lunes, 10 de octubre de 2005

II Muestra de Música Indígena de las Américas: Travesía sonora por la diversidad



10 de octubre, 2005 / 4 185 asistentes / Función única / 


3 hrs. de duración / Promotor: TAC Producciones 

Thelma Gómez Durán 
La voz de las mujeres indígenas se escucha fuerte y clara. Son ellas las que cantan y llenan de alegría la II Muestra de Música Indígena de las Américas, iniciativa que va más allá de los cerrados análisis etnológicos al presentarse por segunda ocasión en el Auditorio Nacional, y congregar a un público heterogéneo, receptivo y ávido por conocer expresiones de permanencia e identidad. Qué mejor manera de recordar que se vive el Segundo Decenio Internacional para las Poblaciones Indígenas, decretado por la ONU en 2004. 
Makawi, en lengua rarámuri, es la palabra de la música. Con ella se inaugura el periplo en la sierra de Chihuahua, territorio agreste que cobija a los rarámuris. Clorinda Chávez Ramírez y Cristina Rayo Bernal, integrantes del Dueto Rajelí, se presentan con sus faldas largas y anaranjadas; ellas enaltecen los valores de su pueblo y de la naturaleza. Acompañadas en la guitarra por Martín Chávez Ramírez, las tímidas artistas se sorprenden al ver sus rostros en las grandes pantallas del Auditorio y al escuchar los aplausos sinceros. 
A Zuly Azurin Castillo se le mira más confiada. La entusiasta quechua no oculta su felicidad al cantar y bailar la música de la región andina de Perú, que interpreta acompañada por Wilmer Javier Sarria (quena) y Julio Humala (guitarra). La actriz Angélica Aragón, a cargo de la conducción, explica que estas canciones son historias de guerra, amor y carnaval. 
Ahora, una sola mujer. Delgada, alta, morena. Digna representante de los miskitos, la etnia más numerosa en Nicaragua, instalada en la costa atlántica. Valeria Manuel Pichts se presenta con su guitarra y una personalidad que atrapa. Antes de comenzar, exige: “¡Aplaudirme!”. La petición nada tiene de arrogante; al contrario, es una muestra de la energía que desborda. Sus canciones son alabanzas a los bosques, la vida y la fecundidad. 
El siguiente destino es en el casco polar ártico, donde habitan los inuíts. El canto gutural de Sylvia Cloutier y Celina Kalluk es impresionante. Las jóvenes se colocan muy cerca una de otra y emiten sonidos que recuerdan el paso del viento, los graznidos de las gaviotas y el murmullo de los arroyos. En realidad, se trata de un juego que realiza las mujeres de esa etnia mientras esperan que los hombres regresen de cacería. La primera que deje de cantar y se ría, pierde. Silvia y Celina invitan al público a jugar, así que miles de gargantas tratan de realizar la difícil prueba. Al final, lo que se logra son risas y aplausos. 
La travesía continúa hacia el sur del continente: en los Andes de Bolivia, tierra de los aymarás. Cornelia Veramendi Mamani, Rubén Porco Herrera, Nayra Porco Veramendi y Andrés García Heredia presentan composiciones que en su comunidad se escuchan durante las fiestas de Pascua o cuando hay que iniciar la cosecha. Cornelia sonríe, baila e invita a los asistentes a seguir la música con las palmas. La respuesta es inmediata. Los aymarás avivan, aún más, el fuego de la fiesta. 
El poderío indígena es evidente en los cuerpos y rostros de los hawaianos. Su música y su danza son igual de fuertes e impactantes. Las hermanas Pualani Kanaka’ole y Nalani Kanaka’ole enseñan que los Mele Oli (cantos) y los Hula (danzas) de su etnia muy poco tienen que ver con la versión hollywoodense y televisiva que conocemos. Una enorme tela de tono pardo envuelve su figura; aquí no hay flores ni movimientos gráciles, todo es vigoroso y dinámico, perfectamente coordinado. 
El ímpetu femenino continúa con cuatro representantes de la etnia maorí de Nueva Zelanda, país invitado en esta II Muestra Indígena de las Américas. Llevan tatuajes en rostro y brazos, como lo dicta la tradición en este pueblo de la Polinesia. Cantos y danzas se entrelazan con interpretaciones de temas como “My way” —inmortalizada por Frank Sinatra. Ante estos híbridos viene a la mente la película Once Were Warriors, en donde el director Lee Tamahori expone la cara más violenta de la influencia occidental en la cultura maorí. 
El recorrido llega a su punto de partida: México. La voz de Marta Toledo es toda dulzura en lengua zapoteca. Delfino Ordaz, Ricardo Morquecho y Rodrigo Gutiérrez acompañan a esta indígena oaxaqueña de cabellera abundante que recibe una calurosa ovación cuando interpreta “Xquenda”. 
Tres horas han pasado y la celebración termina de la mejor manera: los participantes se reúnen en el escenario para unir sus manos. El entusiasmo predomina, tanto que una de las maoríes toma el micrófono e improvisa un pícaro baile en el que todos participan, hasta los espectadores. Las diferencias culturales se hacen a un lado y predomina un solo lenguaje: el de la música. 

