sábado, 19 de noviembre de 2005

Margie Bermejo



Al compás de un tango / 19 de noviembre, 2005 / 138 asistentes / 


Función única / 1:30 horas. de duración / Promotor: FUAAN 

Patricia Ruvalcaba 
Aunque Margie Bermejo no es precisamente una artista comercial, tiene el privilegio de tener un público fiel que la sigue en sus presentaciones. Cuenta con más de diez álbumes y ha cantado en diversos foros de América y Europa. A lo largo de su carrera ha incursionado en estilos heterogéneos, desde la música popular, el blues y el jazz hasta la música culta, experimentando siempre con las posibilidades de su privilegiada voz. Ha heredado dos vertientes musicales: por el lado del padre, Guillermo Bermejo, la canción vernácula mexicana, y por su madre, Luz Bermejo, el hondo sentimiento del tango de Buenos Aires, género que aborda por primera vez para despedirse de los escenarios. 
El aplauso es unánime cuando sale a escena acompañada de Dimitri Dudin, compositor, arreglista y su pianista de cabecera. De entrada, Margie da su primera definición del tango, “ese pensamiento triste que se canta y también se baila”, para arrancarse con el enérgico acento de “Melodía de arrabal”: Perdoná si al evocarte se me planta un lagrimón. Su voz es cristalina, con variados registros tonales, aunque quizá no muy asumida en la entraña de dolor y pasión tan necesaria en el tango. Pero es una profesional, así que las carencias emocionales las cubre con un dominio técnico que le permite meterse al público a la bolsa. 
Bermejo quiere ahondar en lo mucho que se ha escrito sobre el tango, vocablo que viene de Tangir o tañer, “tocar, palpar, manosear, corromper”. Lo que sigue es una milonga de honda raigambre, “Milonga sentimental”. Una pareja de bailarines nos revela el rostro erótico que tiene esta música cuando llega a los pies. La noche alcanza su punto climático en el momento en que Margie le pasa el micrófono a su madre, quien muestra por qué es considerada una de las grandes intérpretes de ese género tan vinculado con los barrios bajos. Varón, pa’ quererte mucho. / Varón, pa’ desearte bien. / Varón, pa’ olvidar agravios / porque ya te perdoné. “El tango es así”, nos dice ella, “porque al porteño le gusta hacerse el triste y el remolón. No hay cosa peor que un hombre abandonado” y trae al escenario a un perdedor con “Maula”: No ves que hasta vergüenza / me da ser tu mujer. / Yo quiero, pa’ que sepas / tener siempre a mi lado / a un hombre bien templado, / no a un maula como vos… 
El paseo por la fecunda historia de esta música nos lleva hasta Astor Piazzolla. La anfitriona hace sonar su voz como bandoneón en melodías sorprendentes que el compositor argentino resolvió al sumar jazz y motivos musicales que vienen de Arnold Schoenberg e Igor Stravinski. No falta el más clásico de los tangos mexicanos, “Arráncame la vida”, de Agustín Lara, y después “Cafetín de Buenos Aires”: En tu mezcla milagrosa / de sabihondos y suicidas / yo aprendí filosofía… dados… timba / y la poesía cruel / de no pensar más en mí. Tras la cual, Margie nos ofrece como postre “Naranjo en flor”. Alguien le da un ramo de flores. Ella y Dimitri agradecen y se van con la certeza de haber convocado a la belleza para decir adiós.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.