viernes, 4 de noviembre de 2005

La Barranca

El fluir / 4 y 5 de noviembre, 2005 / 1 457 asistentes / 2 funciones / 
3 hrs. de duración / Promotor: Alonso Arreola 

David Cortés
A lo largo de diez años, La Barranca se ha movido entre el riesgo y la sorpresa. El Lunario se abarrotó para atestiguar la presentación oficial de El fluir, su sexta producción, un “disco sin músicos invitados, secuencias, sampleos, programaciones ni sintetizadores”; desnudez que hace su trabajo más crudo, natural y potente. 
Una actuación en directo, al menos en México, se ha convertido en una mera reproducción de la grabación, y mientras más fiel sea ésta, mejor; sin embargo, el cuarteto desafía esa premisa. Las libertades que se toman José Manuel Aguilera (guitarra y voz), Alex Otaola (guitarra), y Alonso y Chema Arreola (bajo y batería, respectivamente) con las composiciones del primero, la deconstrucción del “viejo” repertorio y los temas de nuevo cuño, llevan a fanáticos, e incluso a detractores, a reconocer a La Barranca como una de las mejores bandas en vivo de la escena nacional 
Vale más la gracia de la imperfección / que la perfección sin gracia, cantó Aguilera en “Hendrix”, y la frase puede aplicarse a este par de conciertos. Lejos de apegarse a lo perpetuado en CD, el grupo entregó arreglos diferentes, abrió espacios a la improvisación, unió temas de otros álbumes, hizo nuevas lecturas a canciones entrañables para sus seguidores y éstos respondieron con entusiasmo. Si bien a lo largo de dos horas ejercieron pleno control de la situación, hubo momentos en los cuales la apuesta fue transitar por la cuerda floja de lo imprevisible sin temor a las consecuencias. 
La fortaleza del cuarteto radica en su capacidad para amalgamar son, hard rock, pop y progresivo, y construir un sonido de fuerte personalidad que adquiere brillantez cuando los músicos transitan de suaves pasajes de belleza sublime a instantes de furia desbocada unidos mediante “costuras” imperceptibles. 
La Barranca —se advierte en sus temas— se siente ligada a la tradición de la canción popular mexicana de los años cincuenta. En una de sus escasas alocuciones, así lo dejó claro su líder cuando habló de una fotografía en donde Agustín Lara besa la mano de Toña La Negra, pretexto para introducir “Zafiro”, evocación sonora de un tiempo en el que letra e instrumentación formaban un ideal de belleza y no “la música del carajo que ahora tenemos”. 
Al llegar al encore, el grupo llamó al ex Caifán Sabo Romo para interpretar a dos bajos y voz “Llueve”; si el instante fue memorable para el anecdotario del rock nacional, más lo fue la totalidad de la noche porque en ella las notas fluyeron y llevó a quienes así lo desearon por una de las propuestas sónicas más diáfanas y entretenidas de la actualidad, una sonoridad en donde la fusión adquiere un nuevo rostro, el rostro que sólo una música construida con delicadeza y cuidado en el detalle puede ostentar. 

Programa 
El velo 
Reptil 
Animal en extinción 
Pare de sufrir 
Madre selva 
Dormir sin miedo 
No mentalices 
Fuga de Rubén 
Estallido 
Zafiro 
Alacrán 
Hendrix 
Usumacinta 
Quémate lento 
Ser un destello 
La barranca 
Llueve 
Si acaso hay vida
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.