sábado, 12 de noviembre de 2005

Pandora: La bohemia es el origen



Tour Por eso… gracias / 12 y 19 de noviembre, 2005 / 18 874 asistentes / 


2 funciones / 2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
A veces, para saber a dónde se va es necesario recordar de dónde se viene. “Permítanme, ahora, explicarles por qué nos gusta tanto la música”, dijo Fernanda y enseguida abrió la caja de los recuerdos. Su papá solía recibir llamadas nocturnas de Pedro Vargas, quien con su voz de tenor y su peculiar sonsonete le preguntaba: “Compadre, compadre, adivina quién habla, adivina quién habla”. Y el papá de Fernanda le devolvía la broma: “¡Tito Guízar, güey!”, y colgaba. 
Esa llamada significaba el comienzo de una noche de bohemia porque Vargas llegaba a casa de su compadre donde lo esperaba también Alfonso, papá de Isabel y Mayte. Fernanda recuerda: “Vestidas con pijama y escondidas en algún rincón de la casa, las tres escuchábamos el piano, la guitarra y los versos de boleros y rancheras”. 
Con esa frase cerró la caja de los recuerdos. Faltaban muchas por destapar y la noche —su penúltima noche en el Auditorio Nacional— apenas comenzaba. Isabel abrió la siguiente y de ahí salió disparada la primera sorpresa, impetuosa y con voz potente: Basta una hora / para enamorarme, / pasa ligera la maldita primavera, / pasa ligera, me hace daño sólo a mí... El público reconoció a Yuri, se puso de pie, aplaudió, y exigió “¡Otra-otra!”. Pero ella se despidió mientras solicitaba “un aplauso para este trío único que siempre estará en nuestros corazones”. 
Mayte presentó al siguiente invitado. Tomó el atril: “Quienes me conocen saben que me gana la neurosis y olvido la letra pero ahí voy: Sólo le pido a Dios / que la guerra no me haga indiferente… Por la izquierda apareció Manuel Mijares: …que es un monstruo grande / y pisa fuerte. 
Días antes, Pandora había anunciado que el concierto sería sorprendente sin dar más detalles, por lo que en cada canción los espectadores estaban atentos para ver quién salía tras bambalinas. Pero en la siguiente presentación los intentos fueron vanos. Comenzó así: Tengo mucho que aprender de ti, amor… Fernanda, Isabel y Mayte se detuvieron en el siguiente verso. El público buscó al invitado en el foro, pero Emmanuel, padrino de Pandora, apareció entre las butacas, una luz lo ubicó y lo siguió por el pasillo: Tu dulzura y fortaleza, / tu manera de entregarte/ tu tesón por conquistarme cada día. El concierto se había convertido en fiesta familiar, el Auditorio en el amplio jardín de las anfitrionas, y el público en los parientes insaciables. Luego de tres canciones, Emmanuel se despidió de sus ahijadas artísticas: “No se van, se quedan con nosotros en sus discos y su música”. 
La caja de las sorpresas quedó vacía, pero se abrió la del jolgorio. Isabel corrió llegó al ala izquierda del primer piso. Fernanda avanzó hacia el extremo derecho en la parte baja, mientras Mayte permaneció en el centro del escenario; comenzando entonces un paseo por sus voces con el público como aliado. Otra vez, la impresión de la fiesta familiar en el jardín de una casa acogedora. 
Ante Pandora, la mercadotecnia no tiene asideros porque no se trata de un fenómeno generacional, de género o publicitario; sino que representa dos décadas de trabajo y entrega. ¿De qué otra forma explicarse que una jovencita de apenas diecisiete años llora desconsolada por el adiós del trío? Ella todavía no nacía el dos de junio de 1985, cuando Pandora debutó en Siempre en Domingo
Dotadas de un genuino gusto por la música y una candidez inquebrantable, las sobrinas de Pedro Vargas se convirtieron por extensión en algo así como las sobrinas bullangueras de cualquier familia fiestera. Eso explica el llanto de la señora, del señor, de su hijo y su hija, todos juntos, al momento en que Pandora anunció la apertura de la última caja de la noche: la de lo mexicano. Vestidas con indumentaria charra y acompañadas por el Mariachi Perla Jalisciense, dieron rienda al nacionalismo. En el anonimato de la oscuridad, “los familiares” de Pandora apretaron los párpados cuando se anunció el final del concierto. A diferencia de ellos y al desamparo de los reflectores, Fernanda, Isabel y Mayte no pudieron ocultar el adiós cristalino en sus ojos. “Gracias por dejarnos hacer esto que vamos a extrañar y es lo que más nos gusta: cantar”. 
Se cerró entonces la caja de las Pandora. Adentro ya no quedaron más que los recuerdos de tres niñas que se escondían tras la puerta para escuchar a sus padres y su tío Pedro Vargas animando la bohemia. 