Un decenio más 
Cerca de cinco mil poblaciones indígenas habitan en 70 países, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés). Durante siglos, estos grupos han sido marginados y orillados a vivir en la pobreza. Ante esta situación, diversas organizaciones, entre ellas la Organización de las Naciones Unidas (ONU), impulsaron en 1995 la celebración del Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo. La meta principal fue fortalecer la cooperación internacional para solucionar problemas relacionados con derechos humanos, medio ambiente, desarrollo, educación y salud. Sin embargo, diez años no han sido suficientes para pagar la deuda que se tiene con estos pueblos, así que en diciembre de 2004, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Segundo Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, el cual comenzó en enero de 2005. (T.G.D.

Organizadores 
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes 
Dirección General de Cultural Populares e Indígenas de CONACULTA 
Organización de los Estados Americanos 
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO) 
Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) 
Embajada de Canadá 
Embajada de Estados Unidos de Norteamérica 
Embajada de Nueva Zelanda 
Embajada de la República de Nicaragua 
Embajada de la República del Perú 
Embajada de Bolivia 
Fundación Televisa 

Producción 
TAC 



Programa 
México 
Rarámuris 
Procedencia: Chihuahua 
Dueto Rajeli (Clorinda Chávez y Cristina Rayo Bernal) 
Guitarra: Martín Chávez Ramírez 

Perú 
Quechuas 
Procedencia: Lima 
Zuly Azurin Castillo, Wilmer Javier Sarria y Julio Humala 



Nicaragua 
Miskitos 
Procedencia: Costa Atlántica y Selva lluviosa nicaragüense 
Valeria Manuel Pichts 

INTERMEDIO 

Canadá 
Inuits 
Procedencia: Nunavut 
Sylvia Cloutier, Celina Kalluk 



Bolivia 
Aymarás 
Procedencia: Ayllus Nortpotosino 
Cornelia Veramendi Mamani, Rubén Porco Herrera, Nayra Porco Veramandi, Andrés García Heredia 

Hawai/ Estados Unidos de América 
Hawaianos 
Procedencia: Hawai 
Nalani Kanaka’ole (Kumu) ,Ulumauahi Kealiikanakaoleohaililani, Kehauwealani Nelson-Kaula y Kaumakaiwa Kealiikanakaoleohaililani 

Nueva Zelanda 
Maoríes 
Procedencia: Aotearoa 
Hinewirangi Kohu-Morgan, Mizpah Mere-Anewa Kohu, Leah Marie Naumai Ratana y Metua Misty Strickland 

México 
Zapotecas 
Procedencia: Oaxaca 
Marta Toledo, Delfino Ordaz, Ricardo Morquechu, Rodrigo Gutiérrez 

Conducción 
Angélica Aragón

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