viernes, 3 de marzo de 2006

Los cuatro grandes del rock de los 60’s: El hubiera existe


Angélica María, Alberto Vázquez, César Costa y Enrique Guzmán / 3 y 4 de marzo, 2006 / 
19 077 asistentes / 2 funciones / 3:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
Allí estuvo Enrique Guzmán como vocalista de Los Teen Tops: delgado, cabello abundante, peinado impecable y sonrisa encantadora, subido en el ring de la Arena Coliseo. Aquí está Enrique Guzmán, con la misma sonrisa encantadora, en el Auditorio Nacional. Medio siglo ha transcurrido entre uno y otro concierto. El primero fue un festival organizado por estaciones de radio cuando el cantante tenía quince años; el segundo es parte de una gira junto a César Costa, Alberto Vázquez y Angélica María en donde él aparece al principio. Cuando está en la tercera canción, detecta que alguien apenas llega e interrumpe “Secreto amor” para recriminar: “¡Señora, es muy tarde! ¡Se perdió lo mejor de la noche: ya nos encueramos!". Ahora tiene sesenta y cuatro años. 
En aquel ring convertido en tarima de conciertos interpretó cuatro temas. Ahora le falta tiempo para satisfacer las peticiones del público. Y hasta cuenta una historia: “Compuse ‘Lucila’ para una pichi vieja que me ligué en una tardeada del Salón Riviera durante una tocada de El Millonario Ruíz y la Santanera”. Su público festeja, baila y canta sin recriminar la mentira: “Lucila” fue co-escrita por Little Richard. 
A la Coliseo asistió “lo más rebelde de la juventud”, según la memoria de Enrique Guzmán. En el Auditorio, el público viste traje y corbata, revisa con regularidad el teléfono celular y combina el color de sus zapatos con el de sus calcetines. Aquel primer concierto de su vida tuvo el éxito suficiente para que se editara un EP. Ahora, mientras canta “Popotitos”, se oye el murmullo de mujeres que ven la fotografía gigante del cantante que cuelga al fondo: “Es muy guapo”. En palabras de Enrique Guzman, en su presentación de hace medio siglo “fuimos unos adolescentes con aspiraciones de rebeldes”. Ahora, guitarra en mano, cierra su actuación con los acordes de “Satisfaction” y “Lupita mi amor”, que provocan un grito que suena a reivindicación nacionalista: “¡Guau, es el Mick Jagger mexicano!”. Nadie habla en pasado sino en un presente imaginario. Quizá por eso nadie recriminó la falacia de “Lucila”. El pasado siempre es mejor cuando lo recordamos tal y como queremos. 
En ese presente imaginario, Enrique Guzmán y Angélica María fueron novios, se casaron, tuvieron hijos y fueron felices. Tal fue el deseo de sus seguidores desde aquel bonito beso en el aeropuerto de la ciudad de México durante la escena final de Perros y gatos. En la vida real no se casaron ni tuvieron hijos. Pero ahora están juntos en el escenario para hacer un dueto: Yo sé que es difícil olvidar / más me debes perdonar / porque tú eres para mí la eternidad. Al final, él intenta darle un beso. El público usa otra vez su tiempo verbal: “Son el uno para el otro”. Se queda ella sola. En diez minutos reúne su pasado rocanrolero con un popurrí que se convierte en alarde de voz mientras cinco señoras bailan. Llevan vestidos color pastel y peinados de colitas. Nadie se fija en que las colitas ya son bicolores —blanco y negro— y que los vestidos están estirados a su máximo posible. El resto de la presentación de La Novia de México es una historia de amor narrada con sus canciones que resulta un viaje no sólo al pasado, sino a diversos géneros musicales. El protagonista es Manuel, un hombre encantador (Qué muchacho vivaracho, eres loco, eres todo un pulpo) que enamora a una mujer de telenovela (“Ana del aire”) y empiezan un noviazgo con ciertas reservas (“Paso a pasito”). Al final, el fracaso: A dónde va nuestro amor, cariño mío, / si donde hubo calor, hoy sólo hay frío. Ante tanta tristeza, un coro de mujeres le sugirió a la cantante: “Ahí está Quique para casarse y tener hijos”. Para ellas, el hubiera sí existe. 
Con César Costa no es necesario el tiempo verbal imaginario. En el fondo cuelga una fotografía gigante de cuando era joven, pero parece que se la hubieran tomado unos días atrás. Lo confirma el grito femenino y anónimo desde el segundo piso: “¡Estás igualito!”. 
Se presenta con el mismo tipo de suéteres suizos con los que se hizo famoso en su juventud. Canta “La historia de Tommy”, versión tan exitosa de “Tell Laura I Love Her”, que en 1963 se hizo un filme que utilizó el coro como título: “Dile que la quiero”. Luego revive recuerdos con sus versiones en español a composiciones de Harry Belafonte y Paul Anka. Remata con “Tierno”, melosa ganadora del segundo lugar del Festival OTI en 1983. Otra vez se escucha el grito anónimo que insiste en que César Costa conserva la misma voz, carisma y hasta repertorio de los sesenta. Él responde con una broma: enseña un suéter diminuto idéntico al que trae puesto y que, asegura, fue el primero de su vida. En efecto, parece que nada ha cambiado desde que debutó con Los Black Jeans, cuyo primer éxito fue “Como un tigre”. Pero que nadie diga que César Costa es el Fausto del rocanrol mexicano porque va contra sus creencias: “Las cosas suceden por alguna razón. Yo nunca he querido regresar el tiempo para volver a hacer algo”, y en su popurri incluye “Como un tigre”. 
Otra imagen que parece inamovible es la de Alberto Vázquez con un cigarro en mano. Desde que Costa se despide y lo presenta, la expectación es general. En lugar de aparecer llanamente en el escenario, Vázquez llega en un convertible gris sobre Paseo de la Reforma y cruza la puerta principal mientras el público lo sigue en las pantallas del foro. Se escucha su voz: I hauled sixteen tons of number nine coal / and the straw-boss said... La gente voltea a todos lados, pero no lo encuentra hasta que el cantante enciende su cigarro. Baja por el pasillo mientras invita a César Costa para que haga el coro en “O quizá simplemente te regale una rosa”. El cigarro se consume lento. Su voz grave y varonil también consume los deseos de sus seguidoras que no paran de suspirar. En el mismo cigarro también cabe un popurrí de Elvis Presley y hasta las guitarras y maracas de aquella composición de Joan Sebastian: Llevamos juntos serenata, / juntos hasta el balcón aquel. El cigarro, a punto de extinguirse, tiene la suficiente vida para el momento esperado. Alberto Vázquez fuma, exhala el humo, frunce el ceño en señal unívoca de arrepentimiento y empieza: Reconozco, Señor, que soy culpable... 
El público aplaude, feliz, y resume el concierto con una frase conjugada en presente: “Estos cuatro son grandes”. 

