viernes, 2 de diciembre de 2005

Jazz de México por México



Por los niños de Chiapas / 2 de diciembre, 2005 / 414 asistentes / Función única / 


3:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN / José Eduardo Schwarz 

Gustavo Emilio Rosales 
Ella pertenece a la especie de beldad consignada por el poeta: se muestra eléctrica ante el micrófono; su voz es desnudez que lentamente se desplaza de la piel a las turgencias, desafiante. A los dieciocho veranos, Ximena Sariñana teje el puente necesario entre las cimas señaladas por el piano blanco de Héctor Infanzón y la nigromancia vocal de Iraida Noriega en esta noche de jazz. Velada definida por la generosidad. 
Como pocos, Charles Mingus nos dice con su obra que al jazz se le desata bajo cualquier pretexto, casi no habría forma de evitar el encuentro con él. Escucharlo o no escucharlo: esa es la cuestión. Y es ésta la experiencia que hoy rige en el Lunario porque Schwarz Marketing ha convocado a esta ceremonia jazzística, realizada por una pléyade de entusiastas intérpretes, para en una sola sesión recabar fondos para el impulso del programa Todos en la escuela, que promueve el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. Música que vale lo que pesa en pesos; capital que pesará al momento de traducirlo en útiles escolares para niños indígenas que, de acuerdo con lo dicho en un intermedio informativo por Yuriko Yazukawa, representante del organismo internacional en México, enfrentan la situación de mayor desigualdad en el país. 
Por lo pronto la noche, estimulada por atributos musicales, es una poderosa exhortación al gozo. Desde el Petroff que, albino, ilumina la penumbra del copeo sin discreción, ayudado por la abundante presencia de blondas cabelleras, Infanzón libera un teje-maneje de sonidos asombrosos que de manera vertiginosa siguen, cambian, completan y alimentan los talentos del bajista Aarón Cruz y del percusionista Giovanni Figueroa. Sólo un par de ciclones, llamados “Zócalo” y “Huapango”, y el gran pianista se marcha a sabiendas que ha dejado caliente la maquinaria. En efecto, sin demora inicia el desfile de músicos que no habrá de cesar hasta que el público, al filo de las dos de la mañana, dé muestras evidentes de querer irse a la cama porque en unas horas habrá que trabajar. Babo González y David Alexandre se encargan de atizar el fuego con un dueto que no por digerible deja de ser alentador. No tardan en unirse Enrique Neri al piano, y la bella Sariñana para promover un giro al timón y conducirnos de inmediato al territorio de la miel: “Pasión”, “Delirio”. 
Van y vienen los relevos. Pepe Hernández al bajo y Toni Cárdenas en la batería respaldan con enjundia el regular desempeño vocal de Maricarmen Alonso en “No me vayas a perder”. Entra al quite Iraida Noriega y cantan “Dreams” y “La Josefinita”. Súbitamente ocurre un malabar y ya tenemos a un quinteto de furiosos articulando “Scrupp”, una de las mejores realizaciones de este jam, en la que Diego Maroto hace volar al saxofón. Las crestas serán más que los valles y se llaman “My Funny Valentine” con Sariñana; “Dust in the Wind”, en versión groovy decorada por Iraida, y un exultante recorrido por “Moon Dance”, de Van Morrison, con Elizabeth Meza en voz y Neri al piano. Así, la geografía del Jazz de México por México fue un paseo digno de ser repetido en la memoria.
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