jueves, 6 de octubre de 2005

Jorge Drexler

6 de octubre, 2005 / 500 asistentes / Función unica / 
1:45 hrs. duración / Promotor: OCESA, S.A. DE C.V. 

Julio Alejandro Quijano 
Si cierras los ojos escuchas el murmullo del Río de la Plata en Montevideo. Si los mantienes abiertos, imaginas que la bandera uruguaya que ondea en la mesa treinta y cinco orienta a un navío movido con el aliento del rítmico rema/ rema / rema-a, coro de “Al otro lado del río”, convertida ya en un símbolo de orgullo y protesta: ganó el Oscar a la Mejor Canción en 2004 y aunque la Academia no le permitió a su autor interpretarla en la ceremonia de premiación, Jorge Drexler lo hizo al recibir su estatuilla. 
Las luces sobre el escenario del Lunario no anuncian un mundo más justo ni luminoso, pero los asistentes pueden creer que Drexler es un rebelde con causa que dirige un sueño colectivo donde se “oye una voz que le llama, casi un suspiro”. 
“Ya no hay boletos”, repite el taquillero ante un insistente tumulto de quienes parecen conocer al cantautor uruguayo desde finales de los ochenta, cuando dejó de ser otorrinolaringólogo. Hace un año —antes de recibir el Oscar por su aportación al filme Diarios de motocicleta— a su presentación en el mismo recinto acudieron poco más de 200 personas; ahora son el doble, entre ellas una mujer que al borde de la histeria grita “¡Te amo, Jorge!”. Reconociendo la dudable veracidad de semejantes declaraciones, él ha dicho: “Desconfío del público fácil y siempre digo que prefiero tener en un concierto a cincuenta personas por la razón adecuada, que cinco mil por las razones equivocadas”. 
Esta noche, en su navío hay lugar para Pau Donés, quien, al principio, da la impresión de estar allí sin saber qué hacer. Juntos cantan “La edad del cielo”. El líder de Jarabe de Palo no sabe la letra, por lo que la escribió en un pedazo de cartón: No somos más que una gota de luz / una estrella fugaz / una chispa tan sólo en la edad del cielo… Después de la primera estrofa hace rollito el “acordeón” y lo arroja al suelo. En realidad, ambos compositores navegan en el mismo barco desde hace una década. Se conocieron en Madrid, fueron rechazados por varios ejecutivos y luego los contrató la misma casa discográfica. Son una chispa tan sólo en la edad del cielo. 
Para quienes abordan esta embarcación por primera vez, Drexler puede parecer un músico austero porque sólo lo acompañan una guitarra y una computadora. Los que lo conocen desde antes del Oscar saben que su banda en vivo dirige con mayor precisión las ilusiones de los pasajeros, sobre todo en las composiciones de Eco, álbum en el que reunió “a varios amigos para tocar y hasta el final pensé en la tecnología. A diferencia de los anteriores es un disco más emotivo”. 
Al principio del concierto confesó: “No todas las canciones que escribo dicen la verdad”. Durante el trayecto, con los ojos cerrados, sabes que es posible pensar que una guitarra y una voz bastan para ser feliz. Al descender del navío y levantar los párpados, el mundo no es mejor, pero puedes ver a Jorge Drexler con su guitarra y escuchar quinientas voces animando el camino. 

Programa 
Todo se transforma 
Guitarra y voz 
Causa y efecto 
Horas 
Tamborero 
Deseo 
Fisión 
Se va, se va, se fue 
Polvo de estrellas 
Don del fluir 
Crece 
Transporte 
Nada menos
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