viernes, 28 de octubre de 2005

Orlando Valle Maraca


28 de octubre, 2005 / 201 asistentes / Función única / 2 hrs. de duración /
 Promotor: Festival Internacional Cervantino / FUAAN 

Patricio Ruffo Healy
Orlando Valle Maraca representa a la más reciente generación de músicos cubanos que en la infancia fueron amamantados con la tradición musical, después estudiaron en sus prestigiados conservatorios y, ya instalados en la vida profesional, regresaron a sus raíces populares. 
“Cuando yo empezaba sólo tenía dos caminos: ser flautista de una orquesta sinfónica o de una charanga”. Ambos caminos le fascinaban, pero decidió charanguear, aplicando sus conocimientos de música clásica y jazz. Comenzó en el grupo de Bobby Carcasses, más tarde en el del compositor y pianista Emiliano Salvador (1951-2002), para continuar en Irakere, la más famosa agrupación de jazz cubano, y allí durante seis años deslumbró con su talento como flautista, tecladista, arreglista y compositor. Desde que lanzó Fórmula Uno (1995), su primera obra independiente, ha dejado su huella como arreglista en grandes álbumes como Café Atlántico (1999), de la cantante caboverdiana Cesarea Évora, Descarga uno (1999), del Afro-Cuban Jazz Project, que comandó él, y Soy yo (2005), de su autoría. 
A sus treinta y ocho años, esta nueva leyenda cubana está en el Lunario, acompañado por doce excelentes músicos que suenan perfectamente sincronizados. Desde la primera pieza, Maraca exhibe cómo un pequeño tubo de plata puede convertirse en vehículo del espíritu. Su técnica es impecable y su timbre resalta por límpido. Tiene una impronta única. 
“Este es un estreno”, dice y nos desea mucha salud y “un poquito de dinero, que viene bien”. Deja la flauta, coge el güiro y nos refresca con “Báñame con tu suerte”. Funcionarios de la Embajada de Cuba en México, que ocupan una de las mesas, sienten el llamado de la raíz y se levantan a bailar. Repentinamente cambian los motivos musicales y ya estamos en otra pieza. Orlando toca las maracas, la sección de metales se luce y el congalero se alborota. Entre el público, la danza se generaliza, mientras Maraca vuela con su flauta por el rock, jazz y samba para aterrizar en la salsa. Grita: “¡Arriba Cuba, vamos México!”. Y prosigue con “Soy yo”. Invita a subir a cuatro chicas que han estado bailando en sincronía. Venezolana, cubana, mexicana y argentina bailan una a una, poniéndole todo el sentimiento para deleite del público que, ya por las copas y la atmósfera, está desinhibido y dispuesto a dejarse guiar por este Hamelin cubano. 
“¿Paramos?”, pregunta. “¡Nooo!”, es la respuesta al unísono. Toca un danzón habanero que recuerda a la Orquesta Aragón iluminada por una flauta virtuosa que habla el lenguaje de la gran música. Maraca se retira para tomar aire, pero las peticiones pueden más. Regresa y canta “Castígala”, que trata de una mujer tan mala que tiene tres maridos, y después se refiere a un hombre malo y las espectadoras corean “¡Castígalo!”. Alarga el instante para que sus músicos se luzcan. Le piden más, pero él dice, antes de salir entre aplausos, que podremos verlo en alguna de las veinticinco ciudades mexicanas que visitará. 

Programa 
Se te acabó la rumba 
Me gusta más el son 
Aramis 
Báñame con tu suerte 
Danzón barroco 
Yumuri 
Mana mana 
Nueva era 
Sarabanda Kimbancero 
El tren 
Soy yo 
Obbatala Ayacuna 
La novela 
La vela 
Castígala
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