jueves, 10 de noviembre de 2005

Diana Mathes


Se solicita una Diva / 10 de noviembre, 2005 / 174 asistentes / 
Función única / 2 hrs. de duración / Promotor: Diana Mathes 

Julio Alejandro Quijano 
Diana Mathes tiene voz de soprano lírico, un metro y sesenta centímetros de estatura, tez blanca, ojos color aceituna y pesa apenas cuarenta y seis kilos. Son atributos suficientes para interpretar a una diva pero, no conforme, decidió encarnar a dos y también a un par de tragedias alrededor de Armando de la Vega, representante, director y cazador de bellezas en bruto para convertirlas en diamantes de la escena musical francesa. 
En Se solicita una Diva, Diana Mathes personifica a mujeres en quienes caben vidas y guiños de Edith Piaf, Maria Callas, Marlene Dietrich, Bette Davis, Joan Crawford y hasta Marilyn Monroe. A este crisol añade su admiración por Leontyne Price, la “primera gran bel cantista de color”. 
El primer personaje porta amargura al final de su carrera: “Habemos tan pocas divas”, se dice a sí misma en el camerino para justificar su longevidad profesional. Triste, escribe: “Una se enamora siempre del hombre equivocado...”. Destruye ese intento de misiva y toma entonces un retrato de su ex amado Armando para bailar mientras canta “La vida en rosa”. Hace semanas que no sabe nada de él y, para colmo, recuerda con frecuencia aquella cantaleta de su madre: “Yo quiero una hija decente, no una cualquiera”. 
“Por eso me negué a ser madre. Los pechos se me hinchaban… ¿dónde estará ahora mi hijo”, dice cuando la luz se apaga y sale del escenario mientras evoca a Armando, quien la trató como amor de paso, pero ella aún lo quiere. Ya lo dijo Maria Callas: “La heroína que más me gusta interpretar es Norma, porque ella elige morir antes que dañar al hombre que ama, aunque la hubiera despechado”. 
En el segundo acto, una voz poderosa interpreta “Himno al amor”, célebre con Edith Piaf, y entra una nueva diva: Eloísa, cantante más joven, bella y arrogante que su antecesora. Frente al tocador, habla con su imagen: “No dejaré que mi carrera caiga en desgracia; llegué como una diva y me iré como una diva; ese Armando de la Vega piensa que puede conquistarme con flores y diamantes… quizá tenga razón”. Se reconoce otra vez la tragedia que las divas viven como sino. Le ocurrió a Edith Piaf, con toda y su larga lista de amantes desechables, y también a María Callas con Aristóteles Onassis, a quien amó tanto que prefirió abortar antes que provocarle un disgusto. 
Eloísa cumple con ese destino. Delira, se busca a sí misma y explica que ella murió al dar a luz: “La vida no es siempre lo que uno hubiera deseado”. Es cierto y no se necesita ser diva para entenderlo. Para Diana Mathes el meollo está en preguntarse si, de manera simultánea, se puede tener éxito y amor en la vida. “La respuesta es tan dinámica como la vida misma. El filósofo Michele Federico Sciaca asevera que ‘vivir es verse vivir’. ¡Bendito proceso de creación cotidiana inconmensurable y siempre sorprendente!”. 
Haciendo una paráfrasis, puede decirse que conocer el sufrimiento ajeno es una manera de aprender, y al salir del Lunario cada espectador decide si quiere o no cumplir el adagio del filósofo. 

Programa 
Plaisir d’Amour 
La Vie en Rose 
Les Feuilles Mortes 
La Mer 
Les Yeux Ouvrant 
Après un Rêve 
Non, je ne Regrette Rien 
Hymne a l’Amour 
Habanera, de Carmen 
Elle a Fui, la Tourterelle, de Les Contes d’ Hoffmann 
Gavotte, de Manon 
La canción de las joyas, de Faust 
Pleurez, Pleurez mes Yeux, de Le Cid 

Créditos 
Dirección 
Miguel Garric 

Piano 
Jorge Goldblatt 

Escenografía y producción 
Héctor Terrones
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