viernes, 11 de noviembre de 2005

Matt Wilson Quartet


11 y 12 de noviembre, 2005 / 415 asistentes / 2 funciones /
 1:30 hrs. de duración / Promotor: NY&MX 

David Cortés 
Cronopios, el jazz… 
¿Cronopios, Cortázar?, parece decir el baterista Matt Wilson y a una seña su grupo — Andrew D’Angelo, sax alto; Jeff Lederer, sax soprano, y Chris Loghtcap, contrabajo— ataca un tema lleno de swing en el que, aparentemente, todo se apega a lo convencional, pero… ¿cómo llamar convencionales a los músicos que han subido al escenario con la misma ropa con la que bajaron del avión?, ¿cómo creer en la ortodoxia si el par de saxofonistas, por sus movimientos, parecen maratonistas en la línea de salida?, ¿qué pensar de un baterista que acaricia, frota y manosea a sus tambores como si les hiciera el amor? 
Matt Wilson y su cuarteto —desconocido en nuestro país, aunque tiene nueve discos— hace jazz rompiendo esquemas; lo suyo es una música seria, pero carente de solemnidad y en donde cualquier imprevisto sirve de pretexto para integrarse al espectáculo. 
Conforme la noche transcurre, la hilaridad sube de tono, bien porque Lederer se sale del foco de iluminación y corre a lo largo del escenario, o bien porque a media hora de iniciada la actuación, Wilson llama a un pequeño receso y sus colegas se apoltronan en sus sillas alrededor de una mesa que han subido al templete y contemplan al público que sólo atina a reír. Le da a su banda unas campanitas y su sonido se transforma en un mantra. Si algún símil nos permite asimilar el trabajo del colectivo, éste es el del downtown neoyorkino, música que lo mismo incorpora rock, improvisación, free y world music sobre una base jazzística. 
Pero nada de lo relatado sirve de preparación a lo que vendrá. De pronto, y olvidando todo pudor, el baterista anuncia un tema con algo de heavy metal. Se pone una peluca negra que recuerda a Bruce Gulick de Kiss, le arroja una de color rosa a su contrabajista, sube sus platillos y lleva a cabo una demostración de muecas y gestos que envidiaría Mike Portnoy (Dream Theater), y unos malabares con las baquetas a la Lars Ulrich (Metallica). Y mientras se extasía en su solo, Andrew D’Angelo corre de un lado a otro del lugar, se tira, pide ayuda para levantarse y clama por agua, que le arroja en el rostro una espectadora. Cuando se incorpora, entabla tremenda batalla de saxos con Jeff Lederer; en el momento orgásmico, Wilson arroja las baquetas y Lederer brinca como si fuera Roger Daltrey (The Who) para después vaciar en su rostro lo que queda en la botella y la arroja al público en un gesto de éxtasis absoluto. 
Noche de risa, parodias, comedia y también de excelente música, porque el jazz hace mucho dejó de ser acartonado. Ya no es necesario vestirse de etiqueta, beber vino de importación, fumar habanos, carraspear ocasionalmente y aplaudir hasta la saciedad durante los solos. Matt Wilson no se cansó de pedir que compraran sus discos en los intervalos y de hacer chistes; llegó al Lunario y —según un asistente— “pintó un gran violín a los puristas”, pero lo mejor fue que demostró que el género de la síncopa goza de envidiable vitalidad. 

Programa 
Andrew’s Ditty 
Where You Go? 
Request Potato 
Getting Friendly 
25 Years of Rootabagas 
Mantra 
Baby Cakes 
Arts and Crafts 
No Frijoles 
Schoolboy Thug
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