sábado, 13 de agosto de 2005

Roberto Aymes


Jazz en tres tiempos: Jobim After Hours / Jazzones y Danzones / Tino Contreras, Leyenda Viviente del Jazz en México
13, 20 y 27 de agosto, 2005 / 556 asistentes / Tres funciones / 2:30 horas de duración / Promotor: FUAAN / Roberto Aymes

David Cortés
Ataviados formalmente, Jaime Reyes (piano), Salvador Merchand (batería), Rodolfo Popo Sánchez (saxofones y flauta), y Roberto Aymes (contrabajo) suben al escenario y tras unas notas de calentamiento, acometen “Chega de Saudade”, una bossa nova que marca la tónica de la noche: sensualidad, erotismo y calor a raudales. El pretexto de la reunión es rendir tributo a la música de Antonio Carlos Jobim (1927-1994) y el público, en su mayoría de clase media y media alta, ha respondido a la convocatoria, aunque muchos rostros muestran que están allí circunstancialmente.
El cuarteto se muestra asentado con “Inutil Paisagem”, balada que en su parte media acelera el tempo para volverse más dinámica. Técnicamente el desempeño de los músicos es irreprochable y raya en virtuosismo; su experiencia —más de cien años de trayectorias artísticas reunidas sobre el escenario— aflora en cada interpretación. Las “versiones libres”, como las llama Aymes, además de hacer justicia al autor brasileño, permiten entregar una emotiva versión de “Insensatez”, una desbossainada “Ola de mar”, melifluos instantes cuando Sánchez pasa a la flauta en “Triste” e imprime festividad al tema.
Después del intermedio y más relajados en su indumentaria, llega “Desafinado”, donde Popo Sánchez brilla con emotivo solo. Este segundo capítulo atiende a un repertorio más propicio a la intimidad y en “Los años dorados” se deslizan pizcas de bolero; en “Look to the Sky”, Aymes se apropia de la melodía y la cachondea, mientras en “Dindi”, con matices románticos y dramáticos, el piano de Reyes se roba el tema.
Osados se vuelven al interpretar “Garota de Ipanema” y entregar el retrato de una hermosa y sensual mujer que seduce con la gracilidad de sus movimientos. Ya con el terreno preparado, “Favela” es el marco idóneo para otra demostración rítmica de Merchand. Y aunque en el encore algunos claman por “Aguas de marzo”, llega “Someone to Light Up my Life” y se introducen motivos de huapango, preparando a la concurrencia para las fusiones sonoras de la siguiente sesión.

Programa
Chega de saudade
Inutil paisagem
Retrato em branco e preto
Insensatez
Ola de mar
Triste
Desafinado
Look to the Sky
Anos dourados
Dindi
Brigas nunca mais
Garota de Impanema
Favela


****

Una semana después, el Lunario recibe nuevamente a Roberto Aymes y a Jaime Reyes, acompañados ahora por David González Chatrán (percusiones del mundo) y Eliud Columba (percusiones latinas) en un programa titulado Jazzones y Danzones, atestiguado por menos público —aunque más fiel— y que es recibido con profusión rítmica en una candente versión de “Son de la loma”.
Es una noche de versiones libres basadas en los arreglos de Jaime Reyes, quien aprovecha las cadencias de “Almendra” para combinar el piano acústico y el eléctrico, y dialogar con Aymes, que no escatima swing al momento de su solo. La temperatura asciende con esta conversación a tres voces negras: el jazz, el son y el danzón. Aymes toma el arco, rasga el contrabajo, despliega su primer solo de la velada e introduce “Lágrimas negras”, donde Chatrán y Columba se lucen con el cajón peruano y los bongos. “Bilongo ‘La Negra Tomasa’” es bañado por extensos solos que añaden poco a la pieza original y dejan la mesa puesta para el intermedio.
Con una versión “súper-libre” de “Chan chan”, que incluye una paráfrasis de Bach al piano, Reyes y Aymes se dan vuelo, pero su engolosamiento decrece para dar paso a la mesura en un popurrí de Francisco Gabilondo Soler titulado “Los negritos de Cri Cri”, con en un arreglo donde, ahora sí, brilla la música con esplendor.
Con los percusionistas ya sumados, Aymes señala que en “El cadete constitucional” hay “un solo de silbato para el cual Jaime Reyes se ha preparado toda la vida”, momento cuya fugacidad es premiada con una sonora ovación. En el cierre, los chistes se arrinconan para dejar hablar a la música y en “El manicero”, “Nereidas” y “La Comparsa”, el cuarteto demuestra que cuando lo desea es capaz de llevar la música a otras fronteras.

Programa
Son de la loma
Almendra
Lágrimas negras
La Mora
Bilongo “La Negra Tomasa”
Chan chan
Los negritos de Cri Cri: “Cucurumbé” y “Negrito Sandía”.
El cadete constitucional
El manisero
Nereidas
La comparsa


****

No son muchas las leyendas de las cuales pueda jactarse el jazz mexicano, pero si alguien merece tal calificativo es Tino Contreras. Hoy, los asistentes han venido a tributar homenaje al baterista que, acompañado por Jaime Reyes (piano) y Roberto Aymes (contrabajo), se adentra en un viaje por el jazz, su territorio natural y al cual le ha dedicado sus cincuenta y un años de vida profesional.
Poseedor de un gran carisma y envidiable vitalidad, Tino Contreras —ganador de un Emmy en 1997 y un premio Bravo en 1999 por su difusión del jazz, y a quien el gobierno de Chihuahua, su estado natal, le rindió un homenaje en el Primer Festival Internacional de la Cultura— es una profusa máquina de ritmos, pero también un amante del swing, cualidades asentadas en una discografía que rebasa los cuarenta títulos.
Es una noche pródiga en seductoras dosis de be bop que invitan al público a la placidez y le recuerda que entre el Frank Sinatra de “My Way” y The Beatles de “Yesterday” —temas que Contreras funde, une y canta con emotividad— no hay antagonismos. Estándares como “Cherokee”, “Misty”, “I Left My Heart in San Francisco” y “The Shadow of your Smile” son enfocados desde otros ángulos; composiciones propias como “La dona corleada”, “Naboró” y “Tamara” son ofrecidas con pulcritud, y si bien los momentos de brillo son resultado de la suma de las partes, el aura que emana de Contreras, su longevidad, simpatía y técnica, lo convierten en la estrella.
Son pocos los momentos de comunicación con el público y el más hilarante ocurre antes de “Betsabé Jazz Fantasía”, cuando el baterista, en una personificación que remite al “harbano Jalil” de Joaquín Pardavé, cuenta cómo llegó a Francia, Grecia y Turquía, y sin saber los idiomas locales se dio a entender ante el público. Con “Take Five”, clásica de Paul Desmond, Contreras alcanza la catarsis y nadie escatima aplausos para el creador del “jazz mariachi”, esa fusión entre el la música sincopada y la mexicana que no encontró continuadores. Al final, la impresión es inequívoca: si el jazz mexicano goza de buena salud se debe a la fortaleza de cimientos como los de Tino Contreras, músico que a los ochenta años aún vive con la misma intensidad de sus inicios. 

Programa
Naboró
Hombre profundo
How High the Moon
Monica
My Way
Yesterday
I Left my Heart in San Francisco
Blues en 7/4
Dona corleada
Cherokee
Misty
Tamara
Fly Me to the Moon
Hard Rock
Betsabé Jazz Fantasía
Take five
The Shadow of Your Smile
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