jueves, 15 de diciembre de 2005

El Cascanueces: El aniversario de una tradición


15 al 23 de diciembre, 2005 / 12 funciones / 41 053 asistentes / 1:30 hrs. de duración / 

Promotor: CONACULTA / INBA / FUAAN Financiera, S.N.C. 

Gustavo Emilio Rosales 
Hay dos enormes soldados de juguete, de perfil, flanqueando el escenario. Hace un minuto, con el telón cerrado, se encontraban frente a frente, a punto de besarse, lo que no tiene mucho de protocolo militar. Parece que ellos mismos, al separarse con paso marcial, han abierto por la mitad la gran extensión de telón rojo para mejor atisbar el espacio donde la danza suscitará regalos, transformaciones, batallas entre roedores y muñecos, así como un desfile generoso de seres y melodías extravagantes. 
Somos, los espectadores, invitados de estos dos gentiles gigantes a la fiesta navideña de Clara, niña que desde hace más de un siglo, año con año, recibe como presente un cascanueces que en dimensión de ensueño cobra vida para llevarla a una aventura donde, para ambos, se bailan piezas exquisitas; raras, como las bailarinas que forman la corona de la Reina de las Nieves, su primera anfitriona en un mundo fantástico. 
Clara y su cascanueces mágico nacieron como personajes en la imaginación musical de Tchaikovsky en 1892, cuando el Ballet Imperial Ruso estrenó la coreografía correspondiente, articulada por Lev Ivanov a partir de los apuntes de su maestro, Petipa, en el legendario Teatro Mariinsky, de San Petersburgo, en programa doble con la ópera Iolantha, también del célebre compositor. Las más importantes compañías la mantienen como núcleo decembrino; sobresalientes coreo-compositores la han homenajeado e intentado transformarla; pero esta temporada, de la cual hoy atestiguamos la velada inicial, es significativa porque con ella la Compañía Nacional de Danza celebra el vigésimo quinto aniversario de tenerla como parte de su ya considerable repertorio. 
Todos los bailarines se muestran diligentes, especialmente los niños, quienes participan como amigos de Clara, como guerreros en la batalla entre las huestes de soldados de juguete y las del Rey de los Ratones, o como el coro de la Reina de las Nieves; ellos no olvidan que entre nosotros —sus testigos— se encuentran amigos y familiares que los apoyan y estimulan con ocasionales aplausos entre escenas. Esta dedicación y el atractivo diseño de escenografía y vestuario, que estallan en colores y son de dimensiones adecuadas para que la danza suceda sin contratiempos, ayudan a que las evoluciones coreográficas, proyecten, aun vistas de lejos, su vigor. 
El gran tamaño de la boca-escena del Auditorio permite apreciar los flujos fundamentales de las acciones, lo que en el Teatro del Palacio de Bellas Artes —donde se representaba anteriormente— no era tan notorio. Se trata de un cauce de movimiento horizontal en el primer acto, que transcurre fundamentalmente de izquierda a derecha de quien lo mira desde la sala y que, por lo mismo, porta un talante cinematográfico, y una dirección principal de atrás hacia delante en el segundo y más vistoso, que es donde desfilan, como en revista de variedades, los personajes que agasajan a Clara y a su salvador con bailes de diferente procedencia. 
En el segundo acto crece la atención de los espectadores, porque los niños, que se cuentan en gran número, aprecian con fruición la bella música —lástima que hoy no haya tocado la orquesta que actuará en la mayor parte de la temporada— y las carismáticas danzas del chocolate español, el té de China y una larga lista de figuras de ilusión que en tonos de creciente alegría preceden el baile del Hada de Azúcar y su caballero, uno de los duetos más apreciados en toda gala de ballet. 
La experiencia de Jorge Vega como primer bailarín crea un marco adecuado para que la solista Iratxe Beorlegui, ahora figura principal, proyecte con seguridad el donaire que le es propio cuando inventa, en extensiones y desplazamientos que se antojan sin fin, mil y un cuerpos más allá del suyo. Sin excesos, ambos han logrado consumar el famoso pas de deux, punto final para esta función conmemorativa de la más importante tradición navideña en la danza del Occidente creada a finales del siglo antepasado. 

Los responsables de la fiesta 
Dariusz Blajer es originario de Polonia y nacionalizado mexicano desde hace veinte años. Fue bailarín, maestro y coreógrafo de la Compañía Nacional de Danza (CND); actualmente, desde su posición como director de la misma asegura: “Es importante mantener la versión original de El Cascanueces por su claridad estética y conceptual, que no posee ninguna otra. El montaje de la CND se basa en el rescate que de esta obra hiciera Nina Novak a partir de observar la tradición resguardada por los Ballets Rusos de Montecarlo, donde se asentó primordialmente la creación de Lev Ivanov”. 