El pasado es eterno 
Olvidar, no creo que tú puedas olvidar, dice “Amor sin final”, una de las varias composiciones de Emmanuel que fue luego interpretada por Pandora. El verso es pertinente en la despedida del trío, cuyas integrantes siempre han manifestado que su decisión fue dolorosa: “Hemos llorado mucho”, declararon en su última conferencia de prensa. 
Hacia el futuro cada una tiene planes diferentes. Pero hacia el pasado saben que sus recuerdos son los mismos: durante veinte años compartieron una vida que se llamó Pandora. Cada una tiene su anécdota favorita, no sólo por feliz, sino también por lo que pudo aprender de alguna experiencia amarga. 

Fernanda 
Hubo un periodo en que el representante no nos permitía siquiera salir del cuarto. No lo critico, pero me daba claustrofobia, así que me escapaba para caminar por el hotel. No soportaba el hecho de no poder salir de la habitación, me ahogaba. Yo cambiaría la fugacidad de esos inicios. Es irónico pero llegó un momento en que me agobió tanta fama y éxito. No lo digo por vanidad, así fue. Yo sentí que me ahogaba. 

Isabel 
Yo tenía un grupo antes de Pandora, éramos unas niñitas pero cantábamos todo el tiempo. Mayte y Fernanda también se sabían las letras de nuestras canciones, así que un día dijimos: “Vamos a cantar juntas”. Siempre pensamos que era un juego, simplemente nos divertíamos cantando. Pero alguien nos dijo que sonaba muy bien la canción de “Querer volar”. Esa fue la primera que interpretamos como Pandora. 

Mayte 
Pedro Vargas, quien fue nuestro padrino, una vez nos dijo: “Piensen lo que cada persona hizo para asistir a sus conciertos. Probablemente dejó de comer pan o dejó a los hijos. Piensen en eso cada que suban al escenario para que ofrezcan todo”. Eso fue lo que hicimos en nuestra carrera, jamás cancelamos un concierto, excepto cuando estuve enferma. Pero Fernanda e Isabel sacaron a flote el trabajo. 
“¿Y después de ti qué?”, dice el coro de la canción de Ruddy Pérez grabada por el trío en 1997. Después de Pandora, Fernanda quiere dedicarse a la producción musical, Isabel tiene ganas de conducir programas de televisión, y Mayte se dedicará a la logoterapia, disciplina basada en “la espiritualidad no religiosa”. 
“La decisión ha sido tomada, fue bonito pero no hay vuelta atrás”, dijeron días antes de sus últimos conciertos en el Auditorio Nacional. (J.A.Q.

Programa 
Pandora 
Frente a frente 
En carne viva 
Un toque de locura 
Matándome suavemente 
Ni tú ni yo 
Como una mariposa 

Con Yuri 
La maldita primavera 

Sólo él y yo, 
Alguien llena mi lugar 
Popurrí Juan Gabriel: Con tu amor / El Noa Noa / Desde que te conocí / Mi soledad 

Con Manuel Mijares 
Sólo le pido a Dios 

Sin él 
Una historia 

Con Emmanuel 
Enséñame 
Pobre diablo 
Bella 

Se nos rompió el amor 
Amor, amor 
Algo de mí 
Suavemente 
Huellas 
Me acostumbré 
Mi hombre 
No puedo dejar de pensar en ti 
¿Cómo te va mi amor? 
Se me olvidó otra vez 
Cucurrucucú paloma 
Te sigo amando 
Inocente pobre amiga 
El farsante 
La usurpadora 
Después de ti 
Querida 
Me nace del corazón 
Hasta que te conocí 
Amor eterno 
La ley del monte 
México lindo y querido
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