viernes, 24 de marzo de 2006

Marcos Witt: Más grande que Luis Miguel


24 al 26 de marzo, 2006 / 34 266 asistentes / 4 funciones / 

2 hrs. de duración / Promotor: T.R. Producciones, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
Estoy sentado en las primeras filas esperando a que el Espíritu Santo descienda sobre mí. Marcos Witt había dicho: “Hablen con la persona que está a su lado. Mírenla a los ojos, pregunten cómo se llama y oren para que el Espíritu Santo descienda sobre ella”. La butaca a mi lado estaba vacía pero desde la siguiente una mujer estiró su mano para entrelazarla con la mía y levantarlas en señal de alabanza. En seguida quiso saber mi nombre. Pensé que era el momento justo para explicarle que mi historia de vida me había llevado a tener serias dudas sobre la validez de la religión. En lugar de eso, le dije mis dos nombres y apellidos. La mujer comenzó a interceder ante Cristo resucitado para que mis enfermedades fueran sanadas, mis problemas económicos resueltos y mi familia armonizada. Se escuchó de nuevo la voz de Marcos Witt: “En unos cuantos minutos, en este Auditorio Nacional se va a sentir el beso del Espíritu Santo”. 
Estoy, pues, sentado en las primeras filas esperando. 
Delante de mí, otra mujer llora inconsolable. Sus manos, levantadas hacia el techo, tiemblan y sus labios murmuran un lenguaje desconocido. “Ya la besó el Espíritu Santo”, dice su esposo a la gente con orgullo de testimonial cristiano. Junto a ellos, su hija intenta hundirse en el asiento. Es una adolescente que en lugar de gritar “¡Gloria a Dios!”, se mesa el cabello, aburrida, y en lugar de alabar a Cristo jala un hilacho de su chamarra. ¿Por qué el Espíritu Santo ha descendido sobre la madre y no sobre la hija? Como decía Jorge Ibargüengoitia: “Misterio”. O en este caso, “Misterio Divino”. 
Marcos Witt, con la Biblia en mano, cuenta su conversación más reciente con el Creador: “Al inicio de este año, Dios me dijo: ‘Dile a mi pueblo que si me clama, yo responderé y le enseñaré cosas grandes y maravillosas’. Clamemos a Dios tres o cuatro minutos. Hay gente esta noche que necesita un milagro”. En efecto, esta noche se necesitan miles de milagros, incluyendo el de la adolescente impía. Sus padres oran para que el Espíritu Santo abra su corazón. 
Ganador del Grammy en 2003 y 2004 en la categoría al Mejor Álbum de Música Cristiana, Marcos Witt es todavía mejor que Luis Miguel, a quien las mujeres adoran pero los hombres le tienen cierto recelo. Su carisma cautiva hasta a los adolescentes precoces. Por ejemplo, hacia el final del concierto muestra en las pantallas gigantes una fotografía de su familia en la que destaca Elena Jeannette, su hija más bella, y provoca algunos gritos de “¡Suegro!”. Witt increpa: “¿Quién me gritó suegro? Que Dios te tenga en fuego lento por toda la eternidad”. La comparación con Luis Miguel no es gratuita: Kiko Cibrián, otrora director musical del cantante se mudó hace diez años de las filas de la balada pop a las del cristianismo y desde entonces no se había parado en un escenario, hasta que Marcos Witt lo invitó a este concierto. Con lágrimas, Cibrián acompaña con su guitarra el canto del Salmo 63 del Rey David y exclama: “¡Qué gusto me da estar con ustedes revestido de la gracia del Señor!”. 
La adolescente descreída se tira el cabello, aburrida y concentrada en el hilacho de la chamarra. Su padre intenta animarla: “¡Mira, es Kiko Cibrián, el de Luis Miguel!” Ella responde: “A mí no me gusta Luis Miguel”. Es entonces cuando Marcos Witt nos anima a preguntar el nombre de la persona sentada al lado para interceder por ella ante el Espíritu Santo. Y mientras la señora se estira sobre la butaca vacía para saber cómo me llamo y orar en mi beneficio, pienso en esa otra persona que no había acudido al concierto. En caso de asistir, ¿habría recibido el beso del Espíritu Santo o sería alguien como la adolescente incrédula? ¿Se habría entusiasmado con Kiko Cibrian? ¿Le gustará Luis Miguel? 
Eso pienso mientras espero a que el Espíritu Santo descienda sobre mí y Marcos Witt remata su presentación con “Dios es bueno”, su canción más popular. 

