martes, 6 de diciembre de 2005

David Copperfield: Trece trucos para disfrutar del ilusionismo


An Intimate Evening of Grand Illusion / 6 al 11 de diciembre, 2005 / 9 funciones / 
32 913 asistentes / 1:45 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. DE C.V. 

Fernando Figueroa
1 Ingrese al Auditorio Nacional pensando que Santa Claus, los Reyes Magos y David Copperfield sí existen, y son capaces de darle los regalos que más desea. Seguramente regresará a casa con un costal lleno de lágrimas, risas y emoción. 
2 Si Copperfield le pide cerrar los ojos y pensar que viaja al lugar de sus sueños, hágalo de inmediato. Si su imaginación no está del todo afinada, él le ayudará contándole la historia del abuelo paterno, quien dejó de dirigirle la palabra cuando supo que su nieto quería ser mago —tenía temor de que muriera de hambre. 
3 El ilusionista más popular de todos los tiempos hará posible que un impecable Lincoln 1948 aparezca en escena; es decir, el auto que su abuelo siempre quiso tener sin conseguirlo jamás. Se trata de un acto realmente bueno, además de un noble ajuste de cuentas porque el mago comentará que el vehículo es un regalo para su ancestro. En ese momento, usted estará en posibilidad de cerrar alguna vieja herida emocional y entonces le parecerá que fue buena decisión asistir al espectáculo. 
4 El ex novio de Claudia Schiffer lanzará pelotas o frisbees a los espectadores; quienes logren atraparlos, subirán al escenario para trepar a una plataforma, desaparecerán de ahí y surgirán de manera sorprendente entre los pasillos. Para que el impacto sea explosivo, usted no debe cuestionar ningún paso de este acto y limitarse a aceptar lo que sus ojos ven. 
5 Quien ocupa el lugar número trece entre los hombres más ricos del mundo del espectáculo, elegirá a una espectadora de la tercera edad para “tener un hijo con ella”. Aunque la anciana toque el trasero del mago, usted siga pensando que fue elegida al azar. Ría cuando el entretenedor utilice un mexicanismo de la televisión comercial —“arribotota"— para sugerir que hace el amor con la futura madre de su crío. 
6 Agradezca que el divo del ilusionismo bromee con la estatura de Armando Manzanero, la delgadez de Agustín Lara y el temperamento de Juan Gabriel. 
7 En este show, usted se ganará literalmente la lotería y tal vez eso le sirva para dejar de gastar dinero en el huerfanito que le ofrezcan en la vida real. No trate de averiguar cómo es que aparecen impresos en papel los números que el público acaba de pronunciar en voz alta. 
8 Asústese cuando Copperfield intente sostener un escorpión gigante y dé rienda suelta a su capacidad de asombro si el aguijón del animal señala la misma carta que antes eligió un voluntario. Suelte la carcajada cuando el showman diga “chiste” (lo hace cada vez que algo supuestamente gracioso no surte el efecto deseado). 
9 Cuando el entretenedor traspase literalmente una gran plancha de acero colocada en posición horizontal, haga de cuenta que una sábana blanca no le impide ver qué diablos sucede tras ese velo; si él se pone de pie sobre la parte superior, como un fantasma, limítese a creer que realmente consigue su objetivo. 
10 Disfrute del video en el que se recuerdan los logros más importantes de este artista: a los siete años aprende sus primeros trucos con una baraja (¡se los enseña ingenuamente su abuelo!), a los dieciséis da clases de magia a los alumnos de teatro de la Universidad de Nueva York; rompe récords de audiencia en las cadenas de televisión ABC y CBS, que se disputan su exclusividad; vuela sobre el Gran Cañón; desaparece la Estatua de la Libertad, un boeing 747 y una locomotora del Orient Express; cruza la Muralla China; escapa de Alcatraz, sale ileso de entre los escombros de un edificio de trece pisos; se desplaza sobre las Cataratas del Niágara, y en Nevada crea el más grande museo de objetos relacionados con la magia. 
11 Si en el año 2004, usted vio An Intimate Evening of Grand Illusion en el Coso de Reforma, quizá habrá detectado la mecánica de varios trucos de David Copperfield. En tal caso, actúe como lo hizo en su infancia, cuando alguien le dijo que los Reyes Magos no existen; usted no comentó nada en casa. Hizo su carta, la puso en el zapato y se levantó en la madrugada del seis de enero para disfrutar de los regalos que mereció por portarse bien todo un año. 
12 Espere con paciencia a que este ilusionista desaparezca la luna. Dice que lo hará en el año 2010. 
13 Crea que los sueños pueden hacerse realidad. 

El Patch Adams de la magia 
Cierro los ojos y me traslado a los años noventa, cuando vi volar a David Copperfield en este mismo escenario y, lo más importante, observé el pasmo en la cara de mi hija mientras el ilusionista se desplazaba por el aire. 
Vuelvo a instalarme en mi butaca en aquel día y veo copos de nieve que caen no del cielo sino del techo. También contemplo los ojos felices de mi niña y sus manos que tratan de atrapar pedazos de escarcha artificial. 
La memoria me instala en 1997 como reportero en un hospital del Distrito Federal, donde el mago le enseña a niños enfermos cómo hacer algunos sencillos trucos. Ellos se maravillan tanto por la presencia del artista estadounidense como por sus enseñanzas: aparecer determinada carta de un juego de naipes, jugar con una liga entre los dedos. Se trata de una muestra de lo que es su Proyecto Mágico, con el que se mejora la autoestima de infantes con problemas físicos y emocionales. Miro los rostros felices de los pequeñines y me conmuevo tanto más que cuando Copperfiled nos hizo creer que rompió las leyes de la gravedad (o de la óptica). 
Mi admiración por él crece cuando habla frente a las grabadoras: “Mis padres me dieron amor y disciplina, me enseñaron a ganarme las cosas... La magia era una forma de sentirme especial cuando fui pequeño, otros compañeros de la escuela llamaban la atención en los deportes o con bravuconadas... No importa cómo hago las cosas, lo importante es la sensación que causo en el público... La verdadera magia es aquella que te impulsa a conseguir lo que deseas... Los hombres soñamos con volar, tal vez los pájaros sueñan con ser invisibles”. (F.F.)
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