domingo, 26 de marzo de 2006

Idan Raichel Project


26 de marzo, 2006 / 176 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Fundación Integrus A.C. 

Nayma González
El fenómeno “world music" o música del resto del mundo, es decir, la creada más allá de los regidores del mercado occidental —Gran Bretaña y Estados Unidos—, y su fusión con géneros tan consolidados como el pop, rock o la música clásica, ha conseguido una notable masificación desde los años ochenta gracias al interés de compositores como Paul Simon (Graceland, 1986), Talking Heads (Remain in Light, 1980) y mucho antes Joni Mitchell (The Hissing of Summer Lawns, 1975), quienes a sus creaciones incorporaron las influencias de zonas a las que “Occidente” no había prestado atención. 
Hoy el género tiene el respaldo de las cinco compañías discográficas más poderosas, así como de sellos más modestos (Putumayo, Real World) que han instalado este exotismo en el gusto popular, lo que permite que en casi todo el mundo sean reconocibles artistas de Latinoamérica (Carlos Vives, Shakira, Lila Downs), África (Youssou N’Dour, Cesaria Evora) y el Medio Oriente, representado esta noche por Idan Raichel, originario de Kefar Sava, Israel, y que a sus veintiocho años tiene la aspiración de “mezclar el lenguaje bíblico y el argot con la música que representa nuestro lenguaje nativo”. Su primer intento cobró forma en su álbum debut, Idan Raichel’s Project (Helicon, 2002), que presenta una fusión de estilos sin precedente: baladas, texturas electrónicas y un trabajo vocal multilingüistico (árabe, amárico y principalmente hebreo). Como ejemplo está la letra de “Hinech Yafah”, adaptada del Cantar de los Cantares en lengua árabe, interpretada sobre progresiones occidentales, o “B’rachot L’shanah Chadashah”, que samplea bendiciones judías. De igual manera, sencillos como “Boi”, “Im Telech” y “M’dab’rim B’sheket” le dieron a Raichel gran popularidad por su difusión en la radio de su país y entre la comunidad judía de otras naciones. 
En su segunda visita a México —la primera fue en el Festival Internacional Cervantino, en 2005— promueve su segundo disco, Mimaamakim, que incorpora elementos de música judía, etíope, turca, griega, yemenita y electrónica con un pop-folk cada vez más pegajoso y cantado ahora también en hindú y hebreo yemenita por vocalistas etíopes y yemeníes que lo acompaña en gira. 
Se le ve tímido, posiblemente sorprendido por el entusiasta recibimiento de la numerosa comunidad judía —jóvenes en su mayoría— que corea en hebreo los hits y le vitorea cada intervención, como la anécdota ingenua sobre una chica en Nueva York que después de un concierto le recitó al oído: “Todo lo que importa es el espíritu”. Puede ser; lo seguro es que Raichel se ha convertido en un embajador cultural instantáneo, habilidoso al fusionar géneros aprehendidos desde su niñez, pasando por sus pininos como acordeonista, tecladista y ahora convertido en uno de los mayores exponentes de la música judía contemporánea. 
Trascendiendo la ocasión de una festividad judía, las barreras lingüísticas y la parafernalia previsible del folclor —músicos descalzos, ataviados con prendas deshilachadas, cabelleras revueltas y largas como raíces que se transforman en dreadlocks, todos tomados de la mano, merecen una mención aparte los instrumentistas invitados, particularmente el jicarista, un joven más en plan de mago que de músico, cuyos derrames controlados de agua en un par de vasijas dotaron de voz cristalina al líquido; un suceso orgánico, conectado con la tierra y sus elementos, acompañado del aroma a suelo húmedo provocado por la oportuna lluvia que, además de servir como rúbrica al espectáculo de Raichel, podría dar pie a un nuevo concepto: el pop-rock hidro-poético.
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