miércoles, 26 de octubre de 2005

Intocable: Hijos de la Estrella Solitaria



26 al 30 de octubre, 2005 / 56 951 asistentes / 6 funciones / 


2:30 hrs. de duración / Promotor: Gerardo Cortés 

Patricio Ruffo Healy 
Intocable llenó el Auditorio Nacional durante seis noches consecutivas y eso sólo lo hacen los que merecen el calificativo de fenómenos. Son casi mexicanos, porque nacieron en Zapata, Texas, la Estrella Solitaria de la Unión Americana, unida a nuestro país por raíces históricas y geográficas. Intocable no es una estrellita artificial conectada a la publicidad y a las televisoras; brilla con luz propia y auténtica. Desde que apareció Simplemente… Intocable (1992), ha vendido más de seis millones de discos, además de imponerse en el cuadrante de la radio en lengua hispana y obtenido importantes premios y nominaciones internacionales. Todo esto lo ha alcanzado con una expresión que está llena de energía y sustancia, que es simple y clara, como agua pura para un público sediento de música que refleje sus condiciones. 
En el Auditorio Nacional hay muchas mujeres que portan sombreros tejanos de colores. De las Lomas a la colonia Guerrero han acudido adultos, niños y jóvenes que sacaron sus atavíos norteños del ropero y sus ahorros del cochinito para escuchar a Intocable en vivo. Tras la súbita oscuridad, los integrantes de la agrupación aparecen con jeans, camisa a cuadros y sus tejanos negros. Una cascada de ovaciones y alaridos prolongados los recibe. Sobre tanto entusiasmo, “Aire” empieza a cobrar forma: Tú eres aire que da vida / y mi alma te respira. / Tú eres aire que me alienta / una brisa que alimenta. Los admiradores se levantan de sus asientos para no sentarse más. 
“No queremos que estén tristes”, dice José Juan Hernández, animador y percusionista. “Ya están aquí sus seis amigos de todo corazón, los de Intocable. Estamos celebrando once años de carrera. Esta semana empieza la fiesta”. Para los presentes esto significa licencia absoluta para ocupar los pasillos y cualquier rincón y allí bailar, reír y cantar con sus ídolos: Ricardo Ricky Muñoz en acordeón y voz, René Martínez en batería, Daniel Sánchez en bajo sexto y segunda voz, Sergio Serna en tumbas, Félix Salinas en el bajo, Johnny Lee Rosas —invitado— en el bajo sexto y José Juan Hernández, que hace reír al público con sus ocurrencias: “Ya saben, todas las señoritas que estén dolidas porque su novio no les hace caso, aquí tienen a sus seis Intocables”. Entre bromas, el festejo y el bailongo prosiguen con éxitos que abarcan más de una década: “Déjame amarte”, “Un desengaño” y “Estás que te pelas”. Ante la ovación que provoca el tema de la telenovela Contra viento y marea, con un coro y apoteosis multitudinarios, dice Ricky emocionado: “Antes de cualquier premio de los que se guardan en las vitrinas, están los aplausos”. 
La música de Intocable oscila entre la polca y cumbia norteña, el pop al estilo de Juan Gabriel y el tex-mex, el corrido norteño y todas las influencias que hay debajo. Reconociendo a quienes contribuyen a su sonido, esta noche el grupo brinda un homenaje a varios de los compositores que le han ayudado a obtener altos lugares de popularidad y ventas. Nombran a la colombiana María José Espino, además de Roberto Martínez y Josué Contreras. Luis Padilla es invitado para cantar “Me faltas tú”, que estará en el próximo disco del sexteto. “El amigo que se fue” sonó en memoria de Silvestre Rodríguez, su ex bajista, y José Ángel Farías, quien fue animador del grupo, ambos fallecidos en 1999 en un accidente. 
Después de dos horas, Intocable amaga con retirarse, pero el respetable exige consentidas como “Sueña”, “¿Y todo para qué?” y “¿Dónde estás?”, que finalmente llegan y provocan que las casi diez mil personas bailen y hagan suyas las letras. Con “Perdedor”, de Marco Pérez, el grupo calla y cede la voz al público que, entregado a la magia, entona a cappella: por qué he de ser yo / quien acepta el error. / El que siempre se humilla, / el que pide perdón… Éxtasis. Después de “Ayúdame”, los miembros de Intocable abandonan el foro, satisfechos, entregados, pero también reservándose para las cinco noches que siguen. 

Algo hay en el aire de Zapata 
Su nombre no podría ser más mexicano: “Zapata”. El apellido del famoso revolucionario sirvió para bautizar a un pequeño pueblo de Texas que sólo era conocido porque su clima desértico y fuertes vientos resultaban ideales para el vuelo de planeadores ultraligeros. 
Sin embargo, hace poco más de una década esta comunidad fronteriza se colocó en el mapa de la música norteña. El mérito fue de Ricardo Ricky Muñoz y René Martínez, fundadores de Intocable, quienes nacieron y crecieron en este rincón de Estados Unidos, donde más de la mitad de sus cuatro mil pobladores son de origen mexicano. Ambos recuerdan que cuando eran adolescentes tenían como afición escuchar música de Ramón Ayala, una de sus principales influencias. 
Intocable se ha ganado el calificativo de “renovador” del género. Esto se refleja en las altas ventas de sus doce discos y en los récords de asistencia lo mismo en bailes masivos en México y Estados Unidos, hasta foros con prestigio internacional como el Auditorio Nacional o el Astrodome de Houston. Pero los reflectores fuera del escenario no son prioritarios para el sexteto. “Los chismes no nos interesan”, ha comentado Juan Hernández. 
Sus canciones suenan en estaciones radiofónicas dedicadas a la música norteña, al género tropical o al pop. Tan plural es su audiencia, que artistas tan disímiles como Pepe Aguilar y Kinky participaron en una edición especial de X (2005). Allí se escucha a Natalia y La Forquetina con “¿Y todo para qué?”, a Jumbo con “Enséñame a olvidarte” o al DJ Kane poniéndole su estilo a “Es tan bello”. 
Ahora, Zapata, Texas, no es sólo conocido por sus vientos; es mención obligada en casi todas las notas sobre Intocable, que surgió y se nutrió del aire que se respira en la frontera y el desierto. (T.G.D.

Programa 
Aire 
Tiempo 
Enséñame a olvidarte 
Déjame amarte 
Un desengaño 
Eso duele 
Contigo 
Es tan bello 
Estás que te pelas 
El amigo que se fue 
Ya ves 
Amor maldito 
Momentos 
¿A dónde estabas? 
Soñador eterno 
Contra viento y marea 
Me faltas tú 
Déjate amar 


Eres mi droga 
Olvídame tú 
No te vayas 
Fuerte no soy 
Coqueta 
Sueña 
¿Y todo para qué? 
¿Dónde estás? 
Perdedor 
Ayúdame
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