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La maestra Natasha Lagunas, quien coordina los cuadros infantiles de la puesta en escena, menciona que ésta es un puente significativo entre la escuela de la compañía y el cuadro de bailarines profesionales. “Se trata de la mejor oportunidad que tenemos para realizar un trabajo conjunto”. 

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“Estrenamos nuestra versión de El Cascanueces en 1980, en la ciudad de Monterrey, pero no funcionó. Era la época en que la esposa del presidente López Portillo, Carmen Romano, otorgó un gran impulso al desarrollo de las artes, por lo que se pretendía que obras de este corte se asimilaran como patrimonio nacional. Entonces, Jorge Cano, Laura Echevarría y yo fuimos comisionados para hacer los arreglos coreográficos pertinentes, que consistían en calibrar la dramaturgia y adecuar el ritmo general. Yo propuse que se incluyeran niños, bailarines en formación, porque esto le daría más vitalidad al montaje. A la postre fue así. Ahora el reto que tenemos en el Auditorio Nacional es ampliar el rango de proyección de los intérpretes, aumentar el tono de sus intensidades expresivas, para que el espectador que se encuentre en la última butaca pueda también vibrar con esta historia”, comenta Carlos López, uno de los maestros principales y más respetados de la CND. 

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“Para una bailarina experimentada como yo, la oportunidad de bailar Cascanueces es valiosa porque permite revisar detenidamente las bases del oficio. También es una ocasión en la que puedes apoyar con tus conocimientos a los compañeros que se inician en la interpretación de roles principales. De la misma manera me apoyaron a mí anteriormente, porque en una compañía estable los bailarines veteranos se convierten paulatinamente en maestros de quienes comienzan”, apunta Irma Morales, primera figura de la CND. 

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Jacqueline López es, precisamente, una bailarina que comienza a ocupar los primeros sitios del repertorio. La música de Tchaikovsky, en esta pieza, le brinda motivos para explorar sus propias cadencias corporales. “Creo ritmos y timbres en diversas partes de mi cuerpo, lo convierto en una diversidad que se integra en armonía”. 

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La investigación que, por su cuenta, realiza José Luis González en el papel de Drosselmeyer, el padrino de Clara, quien tiene mucho de mago, “está relacionada con lo actoral: aplico matices de teatralidad para crear un personaje alegre, cuyo misterio se traduzca en brillante movimiento”. 

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El niño Óscar Omar Enríquez considera que participar en esta obra, tras bailar durante cuatro años en la escuela de la CND, es una “oportunidad inmensa para comenzar a dominar la auténtica técnica”. Su compañera, la jovencita Triana Botaya, opina que “es indispensable asumir la actitud del personaje y de la situación teatral durante todo el tiempo, porque si no el público no te cree y pronto se aburre”. El objetivo de ambos, dentro del ballet, parece muy sencillo: “Destacar”. (G.E.R.


El Cascanueces 
XXV Temporada 
Libreto 
Marius Petipa, basado en la versión de Alejandro Duma del cuento de E.T.A. Hoffmann 

Música 
Piotr I. Tchaikovsky 

Coreografía 
Nina Novak, sobre la original de Lev Ivanov 

Arreglo coreográficos 
Laura Echevarría, Carlos López, Jorge Cano 

Regisseur 
Carlos López 

Escenografía 
Laura Rode 

Diseño de vestuario 
Carlos Demichelis 

Iluminación 
Víctor Flores 

Efectos especiales 
Alejandro Jara y Grupo Profesional de México 

Primeros bailarines 
Sandra Bárcenas 
Irma Morales 
Laura Morelos 
Raúl Fernández 
Jaime Vargas 
Jorge Vega 

Primeros Solistas 
Carmen Correa 
Alma Rosa Cota 
Jacqueline López 
Aurora Vázquez 
Jiandy Martínez 
Rafael Santiago 

Solistas 
Iraxte Beorlegui 
Martha De Ita 
Giselle Gómez 
Slauka Ladewig 
Patricia Orozco 
José Luis González 
Ryoichi Iketani 
Ares Perezmurphy 
Guillermo Ríos 

Y 56 bailarines más 



Orquesta del Teatro de Bellas Artes 
Director huésped 
Enrique Patrón de Rueda

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