miércoles, 19 de octubre de 2005

Scorpions: Arañazos en lugar de caricias


19 de octubre, 2005 / 9 622 asistentes / Función única / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Jesús Quintero 
La presencia de Alemania en la escena del rock ha tenido dos capítulos destacados: primero ingresó por una puerta pequeña a los mercados musicales británico y estadounidense con vertientes en las que no era necesaria la raíz del blues: el rock progresivo y la simiente del tecno-rock con grupos como Can, Faust, Tangerine Dream, Neu! y Kraftwerk. El otro apartado lo escribieron Scorpions cuando, amparados en los preceptos de hard rock y adoptando el idioma inglés, irrumpieron en el mercado internacional con una notable ferocidad sonora y ganas de escandalizar —las portadas de álbumes como In Trance (1975) y Virgin Killer (1976) les ganaron la animadversión de adultos y autoridades por su elocuencia gráfica. El efecto de aquella invasión iniciada a principios de los setenta aún se resiente en nuestro país, donde el nombre del grupo es santo y seña entre los amantes del heavy metal que vienen al encuentro con Scorpions, quinto en nuestra ciudad y segundo en el Auditorio Nacional. 
Los impíos señalan que se tratará de un concierto demasiado parecido al del año anterior, pues no hay disco nuevo, pero lo que ignoran es que los fans de Scorpions prefieren a la persistencia sobre la variedad y además Unbreakable ha representado un regreso al estruendo que parece arañazo y no caricia, por eso en el Auditorio Nacional, con lleno hasta la bandera, la energía circula con igual intensidad de la muchedumbre al quinteto y viceversa. 
Hay rockeros con jeans entallados y forrados con chamarra de cuero que tienen un subidón de adrenalina con “Blackout”. Están los que vienen de la oficina y traen ganas de quitarse el disfraz; con ellos, las novias que reconocen la balada “Still Living You” o son capaces de arder con “We’ll Burn the Sky”, pues ¿quién dijo que no se le puede cantar al amor con notas rudas? Están también los padres y madres de familia con la tropa para desgañitarse ante ella sin freno y no faltan los nacidos después de la caída del Muro de Berlín, duros de cepa mecidos con las canciones de cuna de Iron Maiden, Judas Priest y los germanos. 
Han pasado diez meses de que Scorpions pisó este escenario y la energía que exhiben Klaus Meine (voz) y Rudolf Schenker y Matthias Jabs (guitarras) hace pensar en un periodo más breve. Son iguales la escenografía, los recursos para tender puente con la audiencia —regalar baquetas como si fueran palillos— y hasta el vestuario (bueno, hay ropa que se vuelve talismán), pero lo que resulta admirable es que la entrega y devoción parecen ahora más intensos. Será acaso que, igual al encuentro amoroso, la segunda cita ya no exige celeridad sino calidad, no ansia sino paladeo… gozo puro sin que importe si las luces están o no encendidas. Por eso es comprensible que de las primeras filas salga un manto con la palabra Scorpions ligando a las banderas alemana y mexicana y Meine lo porte como capa. Verdad de Perogrullo: muchos músicos de rock han hecho más por la hermandad entre las naciones que los diplomáticos. 
Con más de treinta y cinco años de trayectoria resultaría ingenuo esperar que Scorpions modifiquen su acto. Lo que ellos ofrecen es energía a chorros, guitarras Flying V en combustión instantánea, un solo de batería fiel a los clichés más íntimos; es decir, rock macho (“Deep and Dark”) pero con conciencia (“Wind of Change”). 
Schenker se considera miembro de la generación que siguió a Led Zeppelin y Deep Purple. Esto quiere decir que a él y sus compañeros les tocó moverse en un mercado más variado en propuestas y ante un público menos receptivo a los cambios de dirección por parte de los metaleros: si eres pesado a los veinte, a los cincuenta y cinco no te metas en baladas. En tal sentido, viéndolos tan divertidos sobre el foro y recordando sus laxas grabaciones en los noventa, parece que la segunda juventud les viene bien y no ven como una condena tocar “Blackout” y “No One like You” tres o cuatro veces por semana. Si muchos de los miles que aquí están siguen atados al rock porque allí han hallado la fuente de la eterna juventud, ver a tipos como los de Scorpions sirve para comprobar que después de los cincuenta años llega otra juventud… y no es la del ocaso. (J.Q.

Santo y seña 
Para los amigos: Scorps. 
El nombre que no funcionó: Copernicus. 
Se han codeado en el escenario con: Bob Marley, Judas Priest, Deep Purple, Ozzy Osbourne, Mortohead, Mr. Big y un largo etcétera. 
Sus ideales: The Who, The Beatles, The Rolling Stones y Led Zeppelin. 
Su cover más famoso: “In the flesh” del Tributo a The Wall de Pink Floyd, en su natal Alemania. 
Sin fronteras: Fue la primera banda de metal que pisó tierra rusa y antes de llegar a México esta vez, pasó por Cuba. 
Se escuchan en películas: “Hit Between The Eyes” para la película Freejack (1992), protagonizada por Mick Jagger y Emilio Estevez; On Deadly Ground (1994), con los actores Steven Segal y Michael Caine, presenta los créditos con “Under The Same Sun” de fondo (aunque no aparece en el soundtrack) y en Jawbreaker (1999) se escucha “Rock You like a Hurricane”. 
El fan más famoso de Matthias Jabs: Stone Gossard, guitarrista de Pearl Jam. 
Oficios alternos al rock: Cuando no andan de gira, Klaus Meine es decorador, Rudolf Schenker gusta de hacer yoga y se dedica a la electricidad, mientras que a Matthias Jabs le atrae la arquitectura.
La inmortalidad: Desde mayo de 2001, en Leganés, Madrid, una calle lleva el nombre de Scorpions en honor del grupo. (R.S.

Programa 
New Generation 
Love’em or Leave’em 
Bad Boys Running Wild 
The Zoo 
We’ll Burn the Sky 
Deep and Dark 
Coast to Coast 
Always Somewhere 
Holiday 
You and I 
Wind of Change 
Loving You Sunday Morning 
Tease Me Please Me 
Kottak Attak 
Blackout 
Hit Between The Eyes 
Big City Nights 
Still Lovin’ You 
Rock You Like a Hurricane 
When the Smoke Is Going Down
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.