jueves, 8 de septiembre de 2005

Moneda Dura


8 al 10 de septiembre, 2005 / 504 asistentes / 3 funciones /
 1:30 hrs. de duración / Promotor: ProShow Producciones S.A. de C.V. 

Thelma Gómez Durán

El son y el tumbao no han sido invitados esta noche. Algo poco común cuando los que están en el escenario del Lunario son cubanos. Y es que éstos son jóvenes que sin pudor alguno muestran que lo suyo es el rock pop. 
Aunque no se crea, esta velada es muy cubana. Moneda Dura ha convocado a un público que no puede ocultar su origen; la alegría y desinhibición los delata. Ellos están aquí para apoyar a sus compatriotas que buscan los reflectores con un sonido más cercano al de Maná que al de Buena Vista Social Club. 
El sexteto, que para esta noche es un octeto, al incluir saxofón y trompeta, inaugura la velada con “Callejero”, la mejor muestra de su esencia: pop sencillo que coquetea con el reggae y algunos tintes del merengue. La falta de virtuosismo musical se compensa con la energía de metales, congas, batería y teclados, pero sobre todo con el ánimo de fiesta que le imprime este grupo de La Habana, formado en 1997, y que siete años después comenzó a sonar por acá en pequeños bares y en festivales organizados por estaciones de radio y canales de televisión. 
Hoy es su debut formal en el país; la agrupación no tiene que compartir el escenario; la noche es suya, por eso la disfruta e invita a los asistentes a que bailen y repitan los coros sencillos y pegajosos. La respuesta es inmediata: las sillas se hacen a un lado, los brazos se levantan y se improvisa una coreografía con saltitos, movimientos de cadera y puño hacia arriba. 
Moneda Dura no tiene nada de dureza; al contrario, sus integrantes reparten sonrisas y guiños entre un público mayoritariamente femenino. Se saben atractivos y se muestran orgullosos de ello. Nassiry Lugo, vocalista y fundador, dirige su mirada y su canto hacia una adolescente que explota de emoción sin importarle que su novio se sonroje; el percusionista, Michel Lugo, deja las congas, hace coros, toca el pandero, brinca, sonríe y luce su figura con un pantalón tan ajustado que deja poco a la imaginación; el guitarrista Emigdio Pérez no se quita las gafas oscuras que hacen juego con su pantalón de cuero negro. Los otros integrantes —el baterista Lenin de la Rosa, el tecladista Fernando Lores y el bajista Alfredo López— son más discretos. 
El baile festivo se interrumpe por un momento cuando se anuncia una de las piezas claves de la trova cubana. “Ojalá”, de Silvio Rodríguez, se escucha igual que siempre, sólo que en versión eléctrica. Lo mismo sucede con “Óleo de mujer con sombrero” —del mismo autor— y con “Yo no te pido”, de Pablo Milanés. Los jóvenes rinden tributo a sus tótems musicales y, de paso, se cobijan con la eficaz y manoseada manta de composiciones clásicas cubanas. El efecto se consigue: quienes aún no se unían al coro, ahora activan el casete de la memoria. 
La fiesta regresa con temas en los que hay un poco de rap, otro tanto de rock pop ochenteno e, incluso, pizcas de salsa. Para cerrar: “Lola”, pieza juguetona acerca de un travesti que vive en La Habana; en términos musicales nada tiene que ver con la famosa “Lola” de The Kinks. El público se acerca y casi a los pies de los músicos se organiza el baile. El novio sonrojado no tiene más remedio que bailar, aunque lo hace tímidamente y sin soltar la cintura de su novia, ella no deja de mirar y sonreírle a los cubanos, quienes se despiden y reparten besos entre sus fans. 

Programa 
Callejero 
Sin hablar 
Te duele 
Ojalá 
Quisiera 
Tú no tienes la culpa 
Mulata 
Romerillo 
Óleo de mujer 
El mayor 
Yo no te pido 
Candil de nieve 
Sola 
Equivocada 
Mami, qué te pasa 
Tierra de nadie 
Ni dulce ni salada 
Mucho cuidado 
Yo vengo de La Habana 
Luna llena 
Callejero (reprise) 
Lola
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