sábado, 3 de septiembre de 2005

Jaguares: Cancionero para salir de la confusión



Crónicas de un laberinto / 3 de septiembre, 2005 / 7 886 asistentes / Función única / 


2:30 horas de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V. 

Jesús Quintero 
Saúl Hernández define a quienes atesoran la experiencia de ver en vivo a Jaguares como “aliados guerreros” o “raza”. La verdad, “fieles” es otro vocablo acorde porque han estado allí, atentos al pasado y presente de ese grupo caracterizado por su densidad lírica. Son ellos quienes han llegado al Auditorio Nacional para escuchar Crónicas de un laberinto, quinta entrega en estudio donde se abordan cuestiones sociales y políticas que, a decir de su líder, han puesto a “México en un laberinto sin salida”. 
Grabado en septiembre y octubre de 2004, el disco fue presentado en junio de éste en Ciudad Juárez, Chihuahua, para denunciar in situ los feminicidios que han puesto a esa urbe en el mapa de la ignominia. Ese mismo espíritu anima los primeros minutos del concierto, cuando al amparo de “Está muy claro”, las pantallas gigantes exhiben imágenes sobre las desigualdades sociales. La rechifla que inspiran ciertas figuras del poder se mezcla con los aullidos provocados por la aparición de Saúl Hernández (voz y guitarra), César Vampiro López (guitarra) y Alfonso André (batería), acompañados por Leonardo Muñoz (percusiones) y Marco Rentería (bajo). 
Con una solvencia adquirida con los años de oficio, los músicos revisan el repertorio confeccionado como Jaguares y Caifanes. A pocos meses de su aparición, Crónicas…, con su aura semi-psicodélica, gusta a muchos; el coro colectivo lo confirma, pero los títulos fustigadores de taquicardias a todos —cuarentones nostálgicos y veinteañeros que, precoces, escuchaban El nervio del volcán (1994) y el Pulparindo era entonces lo más pegador que habían probado— son “Mátenme porque me muero” y “La célula que explota”, grabadas cuando el rock en México, sin renunciar a las influencias, buscaba voz propia. Hoy, Jaguares tiene una, pero la respuesta de la gente a ese material parece señalar: las canciones actuales están bien, pero sus verdaderos clásicos los forjaron en los noventa con otro nombre. 
Adentrado en una filosofía sin parangón, Saúl Hernández se ha desprendido del aura mesiánica tan característica hace una década, pero mantiene su gusto por mensajes oscilantes entre la denuncia, la aspiración utópica, el llamado a la conciencia y tenues bocetos de soluciones. Así, mientras recuerda capítulos infames y a personajes políticos, le enfatiza a su gente que aproveche la libertad que tiene, sin señalar si ese derecho es una conquista individual o proviene de un proceso histórico: “Raza, acuérdate del sesenta y ocho, de Díaz Ordaz, de Echeverría, de Salinas de Gortari, de Acteal, de Aguas Blancas… acuérdate que tú tienes alas y eres libre para volar”. Más adelante, en aras de enaltecer el pasado, convierte al concierto en liturgia digna de los danzantes neo-mexicanistas del Centro Histórico: “Este es tu ritual: saca al azteca que llevas dentro, al maya, al lacandón, al huichol, al otomí, al tzotzil… porque tú, raza, cambiarás el universo”. 
Mas esas discrepancias en su decir son lo de menos. En Francia, donde presentaron Crónicas de un laberinto, Jaguares fueron saludados por la prensa local como “los U2 mexicanos por su estilo musical y múltiples compromisos con las causas humanitarias”. Este encuentro sirve entonces para hablar sobre las muertas de Juárez. Hernández invita a sumarse a las causas de Amnistía Internacional. “Raza, hay que unirnos. Hay que romper el estigma de que el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano”. 
En vivo, su reciente grabación es recreada con fidelidad, y si bien se trata de una obra a diez manos, son las contribuciones del Vampiro López las más notables. El aparente final llega muy pronto y es que el encore, con evidente tono de añoranza, tiene una extensión poco usual: diez temas. Saúl apapacha a sus incondicionales: “Si estuviéramos frente al Eterno, le pediríamos resucitar en este momento, junto a ustedes. Gracias, raza”. El ritual se extingue. Sobre el escenario quedan, encendidas, las veladoras que han rodeado al grupo. Una chica se acerca al proscenio y solicita a los encargados de desmontar el foro le obsequien un pabilo. Sale del Auditorio con él aún refulgiendo y cantando en voz muy baja: Antes que muera / déjame amarte en vida / hasta que el sol / se escape con la luna… 

La segunda vez de Adrian Belew 
Crónicas de un laberinto fue producido por Adrian Belew, reconocido guitarrista de King Crimson, quien estuvo detrás de la consola de grabación con Caifanes en la realización de El silencio, en 1992. 
Grabado en la estudio de Belew en Nashville, Tennessee, en octubre de 2004, el disco tiene la huella del también compositor y de sus gustos más pronunciados. En “Bruja caníbal” destacan los flashazos melódicos que remiten a John Lennon y George Harrison en la época de Revolver, con todo y el sonido de una cinta reproducida al revés, mientras que en “Tú me liberas” y “Fenómeno” un coro de guitarras gira sobre percusiones que suenan como INXS, y en “Ya te quemaste”, los cortes abruptos de batería y los acordes disonantes se escuchan —con todas las distancias del caso— al King Crimson de la época de Discipline, y es que Belew también pulsó y sincronizó su guitarra con las de Saúl Hernández y César El Vampiro López, y la batería de Alfonso André, de manera que no abundan los solos pero sí una pared de 18 cuerdas y percusiones que le da a los 14 temas una textura distinta. 
Tras haber empezado su carrera en las grandes ligas con una racha que lo llevó de Frank Zappa a David Bowie, y luego a Talking Heads y King Crimson, Belew es muy solicitado en los estudios de grabación como guitarrista (su nómina de colaboraciones incluye a Joan Armatrading, Béla Fleck & The Flecktones, Joe Cocker, Crash Test Dummies, Jars of Clay, Cindy Lauper, Nine Inch Nails, Robert Palmer, Mike Oldfield y Paul Simon). Como productor sus intervenciones son también abundantes, además de los discos para grupos liderados por Saúl Hernández, y Símbolos (1994) para Santa Sabina, están también trabajos para The Raisins (The Raisins, 1983), The Elvis Brothers (Adventure Time, 1985), Jars Of Clay (Jars Of Clay, 1995), The Irresponsibles (Backwards Boy, 1997, y When Pigs Fly, 1999), Rick Altizer (Blue Plate Special, 1998) y Kevin Max (Stereotype Be, 2001). Acerca de esta faceta, Belew ha dicho: “Disfruto mucho estar en el papel de productor, me siento muy natural detrás de la consola. Producir un proyecto externo, de alguien a quien realmente no conozco, es algo que me emociona mucho”. (J.Q.)

Programa 
Bruja caníbal 
La forma 
Mátenme porque me muero 
Fin 
Todo te da igual 
Tú me liberas 
Las ratas no tienen alas 
Fenómeno 
Parpadea 
Derrítete 
Hay amores que matan 
La vida no es eterna 
Madera 
La célula que explota 
Y me evaporo 
Y si 
Miedo 
Ahí aprendí 
Cuando la sangre galopa 
Mejor será 
Ya te quemaste 
Miércoles de ceniza 
No dejes que… 
Dime jaguar 
Los dioses ocultos 
Te lo pido por favor 
Nubes 
Detrás de los cerros 
Afuera

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