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miércoles, noviembre 23, 2005

Ópera Rigoletto: El duque halla su corte

Teatro Regio di Parma / 23 al 27 de noviembre, 2005 / 22 286 asistentes / 5 funciones /
2:15 hrs. de duración / Promotor: Ars Tempo Producciones, S.A. de C.V. 

Juan Arturo Brennan

Si es cierto que las primeras impresiones son las que cuentan, entonces el lujoso Rigoletto presentado por el Teatro Regio di Parma dejó una muy buena. Desde las primeras notas de la dramática obertura, la orquesta —bajo la experimentada batuta de Donato Renzetti— demostró habilidad y buen calibre para el trabajo operístico. Esta impresión se reforzó a lo largo de la función ya que se mantuvo siempre en un nivel dinámico más que apto para dejar escuchar a los cantantes. 
El primer impacto visual y narrativo no fue menos sólido. En otras producciones de Rigoletto, menos atentas a los puntos finos del teatro, la fiesta inicial en la corte ducal de Mantua se monta como una celebración brillante y fastuosa, como debe ser, pero en un ambiente luminoso, cordial y civilizado que, en realidad, no le va muy bien al asunto. ¿Por qué? Simplemente, si el villano de esta ópera, el duque de Mantua, es un mujeriego inconstante y traidor, un autócrata venal y resentido, lo menos que se puede esperar es que su corte refleje su personalidad. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en esta ocasión. Finalizada la obertura, sube el telón, y la fiesta —además del lujo de escenografía, vestuario y joyería— se ofreció al público salpicada de varios detalles que hicieron evidente la decadencia y depravación que es lógico esperar en la corte de semejante noble libidinoso. En adelante, la puesta en escena dirigida por Elisabetta Brusa mantuvo, para cada acto y escena, un componente teatral justo y apropiado que privilegió más el contenido interno del drama original de Victor Hugo que los adornos superficiales para complacer al espectador. Otro elemento fundamental que contribuyó a la buena marcha de este Rigoletto llegado de Parma fue el hecho, muchas veces soslayado en otros teatros de ópera, de que los miembros del coro en efecto parecían cortesanos y cortesanas de una ciudad renacentista italiana: como dicen por ahí, para serlo hay que parecerlo. 
En el centro musical y dramático se colocó, evidentemente, el Rigoletto epónimo con una presencia sólida que ayudó a llevar a buen puerto este drama de amor, traición, sacrificio y expiación. Es bien sabido que en su carrera, el barítono Leo Nucci ha hecho de Rigoletto uno de sus personajes esenciales, y lo ha convertido en cosa propia. De nuevo, la primera impresión fue potente: desde su entrada, Nucci ofreció a un bufón zafio, untuoso, grosero, lambiscón, prepotente con los de abajo y abyecto con los de arriba, que es ni más ni menos la descripción exacta del Rigoletto creado por el libretista Francesco Maria Piave. Su interpretación fue redonda, tanto en música como en teatro, y su famosa aria “Cortiggiani, vil razza dannata” tuvo todo el patetismo necesario para crear un personaje realmente tridimensional. Alrededor de este Rigoletto, el reparto se amoldó con prestancia y flexibilidad a la historia narrada por Piave y Verdi. Entre ellos destacó de manera particular la Gilda que cantó y actuó la soprano Desirée Rancatore; como suele ocurrir en esta ópera, puso lo mejor de sus recursos en su aria principal, “Caro nome”, en la que más allá de la técnica y la musicalidad, se dio el lujo de realizar algunos ornamentos vocales muy atractivos, siempre apegada al estilo verdiano. Y como prueba de que el valor de una buena soprano no está sólo en la estratosfera de los agudos, la señorita Rancatore mostró notas graves muy sólidas, redondas y bien colocadas. 
Si de voces se trata, también hay que destacar al oscuro sicario Sparafucile, interpretado por el bajo Felipe Bou. Sus propias notas graves retumbaron por el escenario y la platea, llevadas por un sólido poder de emisión y una gran capacidad de sostenerlas en su dinámica y color. El tenor Roberto Aronica, de presencia similar a la de un Ramón Vargas más joven, perfiló su duque de Mantua más por el lado enamoradizo que por la vertiente siniestra del personaje. El coro, por su parte, realizó una labor muy compacta, que brilló de manera particular en “Zitti, zitti”, en cuyas secciones rápidas la emisión vocal no sólo fue de gran uniformidad, sino de una articulación tan precisa que por momentos sonaba como un ensamble de percusión. En general, se trató de un Rigoletto que fluyó adecuadamente en lo musical y en lo teatral, lo que puede ser un buen augurio para futuras presentaciones de ópera promovidas por Ars Tempo en el Auditorio Nacional. 

