jueves, 2 de marzo de 2006

Dream Theater: Repaso obligado



2 de marzo, 2006 / 9 549 asistentes / Función única / 

3 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

David Cortés
No siempre se cumplen veinte años y los neoyorquinos de Dream Theater lo saben. En su tercera visita a México, además de presentar Octavarium, su octavo álbum en estudio, aprovechan la ocasión para ofrecer una retrospectiva con lo más representativo de su repertorio. An evening with…, el título de la gira, presagia intimidad y ésta se manifiesta desde las primeras notas. 
Exponente y pionero del prog metal, el quinteto funciona de manera tan precisa que se hace deseable percibir una equivocación, un titubeo, para tener la certeza de que los músicos no han perdido aún su condición de humanos. Sin embargo, los rasgos maquinales desaparecen cuando Mike Portnoy —ganador durante diez años del título de mejor baterista progresivo otorgado por la revista Rock Drummer— opta por la acrobacia: se levanta de su banquillo, sin dejar de tocar con pies y manos, para pedir aplausos; arroja sus baquetas al staff tras bambalinas y éste se las regresa para el lucimiento del primero. El guitarrista John Petrucci también abandona el rigor cuando hace un reconocimiento a la doble simiente de la banda: el rock progresivo —al intercalar un fragmento de “Wish you were here”, de Pink Floyd— y el heavy metal —parafraseando “Wherever I may roam”, de Metallica. Y el vigor le gana a la técnica depurada en la urgente entrega del vocalista James LaBrie; en los frecuentes solos del tecladista Jordan Rudess y en la energía desplegada por el bajista John Myung. Los devotos aclaman la música y también cualquier exceso circense. 
Llama la atención que Dream Theater ha edificado su reputación a partir de los mismos elementos que en la década de los setenta significaron la ruina del rock progresivo. Igual que sus mayores influencias —Genesis, Yes, Emerson, Lake & Palmer, entre otros, a quienes rindieron homenaje al mostrar las portadas de sus álbumes más significativos en las pantallas gigantes—, el grupo se sustenta en el virtuosismo de sus integrantes; sus composiciones son de larga duración e incluyen abigarrados pasajes instrumentales, con largos solos y un carácter épico rayano en lo rimbombante. Sin embargo, a diferencia de aquellos fundadores, Dream Theater recurre al heavy metal en vez de coquetear con la música sinfónica. Y en ese encontronazo de fuerzas quien sale mejor librado es el progresivo. 
Este recuento de dos décadas es ilustrativo porque, al hacerlo de manera cronológica, se advierte una evolución en distintas direcciones. Notorio es que, sin hacer menos a la crudeza de la guitarra, los teclados cada vez tienen más espacio. Como muestra basta escuchar algunos temas de Octavarium (2005), donde los guiños a Genesis, Yes y Camel son evidentes. 
No deja de ser curioso: esta banda que dejó en el camino a contemporáneos como Queensrÿche y Fates Warning, que desbrozaron el camino del prog metal sin alcanzar un gran éxito, ha levantado su reinado con mínima exposición radiofónica y televisiva. Si Dream Theater es capaz de convocar a una multitud se debe a la buena hechura de su música y al oficio de sus integrantes. ¿Quién negará que esta combinación de fuerza y sutileza ha alcanzado visos de maestría en sus manos? Aquellos que han reproducido cada uno de sus discos infinidad de veces y memorizado los DVDs están más que jubilosos: nada se compara al impacto de la música en vivo, a la sensación de ser aprehendido por ésta sin posibilidad de escape. 

Este grupo es pequeño para mis intereses 
La intensa actividad de Dream Theater desde 1986 no es suficiente para sus integrantes y por eso han desbordado su creatividad en diversos proyectos paralelos. 
El guitarrista John Petrucci, Mike Portnoy y Jordan Rudess (el último aún no era miembro oficial de Dream Theater), más el bajista Tony Levin, formaron Liquid Tension Experiment, con el cual grabaron: Liquid tension experiment y Liquid tension experiment 2, obras inclinadas a la fusión jazz rock. Petrucci además ha colaborado con Explorers Club (Age of impact), G3 (Live in Tokio) y en 2005 debutó como solista (Suspended animation). 
El bajista John Myung es el menos activo del quinteto. Se alió con el tecladista Derek Sherinian (ex Dream Theater), el percusionista Rod Morgenstein (ex Dixie Dregs) y el cantante Ty Tabor (King X), y con el nombre de Platypus editaron Ice cycles, también en la vena de la fusión. 
En 1999, el cantante James LaBrie formó Mullmuzzler, con quien grabó Keep it to yourself y MullMuzzler 2. El vocalista también ha colaborado en diversos proyectos, siendo Ayreon (The human equation) uno de los más conocidos. En 2005 lanzó su primer disco en solitario, Elements of persuasion, trabajo de prog metal que según algunos críticos está a la altura de las mejores obras de Dream Theater. 
El baterista Mike Portnoy formó Transatlantic, un supergrupo de neoprogresivo, con Neal Morse (Spock’s Beard), Pete Trewavas (Marillion) y Roine Stolt (The Flower Kings), con quien ha grabado dos discos en estudio y un par en concierto. Como músico invitado forma parte de Office of Stategic Influence (O.S.I.), integrado por Jim Matheos (Fates Warning) y Kevin Moore (Chroma Key) y que cuenta con un par de álbumes en una vena progresiva con matices sicodélicos. 
El tecladista Jordan Rudess, por su parte, comenzó su carrera solista en 1988. Tras unirse a Dream Theater ha colaborado con Jupiter, David Bowie y Prefab Sprout, entre otros, y en solitario cuenta con Feeding the wheel, 4NYC y Rhythm of time, en los cuales muestra una diversidad de intereses: jazz, música clásica, heavy metal y progresivo (D.C.



Programa 
The root of all Evil / Panic attack / A fortune in lies / Under a glass moon / The mirror lie / Peruvian skies / Fatal tragedy / Solitary shell / About to crash / Losing time / As I am / Endless sacrifice / I walk beside you / Sacrificed sons / Octavarium / In the name of God / Wait for sleep / Learning to live.
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