Dios no vota 
En septiembre de 2002, Marcos Witt se hizo cargo de la pastoral de Lakewood, en Houston, Texas. Entonces acuñó un lema dedicado a todos los latinos que viven en Estados Unidos: “Descubre el campeón que hay en ti”. Dijo, además, que su misión era “ayudarles a elevar su nivel de vida a través del amor a Dios”. 
No fue la primera vez que aludió al carácter social de su actividad pastoral. En México, con motivo de sus tres conciertos en el Auditorio Nacional hizo referencia a las elecciones presidenciales que se realizarían tres meses después: “El dos de julio, usted estése tranquilo porque Dios sigue siendo El Señor de México; Dios no ha abdicado el trono”. Con estricto apego a la enseñanza cristiana de “Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”, Marcos Witt remató: “México: yo te bendigo con toda bendición en el nombre de Jesús, ¡que la gloria del Señor te cubra desde California hasta Yucatán!”. 
Puesto que son asunto de los seres humanos, en su opinión las elecciones son una minucia ante el poder de Dios, así que sin importar quien gane las elecciones, auguró: “México, tus mejores días están delante de ti; de todos los países de América Latina, México es el mejor. Bendigamos este país maravilloso”. 
Con la misma fe, Witt ha trabajado para mover montañas en su Iglesia de Lakewood: “Queremos poner en las mentes y corazones de los hispanos una visón de victoria, que se vean como personas triunfantes, olviden su pasado y vean el futuro”. Todo sin necesidad de movilizaciones políticas, sino a través de la palabra del Señor. Eso se llama fe. (J.A.Q.

Santo y Seña 
Nombre completo: Jonathan Marcos Witt Holder. 
Primer golpe en la vida: Su padre, piloto de profesión, murió en 1964. La madre de Witt, Nola, cuenta: “Sufrió persecuciones a causa del Evangelio hasta que una de las amenazas se volvió realidad al ser derribada su avioneta”. 
Vocación: Desde muy pequeño acompañó a su segundo padre, Francisco Warren, por los pueblos de Durango para llevar la palabra de Dios. 
Familia: Tiene 20 años casado con Myriam. Sus hijos son Christopher, Jonathan, Elena Jeannette y Carlitos. 
Discografía: 16 álbumes: cinco vocales, tres instrumentales y 8 de alabanza. 
Opinión del Grammy: “No nos preocupa incrementar ventas; nos importa el corazón, el mensaje”. 
Las regalías: “Yo cobro las regalías de los discos. Dios no las necesita”. 
Un consejo: “Escupe todas las quejas, deja de maldecir y pon en tus labios una bendición”. 
Una enseñanza: “Dios me encargó enseñarle a América Latina el rostro alegre del Creador. Yo les digo: Sonrían más, abracen más, besen más”. 
Crítica recurrente: “Hay gente que dice que mi música tiene mensajes subliminales para bendecir a Satanás. La palabra de Dios nos dice que una misma fuente no puede echar al mismo tiempo agua dulce y agua salada. ¿Cómo podremos alabar y maldecir a nuestro Señor al mismo tiempo?” (J.A.Q.

Programa 
Se oyen las naciones / Levántate / Poderoso / Danzare & cantare / Vengan todos / El gozo del Señor / Al Rey / Yo te busco / Mi anhelo / Tu fidelidad / Hermoso eres / De Gloria en Gloria / Tu amor por mí / Enciende una luz / Mas el Dios de toda gracia / Dios de pactos / Cuán bello es el Señor / Tu mirada / Temprano yo te buscaré / Quiero cantar / Peña de Oreb / Dios ha sido bueno / Tengo libertad / Vivifícame / Venció / Aleluya / En los montes / Enciende una luz.
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