El bufón contra los censores 
Rigoletto, de Giuseppe Verdi, es sin duda una de las óperas más censuradas en la historia. El libretista, Francesco Maria Piave, basó su texto en el drama El rey se divierte, escrito por Victor Hugo en 1832. En su forma original, la historia ya había sido víctima de la condena, y la ópera de Verdi habría de sufrir la misma suerte. 
Rigoletto fue escrita para la temporada de carnaval del Teatro La Fenice de Venecia. Por ese entonces, la ciudad era gobernada por los austriacos, y la policía imperial no vio con buenos ojos el intento de Piave y Verdi de pintar un retrato muy poco halagador de la realeza, tal y como Victor Hugo lo había hecho dos décadas antes. Después de varios enfrentamientos con los censores, Verdi obtuvo una concesión: podía seguir adelante con su obra, siempre y cuando realizara cambios importantes en el libreto. Para empezar, la acción debió ser trasladada a la Italia del siglo XVI, en vez de la Francia de tiempos de Víctor Hugo. Después, el protagonista de la realeza, en lugar de ser el rey Francisco I, se convirtió en el duque de Mantua. Así, una vez que el libertino quedó degradado de rey a duque, los críticos quedaron más o menos aplacados. Verdi y Piave realizaron entonces otras modificaciones en nombres, lugares y circunstancias; el libreto quedó listo y aprobado por los celosos supervisores imperiales. Verdi compuso la música de Rigoletto en 1850, y la ópera fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el Teatro La Fenice de Venecia. 
Rigoletto resultó un éxito notable y dejó para la fama y la posteridad al menos un aria inmortal, “La donna è mobile”, cantada por el duque de Mantua en el tercer acto. Sin embargo, los problemas de parto de esta ópera no terminaron en Venecia. A pesar de la aprobación oficial del libreto de Piave, la censura volvió a atacar después del estreno. De hecho, durante los años siguientes Rigoletto debió ser representada con cambios en el libreto y con títulos alternativos: Viscardello en Roma y Bolonia, Clara de Perth y Lionello en Nápoles. Bajo cualquiera de sus títulos, de preferencia el original, Rigoletto es una de las óperas más exitosas de Verdi, y representa la primera parte de la famosa trilogía popular, que ocupa el centro de su producción y que se completa con La Traviata y El trovador, ambas creadas en 1853. (J.A.B.


Rigoletto, melodrama en tres actos. 
Estreno mundial: Venecia, 11 de marzo de 1851, Teatro La Fenice. 
Estreno en México: Ciudad de México, 7 de noviembre de 1856, Gran Teatro Nacional. 

CRÉDITOS 
Música 
Giuseppe Verdi 

Libreto 
Francesco Maria Piave, basado en el drama Le roi s’amuse de Victor Hugo. 

Maestro concertador y director 
Donato Renzetti 

Dirección de escena 
Elisabetta Brusa 

Escenografía, vestuario e idea original 
Pier Luigi Samaritani 

Maestro del coro 
Martino Faggiani 

Producción del Teatro Regio di Parma 
Orquesta y Coro del Teatro Regio di Parma