Historia de papel 
Abro el periódico. 17 de septiembre de 1971. En la primera sección se publican todavía varios desplegados que felicitan al Lic. Luis Echeverría Álvarez por los “resultados ofrecidos en su informe de gobierno”. En la pequeña columna de la página dos, un periodista reclama “una explicación por Los Halcones y los sucesos violentos del 10 de junio”. La primera plana de deportes se dedica a la selección de futbol femenil que el domingo enfrentará a Dinamarca en “el mundial de la especialidad”. 
Espectáculos: Alain Delon filma en Xochimilco una película sobre el asesinato de Trotsky. Los columnistas de la sección se rasgan las vestiduras por el “aliviane y destrampe” de los jóvenes en el Festival Avándaro y se escandalizan ante el rumor de que habrá otro en Puebla. 
La cartelera de cine anuncia el gran estreno de una comedia en el Cine Regis: Caín, Abel y el otro. Caín es Enrique Guzmán, Abel es César Costa y el otro es Alberto Vázquez. En el cartel publicitario se lee: “Por amistad son como hermanos. Por dinero son como cuñados... pero en cosas de mujeres son como Caín, Abel y el otro”. Los créditos destacan la actuación de Germán Valdés Tin-Tan. Si alguien leyera este periódico en el año 2006, se daría cuenta de que Tin-Tan, reconocido hoy como el primer genuino rockero mexicano, es comparsa de los tres rocanroleros más populares. 
En la siguiente página, Enrique Guzmán explica en entrevista su transformación en comediante: “El cantante tenía que superarse. Pienso que el artista debe entregar música o risas; quizás ambas cosas. Quien sea espontáneo en estas manifestaciones, créame, asegura una larga vida”. 
Tampoco César Costa ni Alberto Vázquez son ya los rebeldes de La edad de la violencia, filme que protagonizaron en 1961. Pensando en el futuro, Vázquez dice que quisiera ser un actor de carácter. De hecho, presume que el próximo mes se estrena Mi niño Tizoc, donde fue dirigido por Ismael Rodríguez: “Creo que Alberto Vázquez ya es una persona seria”. 
La última página del periódico es publicidad de Telesistema Mexicano que anuncia el estreno de la telenovela Muchacha italiana viene a casarse, en la que Angélica María, obvio, es la muchacha italiana. Dirigido por Ernesto Alonso, el melodrama entierra la imagen rebelde y psicodélica que la gente había imaginado tres años antes con la cinta 5 de chocolate y 1 de fresa. 
Guardo el periódico. Imagino cómo serán los cuatro en 2006. ¿Habrá Alberto Vázquez logrado ser una persona seria?, ¿habrá cumplido Enrique Guzmán su anhelo de larga vida artística?, ¿seguirá Angélica María haciendo telenovelas?, ¿se reunirían los cuatro para ofrecer un concierto juntos en el Auditorio Nacional? (J.A.Q.

Programa 
Enrique Guzmán: Te seguiré / Más / Con y por amor / Secretamente / Cariño y desprecio / Tu cabeza en mi hombro / Pensaba en ti / Lucila / Popotitos / La Plaga / Ángel de la mañana / Hey Lupe / Oye / Lo sé / Acompáñame / Buen viaje / Angélica María: Bésame / Angélica María con Enrique Guzmán: Ámame / Angélica María: Miguel / La basurita / Imaginación / Una copa de champagne / Ella no es mejor que yo / Tú sigues siendo el mismo / El hombre / A dónde va nuestro amor / Yo que no vivo sin ti / César Costa: Me estás haciendo falta / Diana / Historia de Tommy / Historia de mi amor / Besos por teléfono / Popurrí: Tus ojos - Agujetas de color de rosa - Hiedra venenosa - Cerezas - Speedy González - Cosas - Mi pueblo - El tigre / Adiós a Jamaica / Negra paloma / My Way / Vaso de vino / Tierno / Al compás del reloj / Amorcito loco / Chica mala / Adán y Eva / No existe el amor / Alberto Vázquez: 16 toneladas / Olvida / Cosas / Desencadena mi corazón / Para decir adiós / La rosa / Tú significas todo para mí / Fue en un café / Con César Costa: La felicidad / Rock del reloj / Si la invitara / Anoche me enamoré / El jovencito / Quiero ser libre / Atrás de la raya / Maracas / Al modo mío / El pecador.
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