jueves, 29 de septiembre de 2005

Dead Can Dance: De opuestos está hecha la vida…


29 de septiembre, 2005 / 9 425 asistentes / Función única /
 2 hrs. de duración / Promotor: Eclectic, S. de R.L. de C.V. 

David Cortés 
La música es pletórica en contrastes y sólo a pocos les corresponde manejar en forma diestra la oposición entre el bien y el mal, luz y sombras, tristeza y alegría, cielo y tierra. Uno de esos visionarios es Dead Can Dance, dupla que lleva en su nombre la antítesis, la pulsión de la vida en el silencio de la muerte. 
El cuarteto original devino en dúo cuando Lisa Gerrard y Brendan Perry emigraron a Inglaterra. A su sonido —denso, melancólico— se le etiquetó como gótico y al firmar con 4AD, sello independiente que en los ochenta se caracterizó por dar cabida a propuestas etéreas, sofisticadas y elegantes, alejadas de la moda imperante, su status de banda oscura se refrendó. Dead Can Dance, sin embargo, nunca fue una entidad dispuesta a ser encasillada. Si en sus comienzos alimentó sueños con una instrumentación mínima, reminiscente de canciones medievales, en 1996 sus travesías lo llevaron a explorar, con buenos resultados, la música de Europa del Este, Medio Oriente, África y América Latina, en un acercamiento honesto, y no con la óptica del colonizador sonoro que degrada la fuente original para convertirla en pastiche. 
En 1998, Gerrard y Perry se distanciaron cuando su carrera todavía era promisoria, pero en 2005 dejaron a un lado sus diferencias para embarcarse en una gira —sin nuevo disco de por medio— con la que llegaron al Auditorio Nacional. No obstante, hay sonidos a prueba del tiempo y los de la dupla pertenecen a dicha estirpe. 
Lisa Gerrard apareció ataviada con un elegante vestido y una túnica amarilla que hacía juego con su blonda cabellera peinada con una trenza: majestuosa vestal que realzaba la sobriedad del escenario. Perry lució jeans y camisa oscura; imagen campirana más ajustada a su vida real. Ella, etérea, inalcanzable; él, mundano, terrestre. La noche se dividió en dos y la lucha fue continua, pero los devotos de la banda —fieles, conocedores, atentos— la disfrutaron por igual, accediendo sin reticencia alguna a ser transportados a donde la música los guiara. 
Apoyados en una banda avezada en el manejo de múltiples percusiones y un par de tecladistas capaces de emular el sonido de una orquesta, Gerrard y Perry se enzarzaron en una contienda sutil. Cada vez que ella se apoderaba del micrófono y cantaba a cappella, o apenas era sostenida por una tenue alfombra de notas, el tiempo se detenía, la audiencia se petrificaba y la expectación era palpable, tanto que luego de uno de esos periodos de ensoñación, Perry bromeó y pidió a los fans guardar silencio, en uno de los contados chispazos de interacción con el público. 
Al tomar él su guitarra acústica, el regreso a la tierra era inminente; con sus canciones describía imágenes de la campiña irlandesa donde radica y el espíritu folk afloraba sin contenciones; cuando el grupo en pleno explotaba, el momento se convertía en fiesta. En esos instantes, el arsenal de percusiones, además de atractivo a la vista, adquiría sentido, pues si un rasgo, entre otros, define a la música de Dead Can Dance, es su capacidad para matizar, para dotar al más pequeño adminículo instrumental de un rol determinante en el todo. 
Y ese despliegue de instrumentos exóticos —hurdy gurdy, bouzouki, yang ch’in—, combinado con la dotación clásica de un grupo de rock —bajo, guitarra, batería— propició un viaje en el tiempo, pues muchos de los sonidos guiñaron un ojo al pasado sin por eso merecer el calificativo de retro; fue abrevar de fuentes primitivas que, mezcladas con las vivencias de la dupla en el siglo pasado, dieron como resultado una música que bien podría catalogarse como del mundo, pero que revestida de singularidad, de su impronta personal, se convirtió en una alquimia de rock, folclor, clásico, gótico y renacentista. 
No habrá más Dead Can Dance en el futuro. La gira mostró la incompatibilidad entre Gerrard y Perry, el ahondamiento de una brecha. Por eso el concierto se volvió más significativo, pues conforme transcurrió, el distanciamiento entre ellos era más evidente, aunque no lo suficiente para mellar la calidad de sus interpretaciones. Los muertos que pueden bailar se han vuelto un imposible; en vida forjaron una personalidad distintiva, finalmente disueltos podemos montarles un nicho en el panteón sonoro de los inmortales. 

Cronología 
1981 En Melbourne, Australia, Perry forma Dead Can Dance con Simon Monroe, Paul Erikson y Lisa Gerrard. 
1982 Perry y Gerrard se trasladan a Londres. Comienzan un tránsito por diferentes compañías discográficas hasta llegar a 4AD. 
1983 En noviembre, DCD aparece en el programa radiofónico del DJ británico John Peel. 
1984 Dead Can Dance, su debut discográfico, está conformado por canciones grabadas en años previos. Aparece el EP Garden of the Arcane Delights. 
1985 Spleen and Ideal llega al número dos de las listas independientes en Inglaterra. 
1986 “Frontier” y “The Protagonist” se integran a la compilación Lonely is an Eyesore. En Within the Realm of a Dying Sun, su tercera producción, Gerrard y Perry dividen el trabajo. Se alternan la voz líder en cada cara del vinilo. 
1988 Además de The Serpent’s Egg, la dupla entrega la banda sonora de El niño de la luna, filme de Agustín Villalonga, donde Lisa Gerrard debuta como actriz. 
1990 Con Aion, su quinta producción, llega su primera gira por Estados Unidos. 
1991 A Passage in Time es recopilación con dos nuevas canciones. 
1993 Into the Labyrinth comienza a circular y llega al Top 50 en EUA gracias a la transmisión radial de “Ubiquitous Mr. Love Grove”. Colabora en el soundtrack de la película Baraka y en Sahara Blue de Hector Zazou, disco del que existen dos ediciones, pero Dead Can Dance sólo aparece en una de ellas. 
1994 Un álbum en vivo y un documental, ambos con el título de Toward the Within. 
1995 Perry trabaja en su proyecto solista; Lisa Gerrard presenta The Mirror Pool. 
1996 Spiritchaser es la última grabación en estudio. El dueto realiza una gira internacional. Por primera vez se presenta en el Teatro Metropólitan, en la ciudad de México. 
1998 Dead Can Dance anuncia su separación. 
2000 Brendan Perry lanza su primer álbum solista: Eye of the Hunter. 
2001 Se edita 1981-1998, caja que resume su trayectoria; dos años después comienza a circular una versión económica titulada Wake. 
2005 Brendan Perry y Lisa Gerrard se reúnen para realizar una gira mundial como Dead Can Dance, que llega al Auditorio Nacional. 

Programa 
Nierika 
Saffron 
The Color of Compassion 
Ubiquitous Mr. Love Grove 
The Love that Cannot Be 
The Lotus Eaters 
Crescent 
Minus Sanctus 
Saltarello 
The Wind that Shakes the Barley 
How Fortunate the Man with None 
Dreams Made Flesh 
I Can See Now 
American Dreaming 
Sanvean 
Rakim 
Black Sun 
Salem’s Lot Aria 
Yulunga 
Severance 
Hymn for the Fallen 
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