Viena tocó las tres primeras obras con una sola mujer, una solitaria violinista en el último atril. Para el poema sinfónico Muerte y transfiguración, de Richard Strauss, se añadieron apenas dos más: la segunda arpa y la ejecutante del corno inglés. Va la pregunta retórica: ¿la Filarmónica de Viena sería una orquesta inferior si contara con más mujeres en sus atriles? Seguramente no. La prueba está en la calidad indudable de tantas y tantas orquestas del mundo que incluyen a mujeres en buen número. ¿Será hora ya de que esta tradición sea revertida para darle un perfil más igualitario a una de las mejores orquestas del orbe? (J.A.B.

Orquesta Filarmónica de Viena 
Director 
Riccardo Muti 

Programa 
Obertura Rosamunda D. 644 
De la ópera El arpa mágica 
Franz Peter Schubert (1797-1828) 
Sinfonía No. 35 K. 385 “Haffner” 
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) 

Intermedio 

Sinfonía No. 4 D 417 “La trágica” 
Franz Peter Schubert 
Muerte y transfiguración Op. 24 
Richard Strauss (1864-1949) 
Índigo y los cuarenta ladrones 
Richard Strauss 
La forza del destino 
Giussepe Verdi (1813-1901)
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